San Roque: el día en que Tarija celebra a sus fieles compañeros de cuatro patas
Entre collares de tela, cintas de colores y mucho cariño, los perros se convierten en protagonistas de una de las tradiciones más singulares de la Fiesta Grande de Tarija. Cada 16 de agosto, sus dueños los agasajan en honor a San Roque, el santo que la tradición representa acompañado por un perro.
En Tarija, la Fiesta Grande de San Roque también tiene cuatro patas. Cada 16 de agosto, mientras la ciudad se prepara para vivir una de sus celebraciones religiosas y culturales más importantes, cientos de perros reciben un homenaje especial: sus dueños les colocan coloridos collares y cintas como muestra de cariño y devoción.
La costumbre se mantiene desde hace décadas y se ha convertido en una de las estampas más particulares de esta festividad. En los alrededores de la iglesia de San Roque suelen aparecer puestos donde se ofrecen los tradicionales collares elaborados a mano, muchos de ellos confeccionados con retazos de tela y adornados con distintos colores y detalles.
No se trata solamente de un accesorio. Para muchas familias tarijeñas, colocar un collar nuevo a su mascota es parte del ritual de San Roque y una manera de reconocer el lugar que estos animales ocupan dentro del hogar.
La tradición tiene su origen en la propia historia del santo. Según el relato popular, San Roque, luego de dedicarse a ayudar a enfermos y contraer la peste, se retiró a un lugar apartado. Allí, un perro habría comenzado a visitarlo y a llevarle alimento. Esta historia explica que en las representaciones del santo aparezca junto a su fiel compañero de cuatro patas.
En Tarija, esa relación entre San Roque y el perro adquirió una expresión propia. Los animales son adornados con cintas y collares de diferentes colores, mientras sus propietarios los llevan a participar de actividades relacionadas con la festividad. Registros históricos y periodísticos muestran que esta costumbre forma parte de la celebración desde hace varias generaciones.
El comercio de los tradicionales collares también se convirtió en una actividad característica de estas fechas. En años anteriores, vendedoras se instalaron en sectores próximos a la iglesia y en calles del centro tarijeño para ofrecer los adornos hechos a mano. Algunos relatos periodísticos registraron incluso a familias que elaboran estos collares año tras año, manteniendo vivo el oficio como parte de la tradición de San Roque.
La celebración, además, ha ido acompañada de concursos y encuentros dedicados a los canes, donde se reconoce desde sus habilidades hasta la forma en que son arreglados. De esta manera, la jornada religiosa se transforma también en un espacio para hablar de afecto, cuidado y respeto hacia los animales.
Más allá de los collares, vestidos o cintas, la fecha deja una imagen característica de Tarija: perros pequeños y grandes caminando junto a sus familias, algunos con sus nuevos adornos, mientras las calles se llenan de los colores propios de la Fiesta Grande.
Así, San Roque no solo recuerda la historia de un santo y su fiel compañero. En Tarija, cada 16 de agosto también es una oportunidad para reconocer a esos animales que, con su compañía cotidiana, se han ganado un lugar especial en la vida de muchas familias.
Entre tradición y afecto, los “fieles amigos” vuelven a tener su día.








