Crónica política de la semana
De la trompada de Patria y de YPFB al “flotador” de Harvard
Los problemas se acumulan para el gobierno de Rodrigo Paz, que no resuelve el tema del combustible mientras se desmorona el gabinete energético y pierde respaldo político. La ortodoxia liberal exige acelerar y los gobernadores le ofrecen un nuevo enfoque
La semana empezó mal. Muy mal. El descalabro electoral de Patria dejaba retratado al mismísimo presidente Rodrigo Paz Pereira, que se involucró mucho más en la campaña que el proveedor de la sigla, Samuel Doria Medina, que además insiste en marcar distancias a golpe de tuit. El resultado en Tarija tocaba además la fibra más sensible: rechazo de forma y fondo que deja también en la picota a un TSE sentenciado en las ánforas.
El plan era el habitual en estos casos con su particular sello cerimedista: aceptar rapidito, celebrar que la derrota del MAS e invitar a todos a trabajar por el bien del país. Acto seguido cambiar de tema.
El elegido para ello era el Presupuesto General del Estado para 2026, reformulado al cuarto mes del año porque en los dos que les quedaron de la gestión pasada no se logró hacer uno a la medida. Se anunció tipo Netflix: “la espera ha terminado” y música de fondo, pero cuatro diapositivas después, keynesianos y libertarios ya se habían atragantado: déficit del 9% - similar al pasado -, barril de petróleo a 65 – cuando lleva un mes sobre los 100 y no parece que se acabe pronto -, inflación del 15%, destrucción moderada del PIB – 1,39% -, ausencia de un plan para el tipo de cambio y,- ¡tachán! -, prórroga de seis meses para definir qué se hace con las empresas públicas deficitarias.
La prórroga era parte del plan, se trataba de presentar al día siguiente al responsable de esa unidad de análisis y que tirara datos de esos que escandalizan “al común”, pero para entonces Mauricio Ríos García, Gonzalo Chávez, Colque, Doria Medina y otros afamados tiktokers de análisis económico ya habían despedazado el proyecto.
El despliegue de la cortina topó además con el talón de Aquiles, que cuatro meses después de cuidados paliativos fallidos va a necesitar algo más que una cirugía quirúrgica para reconstruirse: la presidenta de Yacimientos renunciaba al cargo 22 días después de ser nombrada firmando una carta minuciosamente redactada en la que dejaba claro que allí había asuntos de fondo que modificar, pero que el gobierno exigía resultados ya.
En 22 días Claudia Cronenbold solo ha tomado una decisión de fondo: revisar los contratos con Trafigura que volvieron a precios similares a los de BoTrading, todo sin explicar qué había pasado. El viernes abrió diligencias el Fiscal General que tal vez lo explique de otro modo.
El Gobierno retrucó, llamó a conferencia y en lugar de nombrar nuevo presidente de YPFB extendió sobre la bandeja la cabeza del ministro de Hidrocarburos, Mauricio Medinaceli, que aguantaba el tipo en la sala con su habitual cara de circunstancias. Su reemplazante fue Marcelo Blanco, un político de tomo y lomo, “entraña de Goni”, que evidencia que aquello de la meritocracia está muy bien en las teorías, pero que los problemas hay que resolverlos.
Al día siguiente Sebastián Daroca, otro tarijeño, asumió la presidencia de YPFB. Mientras tanto el coro celestial tomaba algunas frases deslizadas por Paz Pereira para ir armando narrativa: “refundar” Yacimientos parece en vedad querer decir “privatizar”, sobre todo y al menos, la parte de distribución del combustible, para lo que seguramente ya estén listos aquellos que empezaron a hacer trámites con Luis Arce y ya abrieron surtidores privados en plena campaña.
Ola de protestas
Los cambios en el área energética se pueden describir desde lo político y desde lo social: las filas en los surtidores, tanto por la mala calidad como por la escasez de diésel iban en aumento.
Con la COB agazapada, el Magisterio clamando por sus derechos en La Paz; los mineros por los suyos y la marcha contra la 157 llegando desde Pando sumando sectores la situación se tornaba dramática para una semana marcada en rojo en el calendario.
Al mediodía el ministro Mario Justiniano anunció que paralizaba la reglamentación de esa Ley/Reforma Agraria que permite la recalificación de tierras pequeñas para volverlas embargables, y en la noche Rodrigo Paz planteaba una Ley corta para modificar la “Ley madre” y que convencía a la dirigencia de la CIDOB, por el momento. Era esencialmente otra “entrada en razón”, pero esta vez maquillada para que no pareciera otra derrota. Se sentaron a firmar casi a la medianoche.
Con José Luis Lupo desaparecido y la “Oficina del presidente” buscando un salvavidas, apareció Marcelo Claure con Harvard bajo el brazo. El ponente en realidad era Ricardo Hausmann, pero el financiador del Growth Lab es el empresario boliviano afincado en Estados Unidos hace décadas y que el año pasado quiso emular a Elon Musk irrumpiendo en la escena política nacional, pero sin poner un pie en el país (y según Doria Medina, tampoco plata).
A Claure lo que le interesaba era el programa, y si en 2025 se llevó a muchísimos candidatos e influencers en vuelo privado a escuchar “lo que era bueno” a la universidad “referencia del mundo libre”, esta vez mandó a Hausmann a predicar ortodoxia liberal (no tan libertaria) en La Paz y Santa Cruz. El diagnóstico lleva meses construido, por lo que la novedad esta vez venía con una receta claramente memorizable (levanta esto, privatiza esto, quita esto, recorta esto) y además una disposición táctica concreta para garantizar su “éxito”: acelerar las reformas sin mucho debate ni socialización; asegurar una mayoría parlamentaria que apruebe “a paso de vencedores” todas las reformas y asegurar la narrativa feliz que justifique los cambios. Es literal. “Hagan esto y dejen de joder”, podía haberse llamado la conferencia.
En la sala había suficiente gente con experiencia que podían haber explicado hacia donde conduce esa receta, pero se pusieron de perfil. La palabra en realidad la tienen ahora los dos jefes de las dos bancadas mayoritarias, que lejos de jubilarse, tratan de encontrar su espacio en este tiempo y quien sabe, decir eso de: “era conmigo”.
En cualquier caso y más allá de egos, en las postrimerías de plaza Murillo se reconoce que el asunto “se ha puesto más que peludo” y que la estrategia “todos masistas” no cala. La COB y la CSUCTB esperan el momento adecuado para tocar a rebato y todavía faltan temas sensibles – litio, Justicia, precios, despidos, devaluación, etc., - por enfocar. El “temor” a que el experimento de Paz Pereira fracase en tiempo récord, como el de Jeanine Áñez, puede apretar algunas filas, pero los contextos muy distintos: una peleaba en medio de una pandemia mundial buscando una reelección mientras Paz plantea reformas de fondo que afectarán la vida de millones de bolivianos.
Gobernadores, aire fresco
El ambiente está áspero, y eso que el encuentro con los Gobernadores del viernes logró rebajar los decibles. De hecho fue, quizá, el momento más prometedor de los cinco meses largos de gestión. El presidente Paz, naturalmente hábil para las relaciones sociales, recibió a las nuevas autoridades electas con afecto y cercanía, incluso a un Leonardo Loza con quien compartió muchas comisiones en el Senado y que le extendió los brazos desde el principio del salón hasta la escalinata arrancando carcajadas y destruyendo de nuevo la estrategia de buenos y malos que su operador de cabecera insiste en crear. Quizá se hubiera “jalado del cabello” si hubiera estado allí, pero no estaba.
La juventud y diversidad de los nuevos electos, reunidos en Palacio Quemado, cada cual con su agenda, con ideas nuevas y con compromiso de diálogo; con una visión de país autónoma y sostenible; crearon una atmósfera diferente, como de abrir una transición sincera y no fingida; política y no mediática, que dio cierto respiro al acumulado de rispidez en este túnel sin fin.
Quién sabe si también la percibió Paz Pereira.
Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia.








