El complejo momento hidrocarburífero
Los escándalos en YPFB y ANH ponen a Akly y Medinaceli en el foco
El sector de Hidrocarburos, clave para las finanzas del país, lleva varios años concentrado en la provisión de combustible más que en la exploración de nuevos yacimientos. La retirada de la subvención hace que el asunto sea todavía más auditado, y en apenas tres meses se acumulan escándalos por la c
El 9 de noviembre de 2025 Rodrigo Paz designó ministro de Hidrocarburos a Mauricio Medinaceli. No fue sorpresa. Medinaceli es un experto en el área que ha trabajado en los principales países petroleros del mundo y que en Bolivia se erigió en uno de los críticos más respetados del modelo hidrocarburífero del MAS, advirtiendo de los problemas estructurales en los que podía incurrir YPFB y alentando una nueva Ley de Hidrocarburos.
Ese mismo día juró Yussef Akly Flores juró como presidente ejecutivo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), heredando una empresa con patrimonio neto de Bs 54.390 millones, descubrimientos recientes valorados en miles de millones de dólares.
Medinaceli y Ackly, este último con amplio recorrido en las petroleras privadas que operan en el país, asumían la misión encomendada por el presidente Rodrigo Paz de “reconstruir y estabilizar” el sector energético a largo plazo, aunque la coyuntura asediaba el pensamiento a largo plazo: la falta de combustibles y la falta de dólares amenazaba la actividad productiva nacional y había que tomar decisiones urgentes.
Las filas, los precios… la calidad
El presidente Rodrigo Paz Pereira salió el mismo 9 de noviembre a recibir cisternas de combustible a El Alto, y aunque evidentemente esos contratos se habían firmado con el gobierno anterior, las filas en los surtidores desaparecieron casi de forma automática. Paz y su equipo denunciaron – sin identificar nombres – de grandes grupos organizados para el desvío de carburantes.
Al frente de la supervisión de los movimientos del combustible se encuentra la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), para la que Paz, a sugerencia de Medinaceli, eligió a Margot Ayala generando revuelo: Ayala había sido viceministra de Industrialización con Evo Morales. Ayala llegó a presentar la renuncia por las críticas, pero Medinaceli la rechazó. Varios colaboradores del anterior gobierno la identificaron como un cuadro técnico con vínculos con la Cámara Nacional de Hidrocarburos, que agrupa a las empresas privadas, que “facilitaba” los flujos de información, incluyendo a Medinaceli.
La siguiente decisión fundamental del área, de la mano del Gabinete Económico de Paz Pereira, fue la de levantar parte de la subvención – se fijaron nuevos precios en 6,96 y 9,80, lo que no es estrictamente una liberación -. La población había asumido esta posibilidad, y a pesar de que los nuevos precios no enfrentaban el principal problema, que es el derivado de la falta de dólares, fue aceptado y se salvó incluso tras las protestas que hicieron caer el Decreto Supremo 5503, donde se insertó esa medida junto a otro centenar de artículos que generaron el rechazo popular.
Parte de esos artículos del 5503 eran destinados al “Fast Track”, es decir, un mecanismo de entrega de contratos sobre recursos estratégicos en 30 días y por decreto. Artículos que entraban en colisión con lo dispuesto en la Constitución y que el gabinete pretendía saltar alegando una “Emergencia Económica” que no pasó el control popular.
La caída de este esquema le obligará a Medinaceli a buscar por Ley una forma más ágil de entrega de áreas reservadas a privados – objetivo declarado – y a fijar el marco de esos nuevos contratos de servicio. Paz Pereira ha hablado de “50 – 50%” también en ese concepto, frente a los “82-18” que el masismo defiende que se impuso, aunque lo cierto es que las petroleras siempre recibieron “incentivos” y generosos reconocimientos de inversión mediante el Anexo D de los contratos.
La calidad, los precios… ¿las filas?
A mediados de enero varios transportistas empezaron a denunciar la mala calidad de la gasolina distribuida en los surtidores que llegó al extremo de arruinar – según denuncias sindicales - hasta 5.000 motores en todo el país.
Ministerio, ANH y la propia YPFB emitieron comunicados contradictorios – mala mezcla con etanol, vaciamiento de tanques por debajo del nivel de seguridad, etc.) y el presidente Rodrigo Paz lo despachó con un “boicot” de funcionarios del MAS que se saldó con despidos masivos en YPFB Transporte.
La lentitud en la toma de decisiones y comunicación de explicaciones expuso también a una empresa argentina, Camín Cargo, a la que se le contrató de forma directa el control de calidad. Camín Cargo defiende sus mecanismos, y Akly, a través de un comunicado de YPFB, aseguró que el servicio no se había adjudicado porque se observaron “fallas técnicas” en las propuestas, generando aún más dudas.
Por su parte, Ayala presentó su renuncia a la ANH recién el 10 de febrero y, esta vez sí, Medinaceli la aceptó. El propio Medinaceli salió a informar sobre la conformación de un seguro para cubrir los gastos provocados por el mal servicio, advirtiendo que habrá que demostrar efectivamente el daño. En cualquier caso, el Seguro es dispuesto por el Estado, tranca o no.
Trafigura
El último escándalo que vuelve a salpicar a YPFB y el sector de Hidrocarburos tiene que ver con la provisión de combustible y los contratos firmados y modificados con Trafigura, accesibles en el SICOES y exhibidos por DTV, donde las primas por entrega de la mercancía en diferentes puntos de carga del país son muy superiores a las que pagaba la muy cuestionada BoTrading.
El presidente de YPFB ha vuelto a negar que se hayan firmado contratos y al mismo tiempo, ha defendido que la proponente era la más barata de los ofrecidos.
“El contrato original establece la compra de crudo y condensado para el mercado interno, con entregas programadas en la planta Tiwipa de Chuquisaca y en la estación Pocitos de Yacuiba. La documentación precisa las primas correspondientes: 21,88 dólares para Tiwipa y 20,88 dólares para Positos. Los firmantes del contrato son Carlos Alfredo Cuéllar Pinto, Sebastián Juchimiuk Jaworski, representante de Trafigura, y María Alejandra Guzmán, profesional abogada. Los contratos modificatorios confirman los mismos acuerdos, manteniendo las condiciones de entrega y precios, y reflejan la continuidad de las operaciones de suministro al mercado interno. La presentación de estos documentos evidencia que YPFB sí ha suscrito acuerdos con Trafigura y que la negación del presidente de la estatal contradice la realidad documentada” denunció Junior Arias en DTV, denuncia que ha ratificado ante la comisión parlamentaria, puesto que los documentos son públicos.
La diputada del Partido Demócrata Cristiano – ala larista – presentó una denuncia pública contra un supuesto “cártel de la gasolina” que operaría en torno a la importación y control de los combustibles, señalando a Yussuf Akly y al empresario Jorge Alberto Roca, designado director de YPFB.
Akly, mientras tanto, pronunció las palabras mágicas: “no voy a renunciar por ningún motivo”, defendió su trayectoria y se atrincheró sobre la posición oficial de culpar a un supuesto boicot, recordando que “hemos venido a arreglar una empresa que la usaron como botín político”.
El presidente Rodrigo Paz también se pronunció levemente sobre el tema, señalando que “no se pueden comparar contratos con ofertas” – aunque en realidad los contratos se hacen sobre las ofertas – pero agregó una reflexión poco habitual en el mensaje oficial: lo sucedido es una alerta para el Gobierno porque se está “haciendo un gran esfuerzo” para “hacer las cosas de forma transparente”.
La visión a largo plazo
El momento de YPFB es complejo y requiere liderazgos y visiones claras, viene señalando el Gobierno, que sin embargo sigue entrampado en los asuntos del combustible. Tres décadas de transformaciones radicales precedieron este momento: la capitalización de 1996 que fragmentó YPFB en empresas mixtas controladas por transnacionales, la nacionalización de 2006 bajo Evo Morales que intentó revertir ese proceso, que fracasó por boicots y decisiones erróneas al priorizar aspectos políticos sobre la propia sostenibilidad del modelo extractivo.
La trayectoria de Akly suma a este momento. También la de Medinaceli. Akly es ingeniero industrial con maestría en Petróleo y Gas Natural, representó durante 15 años a las empresas privadas como director ejecutivo de la Cámara Boliviana de Hidrocarburos y Energías (CBHE) entre 2005 y 2020, y pasó cinco años como gerente general de YPFB Andina, subsidiaria que aporta el 40% de la producción nacional de gas, donde Repsol tiene el 48,33% de acciones.
Su designación no fue accidental. Paz busca en Akly el perfil “técnico” cercano a las petroleras capaz de implementar transformaciones que el gobierno considera urgentes. De momento las cuestiones administrativas más elementales le están complicando.
¿Cómo está YPFB?: El patrimonio y las filiales
YPFB Corporación cerró 2024 con patrimonio neto de 54.390 millones de bolivianos, activos totales de 101.360 millones y pasivos de 47.000 millones. El patrimonio ha declinado 7,9% desde 2022 (59.043 millones), resultado de distribuciones de dividendos que superan la reinversión de ganancias, mientras los pasivos aumentaron 84% en el mismo período, indicando fragilidad patrimonial.
El sistema YPFB incluye siete filiales con desempeño dispar. YPFB Andina (patrimonio estimado de 4.000 millones de bolivianos) aporta el 27% de la producción nacional, pero tiene participación accionaria 50/50 con Repsol, limitando el control estatal. YPFB Chaco, también con propiedad casi completa de YPFB, enfrenta situación crítica con pérdidas de 444,1 millones de bolivianos en 2021-2022 y producción declinante.
Las filiales más sólidas son YPFB Refinación (ingresos de 968 millones de dólares en 2024), YPFB Transporte (utilidad neta superior a 80 millones de dólares) y YPFB Transierra (utilidad de 12,2 millones en 2023). YPFB Aviación y YPFB Logística se recuperaron después de la crisis pandémica.
El valor patrimonial de los descubrimientos de Mayaya y Bermejo, calculado conservadoramente con valor presente del flujo de caja proyectado a 30 años, suma 7.830 millones de bolivianos adicionales, elevando el patrimonio potencial total del sistema a aproximadamente 65.000-73.000 millones de bolivianos.
Por otro lado, el Plan de Reactivación Upstream (PRU), lanzado en 2021 con 56 proyectos exploratorios, produjo resultados mixtos pero dos descubrimientos destacan. En julio de 2024, YPFB anunció el hallazgo del campo Mayaya Centro-X1 en el Subandino Norte, municipio de Alto Beni, La Paz. El pozo alcanzó 6.000 metros de profundidad y reveló reservas certificadas de 1,7 trillones de pies cúbicos (TCF) de gas natural, con potencial de hasta 6,7 TCF en estructuras aledañas.
S&P Global Commodity Insights ubicó a Mayaya entre los 10 mayores descubrimientos de petróleo y gas del mundo en 2024, superando hallazgos en Rusia, Egipto y Estados Unidos, validando su importancia. El campo abre la cuenca del Subandino Norte, zona históricamente inexplorada que abarca La Paz, Beni y Pando, con potencial estimado de 17 TCF. La inversión requerida para desarrollar Mayaya se calcula en 403 millones de dólares, incluyendo la construcción de un gasoducto de 455 kilómetros hasta el sistema nacional. La producción podría iniciar en 2026 con 1,4 millones de metros cúbicos diarios, aumentando a 2,5 millones con cinco pozos adicionales. YPFB busca un socio internacional que aporte tecnología y capital, con empresas como Repsol, Petrobras y Fluxus mostrando interés.
Premios, comisiones sobre precios, corrupción y la polémica de la importación de petróleo
Por Gonzalo Chávez Álvarez
1. Ha estallado en el debate nacional la sospecha de un posible sobreprecio en la compra de petróleo por parte de YPFB. Y como suele ocurrir en estas latitudes tropicales de la indignación permanente, el tema ha viajado en cuestión de horas desde el terreno técnico al lodazal político.
2. Aparecen las denuncias fulminantes, las verdades a medias, las mentiras completas y los análisis de sobremesa convertidos en sentencia irrevocable. Mientras tanto, el aspecto verdaderamente complejo, el técnico, el financiero, el contractual, queda arrinconado, como si la ingeniería de precios internacionales pudiera resolverse con un eslogan.
2.1 Antes de repartir culpas o levantar hogueras, conviene respirar hondo y entender cómo se forma realmente el precio del petróleo en contratos internacionales. Porque en este negocio, como en casi todos los que involucran miles de millones de dólares, los detalles no son accesorios: son la esencia.
3. En el mundo petrolero hay fórmulas que parecen inocentes, casi escolares, pero que esconden novelas enteras de ingeniería, finanzas y derecho internacional. Una de ellas es esa aparentemente sencilla ecuación: Precio = WTI + Premio. Traducido al castellano llano: el planeta pone el precio base y el proveedor añade el resto… con todo lo que eso implica.
4. El WTI es el benchmark, el termómetro global del crudo. Es el precio que sale del mercado de futuros de Nueva York, citado por ARGUS y venerado por traders, refinadores y ministros de energía. Es el precio “de manual”, limpio, académico, casi de pizarra universitaria. Hasta ahí todo es transparente: el mundo dice cuánto vale el barril.
5. Pero luego aparece el famoso “Premio”. Y ahí empieza la vida real. En la jerga internacional no siempre se le llama premio; a veces es diferencial, spread, o margen. Cambia el nombre, no la esencia: es el ajuste que convierte un precio abstracto de Texas en un barril entregado físicamente en frontera, con transporte, seguros, almacenamiento, financiamiento y, si el contexto lo exige, una buena dosis de paciencia estratégica.
6. Ese premio suele incluir varias capas. Primero, la calidad: no todos los barriles son iguales aunque todos se midan en barriles. Si el producto no es exactamente WTI, hay que ajustar por gravedad API, contenido de azufre y rendimiento en refinación. Después viene la logística, que en hidrocarburos no es mandar una encomienda por courier. Fletes marítimos, seguros, costos portuarios, transporte terrestre, demoras (. En un contrato DAP, el vendedor asume todo hasta el punto de entrega, y naturalmente lo incorpora en el precio. La filantropía no es una variable energética.
7. Luego está el componente más silencioso pero más sofisticado: el financiamiento. Si el proveedor paga hoy y cobra en 60 o 90 días, ese dinero tiene un costo. Líneas de crédito, tasas internacionales, cartas de crédito, riesgo país del comprador. ¿Aparece como “interés” explícito en el contrato? Casi nunca. Va cuidadosamente disuelto dentro del premio. No dice “WTI + logística + 5% anual”. Dice simplemente “WTI + 20 dólares”. Y dentro de esos 20 conviven logística, riesgo y capital financiero con admirable discreción.
8. A eso se suma el riesgo comercial. No es lo mismo venderle a un comprador en un país con reservas robustas en dolarachos y estabilidad cambiaria que hacerlo en un entorno con volatilidad macroeconómica y discusiones políticas apasionadas. El mercado no castiga con discursos, castiga con diferenciales. El premio, en buena medida, es una radiografía del riesgo percibido.
9. Y finalmente, claro está, está la utilidad. El contrato que menciona que el premio incluye “utilidades que considere el proveedor” tiene una elegancia jurídica notable. Es válido, perfectamente determinable, no tiene nada ilegal. Pero desde la óptica financiera implica una amplitud considerable. Es como decir: “Incluye lo necesario… y lo que yo estime necesario”. La legalidad puede ser impecable y, al mismo tiempo, la discusión económica puede ser perfectamente legítima.
10. ¿Es normal un premio de 20 dólares por barril como en el caso Boliviano? Depende del contexto. En mercados muy competitivos los diferenciales suelen ser menores. Pero cuando el premio alcanza magnitudes importantes, ya no estamos solo ante costos logísticos; estamos ante financiamiento, riesgo y condiciones de mercado particulares. Ahí es donde el análisis técnico deja de ser trivial y se vuelve estructural.
11. En definitiva, el WTI es el precio del mundo. El premio es el precio de la realidad concreta. Dentro de él caben calidad, transporte, financiamiento, riesgo y margen. Sí, puede incluir interés implícito si la operación es a plazo. No, casi nunca se lo presenta como tal. La pregunta relevante no es si existe premio, porque siempre existe, sino si su magnitud es consistente con los costos y riesgos que pretende cubrir.
12. En petróleo, como en finanzas, la ecuación nunca es solo aritmética. Es también geopolítica, crediticia y estratégica. Y detrás de cada “WTI + Premio” hay algo más que números: hay condiciones de mercado, percepción de riesgo y, por supuesto, la eterna negociación entre quien vende energía y quien la necesita con urgencia.
13. Finalmente, este concepto premio también puede ser la puerta para comisiones indebidas y oportunidades de corrupción.
14. Si queremos que en este mundo político la narrativa no termine secuestrada por los agitadores profesionales, los opinadores de consigna, los pre-pitagóricos en matemáticas y los cruzados de la ideología permanente, el primer paso no es gritar más fuerte: es entender mejor. Porque cuando un tema técnico, como el precio del petróleo, se abandona al terreno de la indignación exprés, deja de discutirse con datos y empieza a debatirse con adjetivos. Y los adjetivos, como sabemos, no refinan gasolina.
Este reportaje periodístico tiene la finalidad de difundir en lenguaje accesible los resultados de investigaciones basadas en documentos disponibles de acceso público, tales como Estados Financieros, Auditorías externas a los Estados Financieros, Calificaciones de riesgo, Memorias Anuales, Prospectos de emisión de valores, reportes a entidades regulatorias, actas de juntas de accionistas, actas de reuniones de directorios, registros documentales de actividades empresariales, que incluyen testimonios notariales, poderes, informes de registro público, estudios de expertos y otros. Todos, sin excepción, auténticos y registrables.
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