La Medicina Tradicional Ancestral de Virginia Flores Espilito
Contra la discriminación, el racismo y la falta de apoyo, Virginia Flores se ha hecho un sitio en Tarija como heredera de una línea exclusiva de medicina tradicional ancestral.



“¿Quieres vivir o quieres morir?”, es la primera pregunta que Virginia Flores Espilito hace a quienes llegan a ella buscando su famoso tratamiento general. La respuesta positiva implica que deberán seguir todas sus indicaciones. “Si te digo ‘párate de cabeza’, te debes parar. Aquí no hay no puedo, no quiero, no me gusta. No te voy a cortar el pie, no te voy a tocar nada, solo vamos a tomar medicamento. Si te voy a poner enema, si baño sauna, si lavar tu cabeza. Con esa regla empezamos”.
Si la respuesta es negativa, solo habrá arrepentimiento en lugar de sanación. “Me perjudica, perjudica a la persona, perjudica a su entorno. En vez de que sus familias estén haciendo sus cosas, están pendientes, y ver que ellos no cumplan es mucho perjuicio”. Para Virginia, esa actitud es similar a la de un alcohólico que no puede dejar de tomar. “¿Qué puedes hacer? Entre el que quiere vivir y el que no quiere, hay mucha distancia”.
“¿Quieres vivir o quieres morir?”
En el tratamiento general, durante cuatro semanas la persona deberá cambiar hábitos alimenticios y tomar de 12 a 18 preparados de hierbas medicinales, de acuerdo a su estado de salud. Es un proceso de desinflamación, desintoxicación y limpieza digestiva, de cambio, crecimiento y maduración de la flora microbiana, y de regeneración celular. Virginia atiende a personas de todas las edades, pero asegura que la mayoría viene escapando de alguna operación. “Como nos les gusta morir, vienen a la medicina natural”.
Más barato que una cirugía, con 2200 bolivianos el paciente obtiene los preparados, capacitación sobre la forma de alimentarse y tomar agua, sesiones de baño sauna, ventosas, masajes, compostura de caja torácica, y también de caderas si es mujer, lavado de cabeza y, sobre todo, un seguimiento responsable. Su efectividad ha hecho que algunas personas paguen hasta el doble. “Me dijeron que es muy bueno, que aumente su costo. ¿Por qué subir si puedo ayudar con ese nivel? No necesito”.
“Entre el que quiere vivir y el que no quiere, hay mucha distancia”
El costo mayor es la responsabilidad para terminarlo, pues implica una transformación completa del estilo de vida. En los primeros días, los preparados de Virginia retirarán “todo lo que se ha quedado guardado desde los 6 meses que has empezado a comer hasta la edad que tienes”, para así trabajar desintoxicando hígado, riñones, próstata, matriz, páncreas, nervios, área respiratoria y sistema circulatorio. “Dependiendo de la complejidad, unos empiezan con sauna, otros con limpieza digestiva. Si vienen con presión baja, damos algo para regular y comenzamos”.
Virginia solicita previamente los estudios clínicos y las recetas que se estén tomando. “Hay que saber qué estamos curando. Pero cada paciente te enseña cómo está, qué hace, qué no hace, si duerme o no duerme. Estas canas que tengo son por no dormir. Pero también viene de familia. Nosotros nos acostábamos a la 1 de la mañana y despertábamos a las 4 porque teníamos que empezar a trabajar para entrar en punto a las clases. Era la forma de vivir”, recuerda.
“En la ciudad, todos quieren estar en la oficina y no quieren ver la realidad de sus ancestros”
Virginia radica en Tarija desde hace 38 años, pero nació en el seno de una familia minera potosina que migró a causa de la relocalización. “En las minas, una infancia más tranquila, más dinámica. Si queríamos caramelo, lo teníamos que producir, hacer fila para el producto, traer agua. En la ciudad, todos quieren estar en la oficina y no quieren ver la realidad de sus ancestros”.
A sus 15 años, Virginia no entendía que la nueva política económica había dejado sin trabajo a su familia a cambio de una difusa indemnización. “Los que tenían más familia, pidieron irse. Somos 8 hermanos. Mi padre dijo, ‘¡nos vamos!’. Llegamos directamente a Tabladita, con cajas y cajas de dinero, pero lo que le han dado 3000 ya era 30, por decir. Usó todo para comprar la tierra. Hemos estado muchos años en carpas. Ha sido duro construir, pero ahí nos hemos quedado”.
La recepción también fue dura. “Los vecinos de Tabladita no nos querían aquí. ‘¡Ustedes, mineros, tienen tuberculosis, váyanse, hagan su colegio en la punta del cerro donde no contaminen a Tarija!’, nos decían. El colegio Juan Pablo II lo hicieron nuestros padres mineros con ayuda del municipio. Ahora los tarijeños salen de ahí, nietos y bisnietos de quienes nos han rechazado”, cuenta Virginia. Además del colegio, el aprendizaje de esos años fue que la gente trabajadora no se rinde fácilmente. “No nos han hecho dar un pie atrás, seguimos adelante”.
“¡Ustedes, mineros, tienen tuberculosis, váyanse, hagan su colegio en la punta del cerro donde no contaminen a Tarija!”
Con los años, fue aprendiendo el oficio de curar. “De familia venimos con la medicina natural. De parte de mi papá, mis abuelos han sido curanderos. Mi papá sabía mucho. Trabajó en farmacia en el hospital. Mi mamá es partera. Viniendo a la ciudad, nos hemos especializado y convertido en naturistas”. Así, Virginia mantiene su vasto conocimiento en familia para evitar una difusión desmedida que se vuelva puro lucro. El tratamiento general, por ejemplo, lo conocían su padre, un curandero de Bermejo y otro de Potosí. “Los tres han fallecido. De uno soy descendiente. De las otras personas, no sé si habrá quedado alguien más. Me parece que soy la única que hace todo esto”.
Sin embargo, se enteró que una persona vende en las flotas una fórmula parecida al jarabe más fuerte de su tratamiento en 300 bolivianos. “No importa el costo. La salud no tiene que ser política ni negocio. Es salud, es ayudar al prójimo. Pero no les han dicho cómo cuidarse y ahora esas personas están viniendo aquí con inicio de cáncer digestivo”. Esta situación ha hecho que se vuelva más exigente con sus pacientes, así como con sus procesos de preparación.
Casa Naturista es el emprendimiento familiar con el que Virginia prepara sus medicinas. La materia prima viene de productores de distintas partes de Bolivia. “En los mercados conversamos quién puede facilitar productos. El romero viene de La Paz, es más concentrado por el frío. El té verde lo producen en Perú y aquí lo embolsamos. Hay plantas que no se producen en Bolivia. Tenemos tanta tierra, pero nuestra gente no sabe producir. Tenemos cebolla, pero la sal de cebolla la traen de España. Nos falta industrializar nuestros productos, ser más ambiciosos de conocimiento. Nuestros gobernantes no sé qué están viendo, pero es lamentable que pensemos en mejorar sin hacer nada”.
Virginia comenzó a atender en el Barrio Tabladita, calle 10 de noviembre frente al Colegio Juan Pablo II, ofreciendo tratamientos con plantas medicinales y terapias alternativas para niñas, niños, mujeres y hombres. Hace un par de años, le concedieron la administración de un puesto en la Ex Terminal en donde tiene más de 100 plantas a la venta, y otras tantas que no están en muestra.
“Hace 10 días estamos en tratamiento y está bien, comiendo bien, durmiendo, en familia. Si muere, tendrá una muerte digna”
Antes de llegar ahí, tuvo que enfrentar el acoso de la alcaldía y la policía que durante la pandemia le impedían vender sus preparados a falta de un documento de autorización de venta de medicina natural. “Sin embargo, ahí estaba el matico, el jengibre, la manzanilla vendiéndose en la calle. No me iba a ir, merezco ganarme un peso para llevar a mi casa”, recuerda Virginia, que celebra también el resurgimiento de la medicina natural y el interés por la cultura ancestral que trajo la covid-19.
En la Ex Terminal, tiene una dinámica distinta. Parte de sus clientes son viajeros que se quedan en los alojamientos cercanos, o gente que pasa, de todas las edades, del interior y del departamento, gente que sabe lo que busca, y gente que pregunta y toma. Virginia ofrece tratamiento esporádico, sencillo. “Generalmente, hay que trabajar primero el área digestiva. No tiene sentido dar para los riñones si no has limpiado el estómago. En el cuerpo hay tres motores, cerebro, corazón, y digestivo. Siempre que hay problema de salud, tenemos que tener bien corriente el área digestiva. Lo demás va funcionando en consecuencia”.
También trata dolencias respiratorias, para subir defensas, o para tratar los nervios, la ansiedad y la depresión, complejidades que ella vio venir hace 10 años. “Ahora llegamos a esa instancia. Hasta los niños tienen ese problema. Es lo que comen, lo que viven, cómo es su relación con la familia”. En la perspectiva de Virginia, es importante saber cómo está una persona para ayudarle a sanar, conocer su realidad, tanto emocional como física. “Para qué adivinar si podemos equivocarnos. Las dolencias pueden ser reflejo de otro lado, y para saber necesitamos un chequeo médico general”.
“La vida es bella, hay que seguirla y ser un poquito más humano”
Su otra oferta es el tratamiento general. Con él, Virginia ha salvado niños de la muerte, niños que enfrentaban un diagnóstico errado de los médicos alopáticos que habían recetado medicamentos inútiles para sus verdaderas condiciones. También ha reducido el bombardeo medicamentoso de una persona con cáncer de pulmón que tomaba 8 pastillas diarias y hoy toma un cuarto de calmante solo cuando lo necesita. “En el hospital le han desahuciado, le han dicho que busca la medicina alternativa. Hace 10 días estamos en tratamiento y está bien, comiendo bien, durmiendo, en familia. Si muere, tendrá una muerte digna”.
Virginia ha propiciado y atestiguado transformaciones. “Hay gente que viene con todo muy bajo, pero con el tratamiento han mejorado, han establecido su familia, su economía, han pensado en grandes cosas y las han logrado. Solo hay que ser leal a la causa y a la vida, y no perder la fe. La vida es bella, hay que seguirla y ser un poquito más humano. No hay que perder la humanidad, ni con nuestros semejantes ni con nuestro entorno. Somos parte de la naturaleza, creación de Dios. No hay que perder la fe”.
Para más información: 71770032 y 78706159.