Crónica política de la semana
Las sospechas de Samuel, los tiempos de Paz y el FMI de Lupo y Gabriel
El socio preferente del gobierno ha elevado el tono al máximo mientras el gobierno trata de articular una mayoría estable en la Asamblea que pueda negociar directamente con Tuto, pese al creciente ambiente de protesta
Hace dos semanas llegó un enviado de Marcelo Claure y su Harvard Glowth a pedir orden. Pedir, no poner, pues el empresario perdió su “ascendencia espiritual” sobre la clase política nacional tras sus desacertados pinitos políticos del año pasado. El enviado repitió el diagnóstico y puso una tarea: hacer reformas ya, y una metodología: hacer un pacto político amplio en la Asamblea para aplicar el rodillo. Salió nones.
En Harvard no contemplan el factor social como determinante - el pobre es pobre porque quiere - y el asesor en jefe de Rodrigo Paz Pereira mira al país por encima del hombro – reforzado por la experiencia de sus contratantes -, pero alguien le sugirió al presidente “socializar” las leyes antes de intentar aprobarlas en la Asamblea, porque luego pasa lo que pasa.
Conjugando la celeridad sugerida por Harvard y la sensata advertencia de que no podía seguir aprobando cosas para tumbarlas después, a alguien le pareció buena idea llevar “a todo el mundo” a Cochabamba a levantar la mano. De ahí salió el encuentro deslavazado de ayer sábado y que – visto lo visto - servirá para decir “todos conocen” y poco más, porque el discurso de cierre fue nomás otro mitin de campaña dividiendo buenos y malos.
Lo cierto es que el Gobierno está atravesando un momento delicado por las movilizaciones sociales y la sensación de desgobierno que la gestión de cada crisis arroja; pero también por sus escasas habilidades para pactar una agenda en la Asamblea. Y no es culpa de Edmand Lara, pateado del tablero a la semana de la posesión.
Cronología
El lunes era lunes, y entre el parate bien y estate quieto se fue el día (como casi todas las semanas), pues además los protagonistas eran alcaldes y gobernadores que tomaban posesión.
El martes el transporte colapsó el país por 24 horas, pero en la Asamblea hubo sesión interpelatoria que el ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, peso pesadísimo del mirismo, superó con votos de Unidad y PDC.
El miércoles tocaba ofensiva: fecha de juicio para Evo Morales; plan Halcón “antisicariato” y acuerdo con el Transporte a quien se le jura de veritas que ya la gasolina está todo bien (el viernes trasciende que Akly está en Estados Unidos). La de cal (o la de arena): acuerdo con la CSUCTB para mandar a la Asamblea una Ley para abrogar la famosa 1720 que llevó a dos centenares de personas a marchar desde el Beni y Pando más de 25 días contra la recalificación de la tierra en artículo embargable.
El jueves la CAO, la ANAPO y el Comité Cívico de Santa Cruz montan en cólera en apoyo a los pequeños productores que ya no podrán recalificar sus tierras y venderlas. En la tarde el ministro y aspirante Gabriel Espinoza anuncia que colocó 1.000 millones de dólares en bonos del Tesoro a cinco años y, agarrate, 9,75% de interés y eso que había “récord de interesados en la puja”, y de yapa, que el FMI pondrá entre 2.600 – 3.000 millones de dólares en tres años.
El viernes el dólar referencial ¡sube! Récord de la serie, ya por encima de 10. Además, Samuel Doria Medina, el socio preferente, lanza otra hondonada de mandobles al ministro de Economía: tarde, caro y mal, en resumidas cuentas.
El fondo de los fondos
Doria Medina y Paz Pereira pactaron una alianza nacional para las departamentales y municipales y les pintaron la cara en todo el país. Era en realidad el primer punto de lo que tenía que ser un acuerdo amplio de gobierno, pero que no se está materializando. La bancada de Unidad es clave para el día a día, aunque no decisiva.
Tuto Quiroga le ofreció mano tendida en la Asamblea desde el día siguiente a las elecciones, pero presentaron el PGE reformulado y tardaron diez días en sentarse a charlar sobre él.
Doria Medina está de facto dentro del gabinete, aunque “su equipo” esté cada vez más mermado de efectivos. José Luis Lupo, el ministro de la Presidencia al que cada vez le quedan menos funciones de su Ministerio mientras asume papas calientes de otros, se ha convertido en una suerte de verso suelto, desacompasado en las versiones oficiales e incrédulo del timing comunicacional.
A Tuto todo le va bien: tiene una bancada mucho más uniforme y disciplinada que las demás, y JP acaba de ganar en Santa Cruz, que no dudará en ser pesadilla para el Gobierno si hace falta.
Se podría decir que el cargo de Lupo pende de un hilo, pero más bien pende de la cantidad de asambleístas de Unidad que este fin de semana Karina y los demás hayan logrado acercar a una “megabancada” transversal que apoye al gobierno ante el creciente “sicariato de los movimientos sociales” que han empezado a movilizarse. Como cuando Mesa. Paz Pereira estaba allí.
Si hay éxito, rodará la cabeza de Lupo; si no, habrá acuerdo con Samuel. Tuto seguirá ahí.
Argollo y el pedir o no pedir la renuncia de Paz
Los tiempos de la política vienen acelerados en redes, pero las viejas instituciones todavía tienen sus mecanismos. El miércoles Central Obrera Boliviana y Confederación Campesina firmaron una suerte de acuerdo de “no traición”, un documento que aunaba fuerzas en la protesta contra el gobierno para exigir atención a los sectores más desfavorecidos y fijaba otras metas para sostener una posición crítica a mediano plazo, pero alguien se disparó pidiendo la renuncia del presidente.
Mario Argollo y los viejos cuadros de la CSUCTB saben del desgaste que genera el pedir máximos y querían apostar por un ritmo escalonado, focalizado, demandas sindicales más que políticas, aunque sea difícil la disociación.
El tiempo en cualquier caso, pasa: cuatro meses y 20 días para octubre.





