Tres Tristes Críticos
Las mejores películas del año, hasta ahora
El autor comparte "sin ningún orden jerárquico o evaluativo, una lista que, ojalá, sea de utilidad a aquellos que no quieren que el azar del mercadeo o de “lo que está a mano” determine por completo sus consumos cinematográficos"
1. En teoría, ¿cómo funciona la cinefilia? Funciona, en principio, leyendo.
2. Y es que leyendo –noticias, encuestas, crítica– uno se entera de qué hay y qué va a haber. Antes, mantenerse al día requería esfuerzos deliberados y sistemáticos: conseguir revistas especializadas de cine (con frecuencia en otros idiomas) o acceder a los periódicos y publicaciones (de otros lados del mundo) con la información necesaria. Hoy, mucho está a un clic de distancia.
3. Hay, por supuesto, “crítica” y crítica. La primera clase, que solo si somos generosos se puede llamar “crítica”, no es sino una prolongación del marketing y el fandom. Es publicidad disfrazada de opinión, elaborada por encargo directo o indirecto, financiada con dineros que salen de los presupuestos de mercadeo de las grandes producciones.
4. Los presupuestos de promoción del cine comercial global son inmensos. La reciente y exitosa enésima entrega de la saga del Hombre Araña (ahora mismo en cartelera) costó una barbaridad: 225 millones de dólares. Pero esa barbaridad fue igualada por un presupuesto de promoción de otros 225 millones (costo total: 450 millones). Con La Odisea de Christopher Nolan los números son similares: costo de producción, 250 millones; costo de promoción 125. Total: 375 millones de dólares.
5. Cuando hablamos de crítica, entonces, hablamos de algo diferente: no los elogios ni los likes de influencers en X y tampoco los comentarios de youtubers, tiktokeros o –para los mayores de 30– feisbuqueros. La crítica sigue siendo, en cambio, un oficio de opinadores independientes algo protegidos de las abrumadoras mareas del marketing y lo que escriben es producido mayoritariamente para medios “tradicionales”.
6. Y es esa crítica independiente del mercadeo (que penetra cada rincón de las redes sociales) o del simple fandom (que nos ofrece “crítica” de Spiderman escrita por fans poco menos que disfrazados, mientras escriben, de Spiderman) la que nos ayuda a buscar aquello que, tal vez, vale la pena ver. Ya se sabe: la vida es corta y las películas son tantas... ¿Para qué desperdiciar esa vida viendo huevadas?
7. ¿Qué dicen entonces las encuestas, los críticos, los periodistas de cine sobre las mejores películas de 2026, hasta ahora? La lista que sigue es el resultado de un censo de lo que los críticos destacan, en revistas y periódicos (en español, inglés, francés, italiano y alemán) como las mejores películas del 2026, hasta ahora. Hay en ella de todo: documentales, cine arte, horror, comedias, cine para niños, artes marciales, etc. Va entonces, en ningún orden jerárquico o evaluativo, una lista que, ojalá, sea de utilidad a aquellos que no quieren que el azar del mercadeo o de “lo que está a mano” determine por completo sus consumos cinematográficos:
—El sonido al caer (Mascha Schilinski, Alemania). Cuatro mujeres, de distintas épocas (1910, 1940, 1980, 2020) viven la historia desde la misma granja rural. La crítica la ha descrito como “la más ambiciosa película alemana en mucho tiempo” (en un cine tristemente marcado, en el nuevo siglo, por su escasa ambición). Se dice, de diferentes maneras, que ofrece un relato en el que “lo fantasmal no es lo sobrenatural sino la historia misma”.
—Rose (Markus Schleinzer, Austria). Drama histórico sobre el regreso a su pequeño pueblo protestante de un soldado, Rose, ya terminada la Guerra de los 30 años (en 1648). Al volver, el soldado reclama una herencia de tierras y pide la mano de una mujer. Rose es una mujer vestida de hombre, convencida de que “hay mayor libertad en los pantalones”. Protagonizada por la gran actriz alemana Sandra Hüller.
—La única opción (Park Chan-wook, Corea del Sur). Del maestro coreano de la ultraviolencia con aspiraciones artísticas, esta farsa corporativa sigue las maquinaciones de un desempleado que, para conseguir un empleo, opta por eliminar a la competencia. Por la cantidad de películas del mismo tema, es ya posible inferir que el mundo laboral en Corea del Sur es un absoluto infierno.
—La Odisea (Christopher Nolan, Gran Bretaña–EE.UU.). Entretenida y a ratos conmovedora versión del poema de Homero, criticada por sus simplificaciones. Se la ha llamado un “Jason Bourne con espadas de bronce”. Lo que para nada está mal, considerando que la saga del exasesino Bourne es uno de los clásicos contemporáneos del cine de suspenso.
—Resurrección (Bi Gan, China). La premisa de esta película de ciencia ficción es la siguiente: para prolongar la vida, la gente ya no sueña. Pero algunos todavía lo hacen y, al hacerlo, alteran el tiempo. La película recrea seis sueños –correspondientes a los seis sentidos en el pensamiento budista–, cada uno de ellos configurado en un estilo cinematográfico histórico diferente: se propone así una suerte de sucinta historia del cine.
—Patria [o también titulada en México, literalmente, Tierra de mi padre] (Paweł Pawlikowski, Polonia). Es una película de carretera que sigue el viaje de Thomas Mann, el escritor, y de su hija Erika por la Alemania en ruinas de la inmediata postguerra.
—La invitación (Olivia Wilde, EE.UU.). Una pareja en crisis (Seth Rogen y Olivia Wilde) invita a cenar a otra pareja, sus vecinos de edificio (Penélope Cruz y Edward Norton). Comedia de relaciones entre adultos, destacada por las actuaciones de su elenco.
—Paul McCartney: Hombre a la fuga (Morgan Neville, EE.UU.). Documental sobre el periodo inmediatamente posterior a la ruptura de los Beatles, es decir, el de la creación –por McCartney y su esposa, Linda– del grupo Wings.
—Un poeta (Simón Mesa Soto, Colombia). Tragicomedia sobre un cincuentón poeta fracasado, Óscar, que adopta a una aprendiz de poetisa, Yurlady, que ya con ese nombre estereotípico (y de un humor grueso) anuncia su pertenencia a lo que el eufemismo llama pudorosamente un “origen humilde”. Un Karate Kid para poetas, digamos.
—Un don nadie contra Putin (David Borenstein y Pavel Talankin, Dinamarca). Talankin documenta y filma, en buena medida en secreto, su trabajo en un colegio en Karabash, un pequeño pueblo minero cerca de los Montes Urales. Lo que se retrata es un insistente y ambicioso programa de adoctrinamiento patriótico-militar. Ganó el Óscar al mejor documental.
—Los furiosos [The Furious] (Kenji Taginaki, Hong Kong). Dirigida por un ya legendario coreógrafo japonés de las artes marciales, es de esas películas que luego se citan como un ejemplo del desarrollo o avance del subgénero en cuestión.
—Adolescencia, sexo, y muerte en el Campamento Miasma (Jane Schoenbrun, Canadá). Una de terror psicosexual. Una directora joven e insegura es contratada para resucitar una famosa y sangrienta saga, venida a menos, de películas de terror. Lo que sigue es sin duda reglamentariamente “meta” (es decir, autorreflexivo y paródico) y medio chistoso
—Garza azul (Sophy Romvari, Canadá). Drama autobiográfico sobre una familia húngara que emigra al Canadá. Es, como tantas hoy, una “narrativa del trauma” y está contada desde el punto de vista de una niña.
—Elefantes fantasmas (Werner Herzog, EE.UU.). Otro documental del ya octogenario Herzog, en este caso tras las huellas de una manada de elefantes míticos que se esconden en los bosques de Angola. Decir más sería incurrir en spoilers.
—Nuestra tierra (Lucrecia Martel, Argentina). Documental sobre el asesinato del activista indígena Javier Chocobar, acribillado en Tucumán en un violento desalojo de tierras. Este, que es el primer largo documental de la salteña Martel, ha sido descrito con insistencia por la crítica como un relato de “sofisticada indignación”.
—El día de la revelación (Steven Spielberg, EE.UU.). Un ejercicio nostálgico no solo porque regrese a una de las obsesiones de su director –el contacto con extraterrestres–, sino porque rebosa en referencias a la filmografía de ese mismo director, Spielberg. Es mejor que casi todo lo que Hollywood ha ofrecido a la cartelera este año.
—Espejos Núm. 3 (Christian Petzold, Alemania). Delicado psicodrama sobre una pianista que se recupera de un accidente, es también –dicen los críticos– la mejor película del mejor director alemán en ejercicio, Petzold, protagonizada por su recurrente actriz preferida, Paula Beer.
—The Secret Agent (Kleber Mendonça Filho, Brasil). Thriller político, brillante y triste, que sigue las aventuras de un docente e investigador universitario perseguido en 1977, en los últimos años de la larga dictadura brasileña. La actuación de Wagner Moura, que fue nominado al Óscar al mejor actor por este papel en portugués, es memorable.
—La Grazia (Paolo Sorrentino, Italia). Luego de La gran belleza, de 2013, Sorrentino se distrajo en películas desamañadas, caóticas y algo estridentes. Este, en cambio, es un controlado, sobrio y melancólico retrato de un hombre en crisis: el gran actor Toni Servillo interpreta al presidente de Italia durante los últimos meses de su mandato.
—El extranjero (François Ozon, Francia). En este año de adaptaciones de clásicos (La Odisea, Hamlet), Ozon regresa a la novela de Camus. En blanco y negro, intenta crear la “atmósfera” de la novela.
—Romería (Carla Simón, España). Una joven catalana, huérfana, viaja a Galicia a conocer a la familia biológica que no conoce. Por supuesto, hay secretos que revelar. (Simón había dirigido antes la notable Alcarràs, con fotografía de la boliviana Daniela Cajías, que ya había ganado un premio Goya a la mejor fotografía por su trabajo en la película Las niñas).
—El afinador (Daniel Roher, Canadá). Un afinador de pianos que sufre de hiperacusia (extrema sensibilidad al sonido) descubre que tiene un talento excepcional para abrir cajas fuertes. Película de suspenso que se beneficia del mero placer de volver a ver a Dustin Hoffman en la pantalla.








