Mirar al suicidio de frente
185 suicidios han sido registrados los últimos 5 años en Tarija. Una media de 37 hechos por año. Los jóvenes y adolescentes de entre 15 y 25 años concentran la mayor parte de las situaciones de riesgo y casos consumados.
El suicidio es multicausal y la problemática es compleja. Las causas incluyen factores sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales. En muchos de estos casos subyacían problemas de salud mental previos, especialmente la depresión.
Al respecto, este año se presentó un estudio sobre salud mental de adolescentes en Tarija. Según el mismo, seis de cada diez estudiantes presentan problemas vinculados a la depresión, de los cuales cuatro registran niveles de severidad entre media y compleja. Uno de los datos más sensibles refleja que el 7% de adolescentes mujeres ha tenido pensamientos suicidas. Respecto a la prevención y atención, el 65% de los adolescentes nunca ha acudido a un psicólogo, lo que muestra las barreras de acceso, la falta de información e incluso estigmas en torno a este tipo de atención.
El fenómeno tampoco es aislado ni nos toca únicamente a nosotros. Según UNICEF publica, Bolivia tiene una de las tasas más altas en suicidios de niñas y niños entre los 5 y 14 años. Y sin ir más lejos, en Argentina el suicidio alcanzó récords históricos y hoy es la primera causa de muerte violenta en el vecino país, por encima de homicidios y accidentes de tránsito. El suicidio a nivel mundial es una de las principales causas de defunción entre jóvenes de 15 a 29 años. La tasa mundial de suicidios de hombres representa más del doble que la de las mujeres. Por cada suicidio, muchas más personas intentan suicidarse. El 73 % de los suicidios mundiales ocurren en países de ingresos bajos y medios. América destaca como la única zona del mundo donde las tasas de suicidio siguen aumentando. ¿Cómo puede entenderse esto?
El suicidio acarrea aún un alto nivel de estigma, hablar de ello a nivel personal y público sigue siendo difícil. Sin embargo las cifras nos muestran un drama silencioso que está presente, hablemos o no de ello. Cada hecho consumado devasta a la familia y afecta fuertemente el entorno de la víctima. También muestra la situación de prioridad de la salud mental y cómo las condiciones de este ámbito pueden orillar a las personas a decidir quitarse la vida.
El hecho de que los grupos etáreos más afectados sean los adolescentes y jóvenes, preocupa de sobremanera y nos enfrenta a varias preguntas de difícil respuesta: ¿qué está ocurriendo para que nuestros jóvenes no perciban esperanza en el presente ni en el futuro? ¿Qué les estamos negando como país y sociedad? ¿Qué podemos hacer para prevenir más suicidios entre nuestros adolescentes y jóvenes? ¿Qué peso y espacio tiene el cuidado de la salud mental en nuestra sociedad? ¿Cómo podemos proteger de mejor manera a nuestros adolescentes y jóvenes frente al suicidio?





