Riego y microrriego para una urgente soberanía alimentaria

Un estudio publicado por el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), confirma que los sistemas de riego y microrriego ayudan a mejorar la productividad, y en la generación de oportunidades laborales sostenibles económica y ambientalmente en un contexto rural cada vez más vulnerable al cambio climático.
Dicho trabajo se basó en estudios de caso en distintas comunidades de las regiones del Altiplano paceño, los Valles Interandinos del sur de Cochabamba y el Norte de Potosí, y el Chaco cruceño y chuquisaqueño.
En el Altiplano paceño, los principales cultivos suelen ser la papa, oca, papaliza, isaño, haba, trigo y maíz. En los valles predominan el trigo, la papa y el maíz. Y en el Chaco el maíz, la cumanda y la yuca.
La investigación, titulada “Impacto de los Sistemas de Riego y Microrreigo en tres regiones de Bolivia”, muestra que, en términos generales, la productividad de estos cultivos principales o tradicionales ha mejorado en calidad y en cantidad en las tres regiones de estudio, con impacto en la economía familiar, diversificación productiva y alimentaria, entre otros aspectos.

Aportes a la resiliencia
Según la Agencia de Cooperación Alemana en Bolivia (GIZ), la “resiliencia climática” o “resiliencia al cambio climático” consiste en la habilidad de enfrentar las perturbaciones y los estreses climáticos.
Según técnicos de CIPCA y familias productoras beneficiarias de sistemas de riego y microrriego, la implementación de estos sistemas en las tres regiones “ha coadyuvado de manera importante a enfrentar los efectos del cambio climático”.

Diversificación productiva y aporte a la seguridad alimentaria
Por otra parte, además de mejorar la productividad de los cultivos tradicionales de cada región, la adaptación de los sistemas de riego y microrriego a los contextos biofísicos y socioculturales distintos ha permitido que las familias también diversifiquen sus cultivos, incursionando en la producción de hortalizas variadas e inclusive algunos frutales.
En el altiplano se han implementado conjuntamente carpas solares junto con los sistemas de riego tecnificado, con lo que se logra producir tomate, cebolla, acelga, apio, espinaca, lechuga, perejil, zanahoria, entre otras hortalizas. Además, algunas familias han empezado a experimentar con la producción de uva y limón.
Además de la diversificación con las hortalizas, en los valles se ha dado también mayor producción también de frutales, principalmente papaya y cítricos. En tanto que en el Chaco predomina la producción de cítricos (naranjas principalmente), además de palta, manga, plátano.
Con esto, las familias tienen acceso directo a ciertos alimentos que antes tenían que comprarlos. El doble beneficio es el del ahorro por la no compra de estos productos y el de la diversificación de la dieta familiar. En casos en que la producción está más consolidada y se cuenta con acceso a mercados, es posible producir también para la venta, permitiendo así un aporte importante a la economía familiar.

Mayor eficiencia en el uso del agua
Según el investigador Iván Del Callejo, del Centro Andino para la Gestión y Uso del Agua (Centro AGUA), el riego tecnificado (goteo y aspersión) permite lograr un uso más eficiente del agua, a través de una mejor asignación y un manejo más flexible y adaptable a las necesidades de los cultivos y características de los productores, entre otros beneficios.
Las mediciones y seguimientos realizados por técnicos de CIPCA junto a los beneficiarios a lo largo de la implementación de los proyectos de riego tecnificado muestra que estos sistemas permiten una eficiencia del uso de agua que varía entre el 60% y el 95%. Es decir que se gasta apenas entre el 40% y el 5% de lo que se gastaría en un mismo cultivo y superficie en comparación con el tradicional riego por inundación.
Esta variabilidad de la eficiencia puede explicarse por el método de medición o la textura del suelo (arenoso, arcilloso, etc.), que puede variar según cada municipio, comunidad, e incluso según las parcelas de seguimiento.
Además de esto, técnicos y beneficiarios también coinciden en que el riego tecnificado permite un “mejor control de plagas y enfermedades, ahorro en el tiempo de uso de la mano de obra y en general un mejor desarrollo vegetativo de las plantas”.

Impacto en los ingresos económicos familiares
La Agencia de Cooperación Alemana para el riego y la agricultura (PROAGRO-GTZ) estima que los ingresos familiares agropecuarios pueden incrementarse en más del 200% gracias a la implementación de proyectos de riego, y que incluso muchas familias superaron el umbral de pobreza, logrando cubrir sus necesidades de alimentación, vivienda, salud y educación.
Otros estudios, como el de Del Callejo por su parte, establecen un incremento promedio de 1.000 dólares/familia/año, como beneficios netos de los sistemas de riego en los valles cochabambinos.
La investigación de CIPCA corrobora estos hallazgos, y también encontró que los ingresos familiares de productores pueden llegar a estar entre Bs. 5.600 y Bs. 9.000 mensuales cuando existen mercados establecidos para los productos, producción consolidada y manejo adecuado, pero que esto depende mucho del contexto productivo.
Así, los sistemas de riego y microrriego tecnificado se suma a la de Sistemas Agroforestales y Ganadería Semi-intensiva como alternativa al modelo agroindustrial de monocultivos y ganadería para exportación, para buscar fortalecer la soberanía y seguridad alimentaria de la población.