Crónica política de la semana
El tipo “flexible”, la euforia juliana, el ajuste de cuentas
El Gobierno de Rodrigo Paz ha acelerado la implementación del tipo de cambio flexible pese a que sigue ajustando cuentas y explicando lo que sucedió en los 53 días de bloqueos
De los tiempos líquidos a los tiempos flexibles. La semana era algo así como una prueba de fuego. La enésima. El tipo de cambio había volado el pasado fin de semana de casi 7 a casi 10 y había que testear los efectos, y aunque es verdad que nadie esperaba una corrida bancaria, porque al final hace mucho que los precios en la calle habían descontado el cambio real, el impacto en la macro se va a ir sintiendo de a poco: en las pensiones, en los salarios, en las compras del exterior, en las ventas… de ilusión también se vive.
Los libertarios cuestionan la medida por intervencionista, porque al final no es el mercado fijando un precio con su mano invisible, sino un cálculo político para ver quien gana y quien pierde y acomodar el relato. Si llegan más dólares en créditos habrá más “platita”, que dice el presidente Rodrigo Paz, para pagar las obligaciones inmediatas en bolivianos y activar cierta ficción de reactivación en el país, pero a la larga, no deja de ser más que más deuda para el país.
Para los productores de dólares – mineros, agroindustriales, “narcoterroristas” – el efecto es prácticamente aséptico. Hace mucho tiempo que decidieron mantener sus dólares en el extranjero y acceder a ellos solo cuando haya verdadera necesidad. Comprar gasolina cara desde luego no lo es.
Los que “pierden” son los bancos, que llevan dos años registrando récord tras récord con sus arbitrajes y sus discrecionalidades. Veremos si cobran venganza.
La dimensión política
El efecto económico está en veremos, pero la dimensión política está en ebullición. El gobierno debe mantener la calma, pero los indicadores no son los mejores. La gran pregunta es si hay dólares para sostener esta situación o no y sin acuerdo con el FMI o con alguna otra entidad, todo parece tener más pinta de ser un gran cálculo político del que el gobierno espera salir airoso.
Ni Samuel Doria Medina ni Tuto Quiroga han querido entrar en polémicas con esta decisión, pero hay ruido de fondo: sobre la mesa está la Ley de Electricidad, la designación de magistrados para completar quórums en los máximos tribunales y el asunto de los autos chutos, que alguien ha traído a la primera plana de nuevo como para despistar. Los dos viejos aspirantes parecen apostar a que cualquier triunfo le salga caro.
El cálculo simple, sin embargo, parece ser otro: quedan más de 70 días de un Estado de Excepción que deshizo en tres días lo que no se logró deshacer en 53. Meter la devaluación en este momento hace que la reacción inmediata sea inviable. Con todo, la cita es para octubre, como siempre.
La euforia
Las conclusiones suelen diferir en función del espectador, pero cuando hay distancias muy grandes, alguien se ha perdido algo.
La autoproclamación de la victoria es parte del más viejo manual populista. Intercalarlo con la transmisión del evento deportivo más seguido del mundo, peor usando la artimaña del odioso “cooling break”, entra en el terreno pantanoso de la autocomplacencia.
El presidente llegó a Tarija para celebrar el 4 de julio, fecha del desembarco español en el valle central de Tarija hace 452 años, con buena parte de su gabinete, pero sin terno. En algún momento el baile de cifras puede ser mareante; en otros, simples estimaciones.
Y es que para variar, el mensaje a transmitir parece de nuevo atrapado en el conflicto de mediana intensidad que se vive al interior de un gabinete que se ha acostumbrado a culpar “a la comunicación”, cuando en realidad parece evidente que es un problema de coordinación – sea Lupo, sea Cerimedo o sea quien sea el responsable de ello -.
Unos apuestan por dejar atrás el conflicto y avanzar en las promesas de esos días: reconciliación, reordenamiento de gabinete, más escucha y más fidelidad al programa de campaña, para de alguna forma recuperar la legitimidad perdida.
Otros sin embargo parecen apostar por reclamar la victoria absoluta – “los movimientos sociales fueron derrotados” – y además ajustar cuentas con denuncias, encarcelamientos y exilios, como ha hecho el MAS “toda la vida”.
Lo curioso es que es de nuevo el presidente el que está asumiendo el desgaste colocándose al frente del sector “vengativo” y produciendo harto contenido para redes que, al final, todo el sector que no le votó y al que parece intenta conquistar responde con los mismo: ¿Y Evo?
¿Qué tan Bolivia en el mundo y el mundo en Bolivia?
Más allá de esta semana de 4 de julio y todos los murales del Teleférico paceño saludando la efeméride de EEUU, que alista el intercambio de embajadores, un debate de Ley ha evidenciado otra contradicción: La Ley de Pensiones prevé sacar entre el 30% y el 80% de los ahorros de los trabajadores al extranjero, mientras se plantea que el camino de reactivación es atraer inversión extranjera al país.
Tras la devaluación, el Fondo que era de unos 28.000 millones de dólares ha quedado reducido a unos 20.000. La mitad se invierte en el sistema financiero nacional, que de acelerarse la norma, quedará desprovisto de un buen capital de operaciones. No deja de ser contradictoria la formulación del artículo y sus posibles consecuencias.








