Cartografía Mundialista
La vida que pasa en los mundiales
El mundo tiene un nuevo campeón y la pausa terminó. Tanto y tan poco para los amantes del fútbol -y los que no lo son tanto- en estos 39 días. Hubo un justo campeón al final de este torneo que marca el cierre de una era. La entrada de Madonna junto a Ronaldo y Ronaldinho en el show del entretiempo de la final -que es un tema aparte- para luego dar paso a BTS, Justin Bieber y Shakira, demostró que este deporte une generaciones en torno a una pasión, pero con distintos sentimientos. En este intercambio epistolar lo fuimos constatando, especialmente los que aún recordamos al Brasil del penta.
Y entre todo lo que nos deja este Mundial en tres países, España sumó un nuevo título y en el “club de los ocho” ahora las copas se suman de a dos, tres, cuatro y cinco. Fue el torneo en el que dijimos adiós a un grupo de jugadores encabezados por Luka Modric, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, y confirmamos que la nueva etapa tiene a Kylian Mbappé, Erling Haaland, Jude Bellingham y Lamine Yamal, entre otros, como sus nuevas estrellas.
Ciento cuatro partidos después y cuando empieza la dura espera de cuatro años, hemos sumado muchas historias. Pocos olvidarán a Vozinha, que - como dijo ya alguno en este grupo - debió ser el mejor arquero si lo que definiera el premio fuera la cantidad de goles que evitó; aunque no recibió el reconocimiento, se ganó por derecho propio un lugar entre los personajes de 2026. También lo hicieron los vikingos que llegaron de Noruega, en un torneo de muchos goleadores, pero que también demostró que los arqueros tienen mucho que decir en este deporte.
La tecnología nos puso al borde del colapso y nos quitó la alegría de celebrar algunos goles que debieron quedar para registrarlos entre los mejores, como el de Cristiano Ronaldo o el de Luis Díaz por esa imperceptible posición adelantada, o el de Croacia frente a Portugal que rozó el pelo del jugador croata. Y esas faltas que se cobraron cuando en el pasado ni siquiera hubieran alcanzado a ser polémica.
Este Mundial, más allá del resultado y los 104 partidos -de los que vi menos de los que hubiese querido-, lo disfruté de una manera diferente. Volví a escribir gracias a este grupo al que llegué gracias a Alfonso y en el que -junto a Jesús, Rafael, Mariana, Marcelo y Pablo- fuimos recordando y aprendiendo. Qué capos son para encontrar esos pasajes que confirman, una vez más, eso que parece tan trillado y que refleja que el fútbol es como la vida misma.
Comencé a escribir sobre la vida que pasa entre los mundiales para seguir con la geografía futbolera que construyó mi hijo cuando apenas rondaba los cuatro años. Hoy, veinte años después, han cambiado muchas cosas, pero la pasión y la suma de datos y anécdotas se acelera. Como lo dije en algún momento, aunque Bruno y Diego hayan engrosado las filas de los que apoyaron sin condiciones a Lionel Messi - apoyados por su abuelo - y vieron sin mayor trascendencia la despedida temprana de Brasil, mientras yo sufría y seguía defendiendo mi admiración a Cristiano Ronaldo (como me exigió escribir el editor), lo más bonito del fútbol sigue ahí.
Odiamos la pausa de hidratación, las imágenes de los famosos mientras en la cancha estaba lo importante, la “invasión” de la tecnología y la extinción del diario de mañana. Pero hoy, gracias a mi tribu futbolera, me despido del Mundial con más datos, con nuevos jugadores para seguir en alguna liga lejana y mucho más.
Y al finalizar, también celebro algo y no quiero que suene a reivindicación. Hoy la pasión es de todos, grandes y chicos, mujeres y hombres. Porque lo que cada vez parece más normal, no lo era hace algunos años, cuando una mujer que sabía de fútbol era un bicho raro, por decirlo suavemente.
Hoy están las periodistas cuya opinión es valorada y otras se sumaron a los relatos (especialmente más allá de nuestras fronteras), mientras dos árbitras dirigieron partidos sin más trascendencia que su desempeño en la cancha.
Hace 11 años, tras una final de Champions en la que acerté el empate y luego la definición a penales entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, un periodista deportivo me preguntó por qué sabía de fútbol. Y la verdad, eso nunca fue un tema para mí. Simplemente porque desde pequeña fue una de mis pasiones y en el camino se hizo parte de mi vida. Tan natural como la respuesta que dio mi hijo hace unos días cuando alguien le hizo la misma pregunta y simplemente dijo: “No sé, quizás porque a mi mamá le gusta”.
Este Mundial nos dio la oportunidad de compartir esa pasión, aunque estuviéramos en barras diferentes. Quizás por eso, después de 104 partidos, nervios y gritos, lo mejor de estos días se resume en esa respuesta. Y ahora, a volver a la normalidad, para seguir sumando eso que pasa entre los mundiales: la vida.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
De momento se han sumado Karina Vargas, Mariana Ruíz, Marcelo Suárez y Pablo Carbone ¿Quieres sumarte? Escríbenos a [email protected]





