¡Trump Presidente!
La sociedad estadounidense no se ha recuperado de la crisis del 2008, cuando se desplomó la demanda de productos de los países desarrollados. Tal cual hemos comentado también, entre las principales causas identificadas para explicar el deterioro de la economía global está su pesada...
La sociedad estadounidense no se ha recuperado de la crisis del 2008, cuando se desplomó la demanda de productos de los países desarrollados. Tal cual hemos comentado también, entre las principales causas identificadas para explicar el deterioro de la economía global está su pesada dependencia de la enorme inversión realizada en las economías de los mercados emergentes (México, China), como consecuencia directa de la tendencia declinante de las tasas de ganancia en el centro industrial norteamericano. Este fenómeno implicó el empobrecimiento violento de la clase media y de muchos trabajadores estadounidenses, especialmente aquellos estadounidenses “blancos” del mundo rural, atrasados políticamente, cristianos protestantes y conservadores, que vieron estancarse o disminuir sus ingresos en los últimos años y que ahora se expresaron abierta y furiosamente contra el “status quo” y contra la clase política tradicional que les había mentido ya por demasiado tiempo.No fueron suficientes los masivos mensajes de los principales medios de EEUU, desde CNN hasta el New York Times, o los llamados de conocidas personalidades de la ciencia, el cine o la música que, de manera explícita e incluso grosera (Robert De Niro), lo caracterizaron como la más peligrosa y negativa opción de la historia, Donald Trump es el actual Presidente Electo, sin lugar a dudas.Si resulta claro, entonces, que fue la figura del “pequeño burgués enfurecido” por la degradación de su estándar de vida, la que lo hace presidente y si los propios medios masivos estadounidenses han presentado al mundo la imagen de un Trump racista, misógino e intolerante, no resistimos hoy la tentación de revisar el análisis que hiciera Leon Trotsky en 1933 en relación al nazismo alemán y el surgimiento de Adolf Hitler. El revolucionario ruso comienza diciéndonos que, en las particulares condiciones que impuso la crisis en la Alemania post Segunda Guerra Mundial, “…no todo pequeño burgués enfurecido podía haberse convertido en Hitler, pero en cada pequeño burgués enfurecido había una partícula de Hitler”.“El país estaba lleno de gente arruinada, anegada, con cicatrices y heridas recientes. Todos ellos querían aporrear la mesa con su puño. Hitler podía hacerlo mejor que los demás.”“Las clases condenadas, como los enfermos incurables, no se cansan de hacer variaciones sobre sus quejas ni de escuchar consuelo. Todos los discursos de Hitler armonizaban con este tono. Un sentimentalismo informe, una ausencia de pensamiento disciplinado, una ignorancia pareja a una erudición desordenada: todos estos menos se convirtieron en más. Le proporcionaron la posibilidad de unificar todos los tipos de descontento en el crisol de mendigo del nazismo, y de dirigir a la masa en la dirección en que aquélla le empujaba.”No es difícil parafrasear a Trotsky en el análisis del proceso estadounidense: “El «renacimiento» nacional descansa por completo en las clases medias, la parte más atrasada de la nación, el pesado lastre de la historia. El arte político consiste en fundir la unidad de la pequeña burguesía mediante su hostilidad común hacia los inmigrantes, hacia los musulmanes, hacia los latinos. ¿Qué hay que hacer para mejorar las cosas? Ante todo, aplastar a los que están abajo. Impotente ante el gran capital, la pequeña burguesía enfurecida espera reconquistar en el futuro su dignidad social con la ruina y la deportación de estas minorías odiosas.”No podemos aquí dejar de establecer un paralelismo impresionante: ¡Hitler, prometiendo la relocalización de los “untermensch” (judíos y gitanos) en el Este de Europa y el Donald prometiendo la deportación de 11 millones de inmigrantes! Este discurs o escaló en la Alemania de 1942 hacia la “Solución Final del problema Judío”, el exterminio en los campos de muerte. ¿Cómo puede escalar en los EEUU la “solución final del problema musulmán” o del “problema mexicano”? ¿Será que la institucionalidad democrática estadounidense, basada en “pesos y contrapesos” podrá frenar al Trumpismo? No tardaremos mucho en averiguarlo.Lo concreto es que el Donald ha convocado a la política a los bajos fondos de la sociedad estadounidense. Como observa Trotsky, en su artículo de 1933 para Alemania: en la actualidad, en extensas regiones de los EEUU, no sólo en los hogares campesinos, sino también en los rascacielos urbanos, conviven los siglos XXI, XX y X o XIII. ¡Millones de personas utilizan la internet, los celulares y los complejos satelitales, sin embargo todavía creen en el poder mágico de gestos y exorcismos; los astros del cine van a los médiums; los aviadores y astronautas que pilotean esos milagrosos mecanismos creados por el genio del hombre utilizan amuletos en sus ropas; los astrólogos asesoran a los Reagan y algunos monos y pulpos predicen el futuro!¡Qué reservas inagotables de oscurantismo, ignorancia y barbarie! Resuenan con tal fuerza en mi mente las palabras finales de Lev Davidovitch: “La desesperación los ha puesto en pie, el trumpismo les ha dado una bandera. Todo lo que debía de haberse eliminado del organismo nacional en forma de excremento cultural en el curso del desarrollo normal de la sociedad (el odio racial y religioso a mexicanos, latinos, negros, árabes y musulmanes; el desprecio visceral por la mujer y su condena a servir de florero y objeto de placer al servicio de las estrellas del espectáculo, etc.), lo arroja ahora por la boca el Presidente Electo; la sociedad capitalista vomita la barbarie no digerida. !Tal es la fisiología del “trumpismo” republicano!


