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Vida en familia

Coparentalidad real: cómo coordinar sin conflicto en el día a día

Bolivia registra entre 7.000 y 9.000 divorcios al año, la mayoría con hijos en común. En paralelo, crece la coparentalidad: madres y padres separados que buscan coordinar la crianza priorizando la estabilidad emocional de los niños

Reportajes
  • Laia Palà y Redacción Central
  • 23/05/2026 00:00
Coparentalidad real: cómo coordinar sin conflicto en el día a día
Coordinarse con los horarios y normas es clave

Bolivia atraviesa una transformación silenciosa en la estructura familiar. Los registros oficiales muestran que cada año se producen entre 7.000 y 9.000 divorcios o disoluciones matrimoniales en el país, en un contexto marcado por la reducción de matrimonios, el aumento de las separaciones y cambios profundos en la dinámica social y económica.

Datos del Servicio de Registro Cívico (SERECÍ) señalan que en 2024 se registraron 6.923 divorcios y nulidades, mientras que en el mismo período hubo 32.064 matrimonios.

Otros reportes oficiales y recopilaciones estadísticas elevan la cifra anual a cerca de 9.000 divorcios entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025., y además hay muchísimas más parejas que nunca formalizaron su vínculo y también se rompen.

Aunque no se cuenta con estadísticas públicas consolidadas sobre cuántos divorcios involucran hijos, abogados de familia y operadores judiciales coinciden en que la mayoría de los procesos de separación incluyen menores de edad, custodias, asistencia familiar y disputas patrimoniales.

Coordinación Compaginar horarios, decisiones, gastos o normas desde dos casas distintas exige un nivel de organización y comunicación que muchas veces no se tiene. Y cuando eso falla, el conflicto aparece.

Actualmente, Bolivia registra aproximadamente un divorcio por cada cuatro o cinco matrimonios formalizados, una proporción que ha ido creciendo de manera sostenida durante la última década, pero, además, también se está experimentando un cambio en las formas de ejercer la paternidad, por lo que son cada vez más los padres que a pesar de disolver el núcleo de convivencia, exigen mantener el vínculo y participar plenamente en la crianza, es lo que se conoce como “coparentalidad”.

Coparentar

La coparentalidad ya no es una excepción, sino parte de la realidad de muchas familias. Esto significa que cada vez más madres y padres tienen que seguir criando juntos a sus hijos e hijas sin convivir. Sobre el papel puede parecer sencillo. En la práctica, no lo es tanto.

Compaginar horarios, decisiones, gastos o normas desde dos casas distintas exige un nivel de organización y comunicación que muchas veces no se tiene. Y cuando eso falla, el conflicto aparece.

Qué entendemos por coparentalidad (más allá de la teoría)

Coparentalidad no es llevarse bien ni estar de acuerdo en todo. Es algo más concreto: ser capaces de sostener una crianza compartida de forma coordinada.

Implica tomar decisiones conjuntas sobre aspectos como:

·       Las rutinas diarias.

·       La educación y los límites.

·       La salud.

·       La gestión económica.

·       La documentación compartida.

Cuando esta coordinación existe, los niños perciben estabilidad. Saben qué esperar, sienten coherencia entre los dos hogares y eso les da seguridad.

Cuando no sucede así, el impacto es directo. Diversos estudios señalan que el conflicto parental sostenido es uno de los factores que más afecta al bienestar emocional de los menores, incluso por encima de la propia separación.

Por qué es tan difícil coordinarse

Muchas veces no es una cuestión de falta de voluntad, sino de falta de sistema. En el día a día aparecen pequeños desajustes que se repiten:

·       Un mensaje que no se responde.

·       Una cita que no se apunta.

·       Un gasto que no se comenta.

Y lo que empieza siendo algo ocasional, acaba generando tensión.

Además, el contexto actual añade más complejidad. Las familias son cada vez más diversas y, en muchos casos, hay más personas implicadas en la crianza: abuelos, cuidadores o nuevas parejas. Esto multiplica la necesidad de coordinación.

A todo ello se suma la carga mental: organizar agendas, actividades, médicos, colegio y demás. Según distintos estudios sobre conciliación familiar, esta gestión invisible sigue recayendo en gran medida en uno de los progenitores.

Qué suele generar más conflicto

Sin necesidad de grandes desacuerdos, hay patrones que se repiten en muchas familias:

1. La falta de claridad

No saber quién hace qué o cuándo ocasiona fricción constante.

2. Las diferencias en normas

Cuando cada casa funciona de forma completamente distinta, los niños reciben mensajes contradictorios.

3. La dispersión de la información

Datos importantes repartidos entre WhatsApp, correos electrónicos o conversaciones informales que terminan por olvidarse.

4. La gestión de los gastos

Uno de los puntos más sensibles, especialmente cuando no hay acuerdos claros.

5. Las emociones no resueltas

La relación de pareja puede haber terminado, pero no siempre lo han hecho las emociones asociadas.

Qué ayuda de verdad en el día a día

Más allá de teorías, hay pequeños cambios prácticos que tienen un impacto muy real.

1. Separar la relación personal de la parental

No siempre es fácil, pero es clave. Una buena coparentalidad no depende de cómo fue la relación, sino de cómo se gestiona la crianza a partir de ese momento.

2. Tener acuerdos básicos claros

No hace falta definirlo todo, pero sí lo importante:

Horarios y rutinas.

Temas de salud.

Normas principales.

Decisiones relevantes.

Cuanto más claro está todo, menos espacio hay para el conflicto.

3. Ordenar la información

Uno de los mayores cambios viene de algo aparentemente simple: tener la información organizada. Si todo está centralizado:

Se reducen los olvidos.

Se evitan discusiones innecesarias.

La coordinación es más fluida.

No es solo una cuestión práctica, también emocional.

4. Simplificar la comunicación

No se trata de hablar más, sino mejor. Mensajes claros, directos y centrados en lo fundamental ayudan a evitar malentendidos y a reducir la tensión.

5. Dar claridad a los gastos

El dinero suele ser un detonante de conflicto cuando no hay transparencia. Tener un registro claro, acuerdos definidos y visibilidad compartida evita muchas discusiones.

6. Mantener el foco en los hijos

Puede parecer obvio, pero no siempre se consigue. Para alcanzar este objetivo básico, hay pequeños gestos que suponen una gran ventaja:

Evitar hablar mal del otro progenitor.

No poner a los niños en medio.

Mantener cierta coherencia entre hogares.

Los niños no necesitan perfección, necesitan estabilidad.

7. Conciliar en dos casas

Conciliar ya es un reto en una sola casa. En dos, lo es todavía más. Por eso, cada vez más familias buscan formas de planificarse mejor, reducir la carga mental y tener mayor claridad en el día a día. No se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo sostenible.

Una cuestión más práctica que emocional

A menudo se piensa que el problema de la coparentalidad es emocional. Y en parte lo es. Pero en muchos casos, el verdadero cambio llega cuando se mejora la organización. Cuando todo está más claro, hay menos roces. Cuando hay menos roces, la relación parental mejora. Y cuando eso ocurre, los niños lo notan.

En el contexto descrito anteriormente, cada vez más familias están recurriendo a herramientas digitales que les permiten tener calendarios compartidos, registrar gastos o centralizar la información importante en un solo lugar. Eso es lo que hacen plataformas como Niddo, que está diseñada específicamente para la coparentalidad, y que nace precisamente para dar respuesta a esta necesidad de organización y reducir el conflicto en el día a día.

 

Cómo comunicar la separación a los hijos

Uno de los momentos más delicados de una separación es explicarles a los hijos lo que está ocurriendo. Psicólogos infantiles coinciden en que no existe una “forma perfecta”, pero sí algunas claves que ayudan a reducir el impacto emocional y generar seguridad.

La primera recomendación es que ambos progenitores hablen juntos con los niños siempre que sea posible. El mensaje debe ser claro, sencillo y adaptado a la edad: explicar que mamá y papá dejarán de vivir juntos, pero que seguirán siendo sus padres y continuarán cuidándolos.

Los especialistas aconsejan evitar detalles del conflicto de pareja, reproches o culpabilizaciones. Los niños no necesitan conocer las razones profundas de la ruptura, sino entender qué cambiará en su vida cotidiana y qué permanecerá igual. Saber dónde vivirán, cuándo verán a cada progenitor o si seguirán en el mismo colegio les aporta tranquilidad.

También es importante validar sus emociones. Algunos reaccionan con tristeza, otros con enojo o silencio. Todas son respuestas normales. La clave es transmitir estabilidad y repetirles, tantas veces como sea necesario, que la separación no es culpa suya.

Mantener rutinas, horarios y afectos constantes suele ser uno de los factores que más ayuda en el proceso de adaptación. Los expertos recuerdan que los niños toleran mucho mejor la separación que el conflicto permanente entre sus padres.

 

Familias diversas, la célula de la sociedad boliviana

Por Anael Torres/Psicóloga

El 15 de mayo se ha conmemorado el Día de las Familias a nivel internacional. Sí, así en plural; pues reconoce la diversidad de núcleos familiares y su importancia en nuestras vidas. Esta fecha hace énfasis en la relevancia de las familias en la protección y educación de los niños desde la primera infancia y las oportunidades de aprendizaje permanente en su seno.

El concepto de familia se ha ido modificando desde que se estableció este día de mayo para conmemorarla, desde el año 1993. La ONU reivindica que el Día Internacional de las Familias nos da la oportunidad de reconocer, identificar y analizar cuestiones sociales, económicas y demográficas que afectan a su desarrollo y evolución. 

En Bolivia existen aproximadamente 3,5 millones de hogares, con un promedio de 3,3 a 3,5 miembros por familia. La mayoría son familias nucleares, es decir las que se conforman por padres e hijos. Sin embargo existen muchas familias extensas donde conviven juntos primos, tíos y abuelos; una forma de familia muy arraigada en nuestra sociedad tanto en el área rural como urbana. Por otra parte, casi un 11 % de nuestras familias son monoparentales.

Cerca del 65 % de las familias bolivianas se encuentran en estratos desfavorecidos, es decir que están en situación de pobreza o en riesgo de caer en ella.

Nuestras familias también se encuentran amenazadas por la violencia, con miles de denuncias al año por hechos de vulneraciones dentro de los hogares; siendo las víctimas más afectadas las mujeres, niñas, niños y adolescentes.

Dentro de estas dinámicas, las familias bolivianas también se encuentran atravesando un momento difícil en la crianza y el cuidado. Un informe de AISOS indica que después del impacto de la pandemia, alrededor de 900 000 niños y adolescentes se encuentran en riesgo de perder el cuidado parental por diferentes motivos, especialmente socioeconómicos.

Respecto a la natalidad, la tendencia a la baja se está consolidando en las últimas décadas. Según el censo de 1992 una mujer boliviana tenía en promedio 4,71 hijos. Los resultados del censo de 2024 muestran que el promedio alcanzó 2,1 hijos por mujer, justo el umbral considerado por demógrafos como el nivel de reemplazo poblacional.

Las familias siguen siendo la célula básica de una sociedad. En sus diferentes maneras de ser y existir se constituyen en un vital soporte y espacio de crecimiento especialmente para nuestros niños y adolescentes. Las amenazas a su existencia, desarrollo y crecimiento son importantes en el contexto de nuestro país, especialmente por factores socioeconómicos. En esta reflexión, recordamos hoy su importancia, su diversidad y su valor en la vida de cada persona.

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