Estudio comparado
El litio latinoamericano y el interés chino en el sector
Un estudio del Colegio de México compara las estrategias de Bolivia, Argentina, Chile y México ante el litio y concluye que, pese a discursos de soberanía, ninguno ha roto la dependencia estructural frente a China
El litio que sale de los salares sudamericanos tiene, en su gran mayoría, un mismo destino: China. En 2022, el país asiático importó cerca de dos tercios del carbonato de litio comercializado en el mundo, muy por delante de Corea del Sur, que compró apenas 14 por ciento. Ese litio proviene sobre todo de cuatro países: Chile exportó 79.7 por ciento del total mundial, seguido de Argentina con 6.58, Bolivia con 0.39 y Brasil con 0.06. Son las cifras con las que Eduardo Paz Gonzales, investigador posdoctoral en El Colegio de México, abre un estudio publicado en El Trimestre Económico sobre la relación entre el litio latinoamericano y el poder chino en ese mercado.
El trabajo compara las estrategias de Argentina, Bolivia, Chile y México y concluye que, pese a los discursos de soberanía, ninguno ha logrado romper la lógica que los mantiene como exportadores de materia prima, mientras la fase más rentable de la cadena -cátodos, baterías, vehículos eléctricos- se concentra fuera de la región. China controla tres cuartas partes de la capacidad mundial de gigafábricas de baterías, y firmas como Ganfeng y Tianqi figuran entre las de mayor peso del sector.
El caso boliviano aparece como el más elocuente. El gobierno de Evo Morales impulsó desde 2006 un modelo estatal a través de Yacimientos de Litio Bolivianos, con la idea de industrializar el recurso sin ceder las reservas a empresas extranjeras. La Ley 928, de 2017, reservó a la estatal el control de toda la cadena productiva. Sin embargo, el estudio documenta retrasos, plantas dañadas y una planta piloto que tardó tres años en concretar su primera venta a China. En 2024, el gobierno de Luis Arce firmó contratos con la rusa Uranium One y la hongkonesa CBC Investment que, hasta ahora, no fueron aprobados por la Asamblea Legislativa. Para el autor, Bolivia ejemplifica la “maldición de los recursos”, pues atado al mercado mundial y sin transformar su propia institucionalidad, no logra construir una relación de beneficio mutuo con Beijing.
En Argentina, el marco jurídico heredado de los años noventa entrega a las provincias el control de sus recursos mineros, lo que favorece negociaciones directas y muy permisivas con empresas extranjeras, chinas incluidas. Zijin Mining y Ganfeng Lithium poseen proyectos con participación exclusiva en Catamarca y Salta. El presidente Javier Milei, que llegó a descartar negocios “con ningún comunista”, terminó reconociendo a China como “un socio comercial muy interesante”, aun cuando su gobierno firmó en paralelo un acuerdo con Washington sobre minerales críticos.
Chile combina mayor fortaleza institucional -el litio sigue siendo un recurso no concesible- con una dependencia comercial profunda: 85 por ciento de sus exportaciones minerales tienen a China como destino. La disputa entre Tianqi, accionista de SQM, y la estatal Codelco por el acuerdo de explotación del Salar de Atacama mostró hasta dónde llegan los intereses chinos dentro de una de las mayores productoras del mundo.
México es la excepción, ya que no depende de las exportaciones de litio -sus reservas certificadas son marginales- sino de su integración manufacturera con Estados Unidos. La nacionalización decretada por Andrés Manuel López Obrador en 2023 golpeó en particular a Ganfeng Lithium, a la que se revocaron permisos en Sonora. El proyecto sigue sin infraestructura ni tecnología propias para avanzar.
El peso chino no se limita a la extracción. Sus firmas ya controlan 44.4 por ciento del mercado mundial de vehículos eléctricos, el eslabón donde se concentra el mayor valor agregado de toda la cadena.
El estudio concluye que la disputa por el litio no ha alterado las asimetrías de fondo. Estados Unidos y China compiten por el control de la extracción, mientras los Estados latinoamericanos, con distintos grados de margen de maniobra, siguen atrapados en el mismo lugar de la cadena de valor que ocupaban hace un siglo. Las estrategias difieren -el estatismo boliviano, el liberalismo argentino, el pragmatismo chileno, la cautela mexicana-, pero el resultado, señala Paz Gonzales, es el mismo: ningún modelo ha logrado aún convertir la posesión del recurso en desarrollo industrial propio.
La evolución del precio del litio
En la última década, el precio internacional del carbonato de litio ha mostrado una volatilidad extraordinaria. Tras cotizar entre 5.000 y 10.000 dólares por tonelada a mediados de la década de 2010, inició un fuerte ascenso impulsado por la expansión de los vehículos eléctricos, hasta alcanzar máximos superiores a 80.000 dólares en 2022. Sin embargo, el aumento de la oferta mundial y una demanda menos dinámica provocaron un desplome de más del 80% entre 2023 y 2025, estabilizando la cotización en torno a los 10.000 dólares por tonelada, muy lejos del auge reciente. Se espera que en los próximos años mantenga una cotización similar dando paso a un mercado más estable.








