Cartografía Mundialista
La obstinación de la belleza
Argentina llegaba con dudas, con varios lesionados y con un Messi en pausa, más como un amuleto que como el actor principal de la noche. Pero las leyendas tienen una extraña manera de elegir sus momentos
“Me tocó enfrentar a grandes jugadores a lo largo de mi carrera, pero esta noche fue diferente. Esta noche se sintió como si la historia del fútbol se hubiera detenido durante noventa minutos para recordarle al mundo exactamente quién es Lionel Messi.”, esas fueron las expresiones post partido de Vladimir Petkovic, director técnico de Argelia; sí, del rival de Argentina.
Prefirió la hidalguía y el reconocimiento absoluto antes que la envidia, el rencor sin sentido y la amargura. Yo entiendo perfectamente que el fútbol genera ídolos, héroes, antihéroes, villanos y "haters"; pero lo que no comprendo es la negación ante lo imposible de negar.
Messi no solo ha sido elegancia, coherencia, magia, baile, la demolición de fronteras estadísticas, la acumulación de hazañas, la leyenda de lo extraordinario; sino la personificación de un tipo que se ha divertido jugando al fútbol...y nada más. Lo otro busca grietas, sombras, fantasmas inverosímiles, la mancha en el marco, la comparación inexacta, la resistencia ante el encanto ajeno.
Y por eso resultó tan simbólico lo de ayer. Argentina llegaba con dudas, con varios lesionados y con un Messi en pausa, más como un amuleto que como el actor principal de la noche. Pero las leyendas tienen una extraña manera de elegir sus momentos.
Cuando el partido lo necesitó, frotó la lámpara; con esa naturalidad que solo poseen los genios. Entonces el encuentro dejó de ser un trámite mundialista para convertirse en otra página de una historia que parece escrita contra toda lógica; porque mientras algunos siguen buscando explicaciones para disminuirlo, Messi continúa respondiendo de la única forma que conoce: jugando.








