Cartografía Mundialista
El mito de la bandera única y el Mundial plurinacional
¿Qué hace la Reina Máxima de Países Bajos celebrando en el vestuario de Curazao? ¿Qué hay en común entre Luca Zidane y Julián Quiñones? ¿Por qué los hinchas japoneses bailan cumbia en Monterrey?
¿Qué hace la Reina Máxima de Países Bajos celebrando en el vestuario de Curazao? ¿Qué hay en común entre Luca Zidane y Julián Quiñones? ¿Por qué los hinchas japoneses bailan cumbia en Monterrey?
Tal vez, en otro momento, estas escenas hubieran resultado más extrañas, más no en este Mundial de Norteamérica, que en cada jornada confirma que ya no es un enfrentamiento entre bloques cerrados sino un festival de la globalización en el que la plurinacionalidad, respaldada por la historia del fútbol, es el verdadero motor del juego.
Las respuestas más lógicas están cerca a esa unidad real y no marketinera que genera la mayor cita futbolística entre la gente de distintos países. La realidad nos supera.
Una reina muy particular
Curazao, selección debutante del torneo, hizo historia el sábado al conseguir su primer punto tras su empate a cero ante Ecuador.
La euforia fue total dentro y fuera del campo, y quienes no se quisieron perder la fiesta fueron los Reyes de Países Bajos, Guillermo y Máxima, que acudieron junto a su hija Ariane a saludar a los jugadores de la selección dirigida por Dick Advocaat.
Máxima Zorreguieta nació en Buenos Aires en 1971. Se casó con Guillermo Alejandro en 2002 y es reina consorte de los Países Bajos desde 2013. Es la primera monarca nacida fuera de Europa en la historia holandesa. Mantiene fuerte vínculo con Argentina, pero su rol institucional es 100% holandés.
Curazao no es una colonia. Desde 2010 es un país constituyente del Reino de los Países Bajos, que tiene cuatro países: Países Bajos, Aruba, Curazao y Sint Maarten. Comparten el mismo rey, defensa y política exterior, pero cada país tiene su propio gobierno, primer ministro y selección de fútbol.
Por eso Curazao tiene selección propia y pudo clasificar al Mundial 2026, igual que pasó con Trinidad y Tobago en 2006.
Curazao es parte del reino y el apoyo de Máxima es un deber constitucional, además de una política de unidad. Desde que se disolvieron las Antillas Neerlandesas en 2010, La Haya y Willemstad han tenido roces por deuda y autonomía. Que la Casa Real apoye públicamente a Curazao refuerza que el país es parte legítima del Reino.
Y Máxima no puede ocultar su astilla argentina, desde el momento en que se deja llevar por la pasión futbolera, esa que corre de forma muy singular en la sangre de todo rioplatense.
El espejo de la historia
Hace años que los mundiales dejaron de ser un torneo entre naciones monolíticas para convertirse en el reflejo más fiel de un planeta interconectado. La idea romántica de once futbolistas nacidos, criados y formados bajo una misma e inalterable identidad cultural hoy es un mito nostálgico que choca con la realidad de las actuales selecciones.
La globalización, las complejidades de la historia colonial y las constantes actualizaciones reglamentarias de la FIFA han transformado a las selecciones en verdaderos combinados plurinacionales.
El caso de Francia es, quizás, el espejo más nítido de esta transformación. Si recordamos la famosa selección francesa de México 1986, la de Michel Platiní, nos encontramos con un plantel conformado en su totalidad por futbolistas de origen europeo. Sin embargo, apenas doce años después, la Francia que se coronó campeona del mundo en 1998 rompió el molde con un equipo multicultural, compuesto en gran parte por jugadores de origen africano o descendientes directos de las antiguas colonias.
Aquel hito de 1998 tuvo como máxima gloria a Zinedine Zidane, hijo de inmigrantes argelinos. Hoy, casi tres décadas después, el ciclo de la identidad muestra una nueva e interesante faceta a través de Luca Zidane, el hijo de Zinedine, que optó por realizar el camino inverso bajo el amparo de las normativas de la FIFA. El joven arquero eligió representar a la selección de Argelia, la tierra de sus raíces familiares.
Este fenómeno no es exclusivo de los franceses. Países Bajos vivió un proceso similar décadas atrás, cuando la mítica Naranja Mecánica, que deslumbró al mundo en la Eurocopa 1988, aportó figuras extraordinarias, como Ruud Gullit o Frank Rijkaard, ambos con raíces directas en Surinam, la antigua colonia neerlandesa en Sudamérica.
Y el Mundial actual expuso desde su primera fecha este cambio. El partido inaugural en el Estadio Azteca dejó una postal histórica con el primer gol, que estuvo a cargo de Julián Quiñones, un delantero nacido y formado en Colombia, que hoy defiende los colores de su país de adopción, México.
En la otra acera del planeta, la selección de Japón, un país históricamente asociado a la homogeneidad cultural, confía su arco a Zion Suzuki, un joven guardameta de piel morena nacido en Estados Unidos, de padre ghanés y madre japonesa, que optó por representar a la tierra del sol naciente en esta cita internacional.
Cumbia y sushi
A propósito de japoneses, la fiebre mundialista dejó una postal curiosa durante la previa del duelo entre Japón y Túnez por el Grupo F, partido que se jugó en Monterrey. En un video en redes sociales se puede apreciar a los fanáticos asiáticos junto a un conjunto de músicos mexicanos bailando y cantando al ritmo de la canción de cumbia La Zorra, de la banda La Repandilla.
El hincha japonés se ha hecho famoso en los últimos mundiales por limpiar los estadios y por meterse de lleno en la cultura local. En Brasil 2014 ya bailaban samba. En Qatar 2022, se aprendieron cánticos árabes. En 2026 les tocó cumbia.
Y eso es algo que a México como anfitrión cultural le viene muy bien, porque lo usa para exportar identidad. La FIFA vende el Mundial como 'el mundo unido', pero casi siempre es marketing. Cuando pasa de verdad (sin marca detrás), la gente lo nota. Que japoneses bailen cumbia es power mexicano funcionando. Es el México hospitalario ganando más que cualquier gol, ni a Molotov se le hubiera ocurrido en estos tiempos.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
De momento se han sumado Karina Vargas, Mariana Ruíz, Marcelo Suárez y Pablo Carbone ¿Quieres sumarte? Escríbenos a [email protected]








