• 05 de julio 2026
  • Menú
    • Opinión
    • Editorial
    • Reflexión
    • Tema del día
    • Columnas
    • Suplementos
    • La Gobernación Informa
    • La Alcaldía Informa
    • La Subgobernación de Cercado informa
    • El SEDEGES informa
    • YPFB Chaco informa
    • Secciones
    • Ecos de Tarija
    • Nacional
    • Internacional
    • Campeón
    • Pura Cepa
    • Crónica
    • Multimedia
    • Merodeos
    • Reportajes
    • El Paisito
    • Búsqueda
    • Listado de autores
    • Semanarios
    • La Mano del Moto
    • La Billetera
    • Cántaro
    • Patria Grande
    • Suscripción Digital
    • Edición
    • Archivo Histórico
    • Archivo Web
    • Despertador / Newsletter
Menú
  • Suscripción Digital
    • Edición
    • Archivo Histórico
    • Archivo Web
    • El Despertador
  • Ads El País
  • Comodín
  • Opinión
    • Editorial
    • Reflexión
    • Tema del día
    • Columnas
  • Suplementos
    • La Gobernación Informa
    • La Alcaldía Informa
    • La Subgobernación de Cercado informa
    • El SEDEGES informa
    • YPFB Chaco informa
  • Secciones
    • Ecos de Tarija
    • Nacional
    • Internacional
    • Campeón
    • Pura Cepa
    • Crónica
    • Multimedia
    • Merodeos
    • Reportajes
    • El Paisito
  • Búsqueda
    • Listado de autores
  • Semanarios
    • La Mano del Moto
    • La Billetera
    • Cántaro
    • Patria Grande
  • Ecos de Tarija
  • Nacional
  • Campeón
  • Edición
  • Comodín
Vida en familia

Campo o ciudad: Los efectos del entorno en la infancia boliviana

Mientras algunas familias bolivianas abandonan la ciudad buscando una infancia más tranquila y conectada con la naturaleza, otras dejan el campo en busca de educación, salud y oportunidades económicas. Entre ambos movimientos emerge una misma pregunta: qué entorno ofrece mejores condiciones para cri

Reportajes
  • Agencias
  • 09/05/2026 00:00
Campo o ciudad: Los efectos del entorno en la infancia boliviana
Familias dejaron la ciudad para tener una vida más tranquila

Familias que dejaron las grandes ciudades bolivianas para instalarse en el área rural coinciden en los beneficios del contacto con la naturaleza en la crianza, aunque especialistas advierten que no todo es idealización.

En los últimos años, y especialmente después de la pandemia y la crisis económica, varias familias bolivianas comenzaron a replantearse la vida urbana. El estrés, la inseguridad, el exceso de pantallas y el ritmo acelerado de ciudades como Santa Cruz, La Paz o Cochabamba empujaron a algunos padres a buscar una alternativa en comunidades rurales o pequeñas poblaciones intermedias.

El cambio no solo implica mudarse de lugar. También supone otra forma de criar: más tiempo al aire libre, mayor contacto con animales y naturaleza, menos dependencia tecnológica y vínulos comunitarios más cercanos.

La experiencia de Carla Méndez (38), que junto a su pareja decidió instalarse en una pequeña comunidad agrícola del Valle Central de Tarija, refleja esa transformación. “Queríamos que nuestros hijos crecieran con más libertad. En la ciudad todo era apuro, tráfico, encierro y pantallas”, cuenta.

Hace tres años dejaron Cochabamba y comenzaron un pequeño emprendimiento agroecológico. Sus hijos, de 6 y 9 años, hoy pasan gran parte del día entre huertos, gallinas y senderos.

“Antes había que obligarlos a salir del celular. Aquí ni se acuerdan. Se pasan la tarde jugando, ayudando a regar o andando en bicicleta”, relata.

Menos estrés y más concentración

Especialistas en desarrollo infantil señalan que existe evidencia de que el contacto frecuente con entornos naturales favorece la regulación emocional y la atención en niños.

La psicopedagoga boliviana Mariana Vargas explica que los espacios rurales suelen ofrecer menos sobreestimulación sensorial que las grandes ciudades.

“El campo calma mucho el sistema nervioso de los niños y hace que estén más concentrados. Hay menos ruido, menos tensión y menos estímulos permanentes compitiendo por su atención”, señala.

Según Vargas, esto puede ser particularmente positivo en niños con dificultades atencionales, ansiedad o trastornos del espectro autista. “Muchos padres notan que sus hijos duermen mejor, están más tranquilos y desarrollan más autonomía cuando pasan tiempo en ambientes naturales”, afirma.

La especialista aclara, sin embargo, que el entorno por sí solo no garantiza una mejor infancia. “No es mágico. Lo importante sigue siendo el acompañamiento familiar, la estabilidad emocional y las oportunidades que tengan los niños para desarrollarse”, puntualiza.

Comunidad y autonomía

Otro aspecto que destacan las familias es la vida comunitaria.

En muchas comunidades rurales bolivianas todavía persisten redes vecinales y familiares más sólidas que en las ciudades. Los niños suelen moverse con mayor libertad y crecen rodeados de distintas generaciones.

“Acá los vecinos aparecen con fruta, ayudan cuando alguien se enferma o cuidan a los chicos sin que uno tenga que pedirlo demasiado”, cuenta Carla. “Mis hijos crecieron sabiendo quién vive al lado, algo que en el edificio donde estábamos antes ni existía”.

Para algunos padres, esa sensación de comunidad es tan importante como el contacto con la naturaleza.

Una vida menos idealizada de lo que parece

Sin embargo, la vida rural también tiene dificultades. Distancias largas, acceso limitado a salud especializada, problemas de conectividad y menos opciones educativas forman parte de la realidad cotidiana.

“Hay días durísimos. Cuando llueve mucho quedamos aislados, a veces falta señal y cualquier trámite implica viajar horas”, admite Carla. “La vida en el campo no es una postal de Instagram”.

También aparecen situaciones que obligan a convivir con otra relación respecto a la naturaleza y los riesgos. “Los chicos aprenden rápido que los animales se enferman, que hay sequía, que una helada puede arruinar una cosecha. Entienden la vida de otra manera”, explica.

Los especialistas insisten en evitar simplificaciones. “Decir que el campo es automáticamente mejor para criar sería exagerado”, sostiene Vargas. “Cada entorno tiene ventajas y limitaciones. Lo importante es generar espacios saludables, tiempo de calidad y vínculos seguros, sea en la ciudad o en el área rural”.

Aun así, para muchas familias bolivianas, el regreso al campo aparece cada vez más como una búsqueda de equilibrio. Menos velocidad, menos ruido y más contacto humano en tiempos donde la hiperconexión y el estrés atraviesan incluso la infancia.

El contrapunto: Del campo a la ciudad

Acceso a educación, salud y empleo impulsa a miles de familias rurales a instalarse en ciudades, aunque el cambio también trae estrés, aislamiento y dificultades de adaptación para niños y adultos.

Durante décadas, Bolivia vivió un movimiento constante del campo hacia las ciudades. La búsqueda de mejores oportunidades laborales, acceso a educación y servicios de salud llevó a miles de familias rurales a instalarse en centros urbanos como Santa Cruz, El Alto, Cochabamba o Tarija.

Aunque para muchas personas el traslado representó una mejora económica y nuevas posibilidades de vida, el cambio también implicó desafíos emocionales, culturales y familiares que todavía marcan a quienes crecieron entre ambos mundos.

“En la comunidad teníamos poco dinero, pero nunca faltaba comida ni espacio para correr. Aquí todo es más caro y más rápido”, cuenta Víctor Choque (42), que dejó una comunidad del norte de Potosí para instalarse en El Alto hace más de una década junto a su esposa y sus hijos.

Más oportunidades, pero menos tiempo

Como muchas familias migrantes, los Choque llegaron buscando mejores estudios para sus hijos y atención médica más cercana.

“En el pueblo la escuela llegaba solo hasta cierto nivel y para cualquier enfermedad grave había que viajar horas”, recuerda.

Hoy sus hijos asisten a colegio y universidad, algo que consideran un logro importante. Sin embargo, el costo fue adaptarse a una vida mucho más exigente.

“Antes trabajábamos juntos en el campo. Ahora cada uno tiene horarios distintos, casi no compartimos el día”, explica.

Especialistas señalan que una de las principales ventajas urbanas es precisamente el acceso a servicios, conectividad y oportunidades educativas. Pero advierten que la ciudad también introduce mayores niveles de estrés y fragmentación familiar.

La psicóloga social boliviana Patricia Ríos explica que muchas familias provenientes del área rural atraviesan procesos complejos de adaptación.

“La ciudad ofrece más oportunidades objetivas, pero también puede generar sensación de desarraigo, aislamiento y presión permanente. Sobre todo en niños que pasan de entornos abiertos y comunitarios a espacios reducidos y rutinas mucho más rígidas”, afirma.

El impacto en los niños

Algunos padres cuentan que sus hijos tuvieron dificultades para acostumbrarse al ritmo urbano.

“Mis hijos al principio se desesperaban viviendo encerrados. Extrañaban salir solos, jugar en el río o andar donde los vecinos”, relata María Quispe, que migró desde el Chaco chuquisaqueño a Santa Cruz.

Con el tiempo, dice, se adaptaron, pero aparecieron otros problemas: más horas frente a pantallas, menos actividad física y mayor ansiedad.

“En el campo los niños se cansaban jugando. Aquí llegan del colegio y quieren celular o televisión”, comenta.

Los especialistas sostienen que el cambio de entorno puede alterar hábitos emocionales y sociales. “Los niños rurales suelen crecer con más autonomía física y contacto comunitario. En la ciudad muchas veces aparecen más restricciones, más miedo y menos interacción espontánea”, señala Ríos.

Entre dos mundos

Pese a las dificultades, muchas familias no consideran volver definitivamente al campo.

La estabilidad económica, las posibilidades de estudio y la cercanía a hospitales pesan más que la nostalgia.

“Uno extraña muchísimo, pero también sabe que acá hay más futuro para los hijos”, resume Víctor.

En varios casos, las familias terminan construyendo una vida híbrida: trabajan en la ciudad, pero mantienen vínculos constantes con sus comunidades de origen, regresando en vacaciones, cosechas o fiestas patronales.

Para los especialistas, el desafío no está en elegir entre campo o ciudad, sino en encontrar formas de preservar ciertos aspectos positivos de ambos mundos.

“La comunidad, el tiempo compartido y el contacto con la naturaleza no deberían perderse completamente al migrar”, sostiene Ríos. “Y al mismo tiempo, el acceso a educación, salud y oportunidades tampoco debería depender del lugar donde uno nace”.

En Bolivia, donde la migración interna sigue redefiniendo familias y ciudades, esa tensión continúa marcando la experiencia de miles de hogares que viven entre la memoria del campo y las exigencias urbanas.

 

Niñez sedentaria

Por Anael Torres/Psicóloga

El sedentarismo infantil representa un problema creciente pues gran parte de las actividades que los niños realizan en la actualidad, la llevan a cabo sin movimiento. Este problema está agravado por la cantidad de horas de pantallas que consumen niños y adolescentes a diario.

De acuerdo a datos internacionales, se estima que el 70 % de los niños y adolescentes no realizan la actividad física mínima recomendada por la OMS y que las horas en pantallas también superan las recomendadas por edad.

Hay otros datos bastante llamativos, por ejemplo que solo el 5 % de actividad física de los niños sería actividad moderada/vigorosa. Respecto al género se indica que son los chicos quienes más actividad física hacen en comparación con las chicas.

Si hablamos de las consecuencias, el sedentarismo aumenta el riesgo de obesidad, diabetes y problemas cardiovasculares desde edades tempranas; también puede generar alteraciones de desarrollo psicomotor. La vida urbana también ha contribuido a ampliar este problema, ante la progresiva falta de espacios verdes y áreas recreativas en entornos citadinos.

Por contra, entre los beneficios de la actividad física están justamente la prevención de enfermedades crónicas, el aumento de la masa ósea, la mejora del rendimiento cognitivo, la reducción del riesgo de depresión y ansiedad, la mejora del autoconcepto y la facilitación de relaciones interpersonales, entre otros. Los especialistas también indican que el desarrollo neurológico de los niños necesita de actividad física para secretar las hormonas necesarias para el crecimiento y desarrollo sano.

Diferentes asociaciones pediátricas han advertido sobre el aumento del sedentarismo en la niñez y recuerdan el mínimo recomendado de una hora diaria de actividad física para los niños; alertando que los pequeños no se están moviendo como deberían.

Algunas alternativas que tenemos las familias para cumplir estas recomendaciones son: fomentar los juegos activos, acudir con mayor frecuencia a los parques; también apuntar a los hijos a actividades extraescolares como deportes u otras acciones físicas que reduzcan también las horas de pantalla. Asimismo se recomienda el contacto con la naturaleza porque implica realizar mayor actividad y movimiento muscular. Las familias, en definitiva, debemos esforzarnos para estar más activas y ayudar así a reducir la brecha entre lo que se deberían mover los niños y lo que realmente lo están haciendo.

Apoya al periodismo independiente

Tienes acceso libre a 200 notas al mes. Para tener acceso ilimitado y muchos beneficios más adquiere tu Suscripción Digital. Comienza tu prueba gratis ahora

Suscríbete

¿Ya estás suscrita/o? No olvides iniciar sesión

Acceder

Si te interesa una suscripción corporativa o institucional llámanos al (+591) 78259007

  • #Reportajes
  • #Vida en familia
Comentarios

  • Lo más visto
  • Lo Último
    • 1
      ¿Qué hacer con Fernando Cerimedo?
    • 2
      Reforma de Pensiones apunta a “exportar” hasta el 80% del ahorro
    • 3
      El tipo “flexible”, la euforia juliana, el ajuste de cuentas
    • 4
      El litio latinoamericano y el interés chino en el sector
    • 5
      Liliana y su Caperucita Puka Pollerita
    • 1
      ¡Atención! El frío marcará el inicio de las vacaciones en estos departamentos
    • 2
      Fútbol, identidad y el paradigma libertario
    • 3
      "Había mucho por mejorar": Samuel cuestiona la aprobación del PGE 2026 reformulado en Diputados
    • 4
      Chile: Descubren a un chofer boliviano con casi $us 280.000 ocultos en el camión que conducía
    • 5
      Secuestran más de 3.100 litros de gasolina transportados en una lancha en el lago Titicaca

Noticias Relacionadas
Cómo ayudar a un niño a detectar una crisis de ansiedad
Cómo ayudar a un niño a detectar una crisis de ansiedad
Cómo ayudar a un niño a detectar una crisis de ansiedad
  • Reportajes
  • 04/07/2026
¿Cuándo están realmente preparados los hijos para tener una mascota en casa?
¿Cuándo están realmente preparados los hijos para tener una mascota en casa?
¿Cuándo están realmente preparados los hijos para tener una mascota en casa?
  • Reportajes
  • 20/06/2026
Cómo proteger a niños y adolescentes cuando el país vive momentos de tensión
Cómo proteger a niños y adolescentes cuando el país vive momentos de tensión
Cómo proteger a niños y adolescentes cuando el país vive momentos de tensión
  • Reportajes
  • 13/06/2026

Puedes publicar tu anuncio en la
página de inicio o en el interior de las notas

Escoge una opción para ver
los espacios disponibles

Página de inicio Interior de Nota

Contacto

  • Calle Colón No. 968 - Tarija, Bolivia
  • (591 4) 664 2732 - (591) 78259007
  • [email protected]

Acerca de Nosotros

  • Quiénes somos
  • Términos y condiciones
  • Políticas de privacidad
© Copyright 2026 :: Boquerón Multimedia | Desarrollado por ITGROUP SYSTEMS