¡La Autonomía Regional del Chaco tarijeño y la cuestión indígena!

En primer lugar es preciso destacar cuánto han cambiado las percepciones y actitudes del criollaje hacia los indígenas chaqueños. El EAR exhibe en varios artículos un fuerte compromiso de respeto e inclusión de los tres pueblos indígenas que coexisten en el territorio chaqueño con el mundo...

En primer lugar es preciso destacar cuánto han cambiado las percepciones y actitudes del criollaje hacia los indígenas chaqueños. El EAR exhibe en varios artículos un fuerte compromiso de respeto e inclusión de los tres pueblos indígenas que coexisten en el territorio chaqueño con el mundo básicamente occidental de quienes elaboraron la nueva norma. Durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, el manejo discriminatorio de la cuestión indígena por parte del Estado boliviano impactó negativamente en la región. El profesor Erick Langer identifica tres dimensiones de análisis para entender ese proceso: 1) la resistencia indígena a la penetración criolla; 2) el uso de la mano de obra indígena en regiones vecinas al Chaco y 3) la forma en que las elites criollas, tanto en el nivel nacional como el departamental, concebían el lugar y el rol subordinado y marginal de los indígenas en estos territorios.Este “tira y afloja” entre la resistencia a la penetración de las haciendas criollas y la tentación de marcharse a los ingenios azucareros argentinos u otras opciones laborales en los márgenes del Chaco caracterizó el periodo desde 1830 a 1932. “Esta región fue explorada durante el siglo XVI por aventureros españoles y luego largamente abandonada”, señala Langer (“Indigenous peoples of the Chaco and the conformation of Bolivia, Argentina and Paraguay, 1830-1932). La mayoría de los indígenas se refugiaban en las misiones solo cuando terminaban los periodos de cosecha y de pesca, de manera que nunca fueron incorporados al sistema colonial español. Los españoles intentaron construir una extensa red de “evangelización” (domesticación) de estas poblaciones estableciendo en el siglo XVIII las misiones católicas en la periferia del Chaco, desde las misiones jesuitas de Chiquitos en el norte a las misiones franciscanas en la Chiriguanía; de los jesuitas en Salta a las misiones jesuitas en Paraguay hacia el este.El avasallamiento criollo tuvo episodios de violencia extrema, por ejemplo contra los numerosos guaraníes que cultivaban el maíz en la frontera nor-oeste; contra los weenhayek que eran básicamente pescadores; y contra los combativos tobas (Qom) que habían aprendido a usar los rifles y el caballo como armas de guerra y que controlaban extensas áreas del Chaco Central.El segundo ciclo de la minería de la plata en Bolivia incentivó la expansión de la ganadería criolla hacia los territorios indígenas, apoyada en armamento moderno como los rifles de repetición que fueron introducidos en ese periodo y en “fortines” militares equipados y financiados por privados.Hacia el final del siglo XIX, los salteños adquirieron moderna maquinaria para el procesamiento del azúcar en sus plantaciones, las mismas que se convirtieron en poderosos polos de atracción para los indígenas bolivianos, perseguidos como animales en sus territorios ancestrales en Bolivia. Las misiones franciscanas, a partir de 1840, hicieron posible superar la resistencia indígena alterando el sistema político y creando núcleos de población indígena aliada a los criollos.Estos esfuerzos por una domesticación lenta, pero pacífica de los indígenas del Chaco por parte del criollaje, sin embargo, no prosperaron, y a partir de 1880 el Estado Republicano cambió de política hacia el establecimiento de fortines militares financiados por rancheros privados que recibían a cambio extensas propiedades (una legua cuadrada era lo mínimo) en las proximidades del fortín, expulsando por la violencia a la población indígena o esclavizándola a su servicio.En 1882 los tobas mataron al explorador Crevaux en Teyu. Ese hecho disparó la expedición punitiva de Daniel Campos en 1883. En 1884 se firma el tratado de paz, impulsado por los franciscanos. En ese documento, los militares bolivianos prometen una “guerra de extermino total” a los indígenas que se aparten del mismo. Los criollos asaltaron, luego del tratado, los pueblos indígenas asesinando a los hombres y esclavizando a las mujeres. El asesinato de los indígenas “a simple vista” se prolongó hasta entrado el siglo XX, con episodios sangrientos en 1911, 1912, 1916 y 1918.En 1905 el Congreso creó la Delegación del Gran Chaco, designando a Leocadio Trigo como Primer Delegado. Este hombre, abiertamente anticlerical, odiaba a los franciscanos y organizó varios fortines en medio del territorio toba, weenhayek y tapiete. Para el periodo de la Guerra del Chaco, a diferencia de la política de alianzas que desarrollaron los paraguayos con las poblaciones indígenas, los bolivianos no habían salido todavía de la lógica destructiva y criminal con que los habían tratado durante el último siglo, de manera que su incorporación al conflicto bélico fue más bien anecdótica. Hoy, muchos estudiosos concuerdan en que los resultados desastrosos para los bolivianos en esta guerra se debieron, en varias oportunidades, al desconocimiento del terreno y al fútil intento de aclimatar de golpe a indígenas altiplánicos que por primera vez en su vida caminaban las ardientes arenas chaqueñas.Volviendo entonces al tema del EAR que se va a pactar dentro de poco, podemos decir que la voz de los indígenas se escucha hoy mucho más fuerte y que es ahora el Estado Plurinacional el que garantiza sus derechos. Ellos tendrán casi el 20% de los escaños de la Asamblea Regional y podrán de alguna manera reclamar para sus pueblos la asignación de recursos en concordancia con lo establecido en los artículos 9, 10, 12 y 14. El camino hacia su autonomía plena es todavía largo, pero estamos seguros de que los indígenas tarijeños lo recorrerán sin rencores, preservando su cultura y contribuyendo al bienestar de nuestra comunidad global.


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