Cartografía Mundialista
Fútbol, identidad y el paradigma libertario
20 años, un crédito de vivienda, tres wawas y docenas de velorios después, aún tengo que dar explicaciones y, también, aguantar la censura y la descalificación. No importa. Lo asumo. Es hasta normal. No sé camuflar las zetas y cada vez lo pretendo menos, la verdad. El acento Netflix acabará con eso
Hace exactamente 20 años tal día como hoy puse por primera vez un pie en Bolivia. También había Mundial, aunque más corto. Fue aquella edición en la que Brasil se abonó a vivir del recuerdo y los highligths para siempre; cuando Zidane demostró que había cosas más importantes que levantar la Copa, y cuando Messi y Cristiano iniciaron su leyenda, sin demasiada suerte, por cierto.
Un crédito de vivienda, tres wawas y docenas de velorios después, aun tengo que dar explicaciones y, también, aguantar la censura y la descalificación. No importa que vaya a cumplir diez años al frente del diario tarijeño más antiguo y narrando semana a semana la actualidad política nacional. Lo asumo. Es hasta normal. No sé camuflar las zetas y cada vez lo pretendo menos, la verdad. El acento Netflix acabará con todo eso.
¿Pero mis hijos? Mis hijos no.
Vengo pensando en esto desde que empezó este Mundial donde lo puramente futbolístico se viene mezclando con asuntos de identidad, donde abundan las reflexiones que pretenden convertir la forma de jugar al fútbol en un asunto cultural, pero también en una suerte de reivindicación de la pureza nacional o algo así. Sí, Ramiro Marra de las pelotas, te estoy hablando a vos. Sal de mi algoritmo.
Mbappé puede ser un boludo de campeonato además del goleador más letal del mundo hoy por hoy (incluyendo a nuestros amados abueletes), pero eso tiene poco que ver con ser de origen africano o groenlandés. En la Francia del 98, con Zidane, Thuram, Vieira o el animal de Desailly en el 11 marcando las diferencias se aceptaba el debate y las explicaciones; en pleno 2026 sin embargo tiene que ver con otros asuntos cuyos debates se ocultan: las condiciones innatas se desarrollan mucho mejor en los entornos adecuados, es decir, donde se come tres veces al día; se va al colegio en bus y no caminando después de trabajar; y donde incluso puedes ser reclutado en un Centro de Alto Rendimiento.
Estos debates que aplican al fútbol y a todo lo demás, no les acaban de gustar a los nuevos “libertarios” de la mano invisible del mercado y la meritocracia (como eufemismo de la cuenta corriente de papá o los amigos de mamás) con ese punto racistilla que Trump les exige.
De los 9 africanos que clasificaron para esta Copa del Mundo, 8 pasaron a dieciseisavos, pero apenas dos – Egipto y Marruecos – superaron esa ronda del KO, pero la verdad más incómoda es que muchos – incluso la mayoría – de las plantillas de esas nueve selecciones no han nacido en los países a los que representan, sino en países del norte donde normalmente los estados corrigieron esas “pequeñas deficiencias” permitiendo desarrollar todo el potencial de esos muchachos que, así sí, sí pudieron desarrollarse por encima de sus iguales.
Y es que sí, el verdadero factor diferencial no es la identidad futbolística o el amor por la bandera que cada equipo muestre, sino esencialmente la plata con la que se desarrollan sus canteranos, que ya ni siquiera son venidos de ningún lado, sino tan franceses, alemanes u holandeses como cualquiera.
Por cierto, que la Federación Boliviana lleva años rastreando “legionarios” por todas las ligas del mundo, y también Argentina ha sumado a jugadores como Nico Paz o el propio Giuliano (aunque sea caso aparte), que tienen poco que ver con la “cultura del potrero” y demás.
Se acercan las rondas finales y se va cumpliendo lo previsto. Cabo Verde ha dignificado el fútbol; Paraguay ha demostrado que en el fútbol como en la guerra, cada cual juega con sus armas para ganar y que eso también es jugar; que Haaland puede arrastrar cualquier barco o que la localía suma un aliento importante, pero al final lo más probable es que ocho de las diez selecciones mejor rankeadas en la FIFA jueguen los cuartos, y que “curiosamente” coincidan con las de mayor poderío económico. Obvio que hincharé por David (y no por Goliat) en cada partido.
Miro con cierta tristeza la globalización del juego, pero me parece oportuno cualquier debate al respecto en estos tiempos de Donald Trump cargados de contradicciones y discrecionalidades. Quien sabe si todo este debate subterráneo - ¡hasta lo destruyen a Lamine! - no es solo producto de la casualidad y el algoritmo, sino todo lo contrario.
Justo me pilla este 20 aniversario en el mismo lugar, pero a la inversa. Desde allí hincharé por todos los exzaragocistas (¿creían que me olvidaba?) que quedan en liza: Javier Aguirre, Pablito Aimar, Luis Suárez, Giuliano, Bono y Borja Iglesias. 14 años en segunda y mira…
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
De momento se han sumado Karina Vargas, Mariana Ruíz, Marcelo Suárez y Pablo Carbone ¿Quieres sumarte? Escríbenos a [email protected]








