Crónica política de la semana
El “parto” de Jaime Paz y el estado "excepcional" de Rodrigo
El gobierno cambia discursos sin una estrategia clara para detener un conflicto desbordado por muchas aristas mientras los nuevos socios y parte del gabinete presionan para poner “mano dura”. Lara se ofrece a mediar
Semana compleja para cronicar, básicamente porque puede pasar cualquier cosa hasta que este texto se imprima. Esencialmente hay media docena de claves que pueden resolver la coyuntura, para un lado o para el otro. Eso sí, el Gobierno necesita un mapa – el de las elecciones de 2025, el de aymaras y quechuas u otro - y estudiar historia contemporánea de Bolivia. Quizá escuchar a Jaime Paz Zamora, que por cierto ayer puso un tuit de 10 palabras, una bandera, dos exclamaciones y tres puntos suspensivos y le dio más sentido narrativo a la acción del gobierno de estos días que lo que sea que sus superconsultores y voceros estén intentando: “¡Estamos en un parto doloroso, la nueva Bolivia está naciendo!”
Paz Zamora, de una u otra forma padre de la criatura, ya fue lapidario aquel 8 de noviembre de la asunción, cuando todo era júbilo: “que cumpla con lo que ha prometido”. En Tarija se entendió clarito.
Recurrir a la figura del “parto doloroso” es sin duda una metáfora más apropiada que las que usan términos bélicos – invasión, batalla, etc., - e invocan sacrificios: en un parto madre y wawa deben sobrevivir. Cuentan que el propio gabinete se estaba dividiendo entre los que apostaban por la mano dura cueste lo que cueste y los que intentaban explicar lo que supondría aquello. Algún parraque le ha debido dar al super consultor Fernando Cerimedo, erigido comandante del bloque, cuando haya visto acudir a la vieja guardia a rescatar a un presidente paralizado ante el decreto del Estado de Excepción que no sabe si firmar (o quizá lo haya hecho esta noche).
Cronología de la semana
El lunes fue de resaca de las malas: los políticos que estuvieron el sábado pasado en Cochabamba se daban cuenta de que no eran toda Bolivia, que el acto se había reducido a un apoyo a las promesas del presidente y que los bloqueos seguían. Los alimentos empiezan a escasear en La Paz y los precios a subir. El Magisterio, siempre dividido en urbanos y rurales, lo deja en evidencia. El exministro Medinaceli declara en la FELCC por la gasolina basura. No lo aprehenden.
El martes el asunto está desbordado. Los grandes agropecuarios dan el visto bueno y se abroga la 1720 como pedían los movilizados de tierras bajas. Se van y no pasa nada. El canciller Aramayo se reúne con la encargada de negocios de Estados Unidos. Las Cooperativas Mineras anuncian movilizaciones. El evismo – que no quiere perder paso por si las moscas - lanza su marcha desde Caracollo a La Paz.
Miércoles de transición. Se anuncian procesos contra Mario Argollo. El Defensor del Pueblo pide encuentro nacional con movilizados. Cerimedo empieza a carajear en X a todo el mundo. Los maestros rurales se atrincheran.
El jueves explota la violencia más extrema. Son los mineros. Los cooperativistas. Ultraliberalismo en vena. Nada que ver con el resto de protestas – de hecho, nunca se supo muy bien qué – pero la dinamita hace estragos. Vieron sangre y fueron a por ello. Circula un decreto que exonera a Ferreco de ciertas obligaciones antiguas con la Caja Nacional de Salud y todo parece que querían lo mismo. De momento no se ha publicado, pero replegaron velas esa misma noche.
También desbordó el conflicto del Magisterio Rural, que tomó el Ministerio tumbando un muro mientras la ministra García seguía atrincherada.
En la noche comparece el vocero José Luis Gálvez estrenando argumentario: la protesta es Evo, Evo es narcotráfico, la protesta es narcotráfico. La Tupac, las 20 provincias y el resto de aymaras movilizados – mucho más cercanos a la prebenda que al expresidente Morales – debieron enojarse. Casi a la misma hora se publica el decreto de 3.000 bolivianos por Policía por el “Bicentenario de la Institución”. Los rumores de Estado de Excepción arrecian y se atrasa la hora de cierre, pero no.
El viernes arranca con la presentación del informe ONU “Democracias bajo presión” que habla justamente de cómo las especialidades de gente como Cerimedo, Putin o el trumpismo en general está contaminando la convivencia. En Bolivia Paz aprovechó para seguir atribuyendo fortaleza a Evo Morales y anunciar su detención, otra vez. Milei mandó en Hércules “ayuda humanitaria”. Los bloqueos siguieron en su sitio y ya nadie esperó el Estado de Excepción, porque era viernes y siempre afloja.
El sábado, sin embargo, de madrugada, Policía y Policía Militar intervinieron abriendo un “corredor humanitario” para permitir el paso de combustibles y alimentos. Hubo conatos de violencia y acabó enardeciendo aun más a los movilizados en El Alto. Además, no se desbloqueó la ruta hasta Oruro, así que todo quedó más o menos igual, pero con gente más enfadada. Eso sí, el manual del vocero ya no fue tan incendiario: respetamos la vida, priorizamos la vida, no hay armamento letal, etc. El parto de Paz Zamora pudo acabar imponiéndose, aunque hay que esperar. La ministra García anunció también acuerdos con el Magisterio: un bono de 2.400 (otro bono) y renegociación de salarios en octubre. Octubre. Ni a propósito. Pero además sembró confusión entre si el acuerdo era con urbanos o rurales. Veremos cómo acaba la semana.
Lo político
El mapa para desactivar las protestas es complejo, sobre todo porque como es evidente, no se trata de una movilización sindical al uso, sino de un rechazo político global a solo seis meses del inicio de la gestión por un motivo que el propio vicepresidente Edmand Lara, repudiado por el ejecutivo, le remarcó en una carta enviada a mitad de semana al presidente: Los movilizados son la gente que les votó, que esencialmente se han dado cuenta no solo de que ya no gobiernan, sino que no están representados de ninguna de las maneras. Parecido a lo de Samuel Doria Medina, pero que, en vez de hacer berrinche en redes, cerca La Paz.
Lara se ha ofrecido de interlocutor, porque todos esos movimientos sociales que formaban el MAS, pero que no eran ni mucho menos un cuerpo homogéneo o disciplinado, no tienen a nadie que los pueda representar a todos, ni lo quieren. Se trata de una amalgama compleja, sensible, orgullosa y gregaria con la que el gobierno de Evo Morales y el de Luis Arce negociaba todos los días para mantener equilibrios y estabilidad. Quizá Lara lo puede hacer, pero solo si el gobierno lo permite.
Y es que el problema de Paz y su asesor es que ni siquiera tiene la retaguardia cubierta. Su giro de 180 grados respecto a las promesas de campaña se dio en apenas una semana, pero quienes no lo votaron tampoco lo respaldan. Samuel Doria Medina pidió un pacto político exclusivo al margen de aquel foro de la semana pasada para expresar su apoyo y parece lo logró el pasado martes, aunque nadie le dio bola. Por su parte Tuto Quiroga mano tendida, siempre exige un poco más, un poco más: más mano dura, más Lara, más medidas, más recortes, mientras parece alistarse para una tercera vuelta con el lema: era con Tuto.








