En el Día del Médico, ni tiene mi mortal locura, cura

La participación de los médicos en el estudio de las enfermedades que causan grandes males a la humanidad, como la tuberculosis, mal de Chagas, VIH SIDA o del contagio de que son objeto demuestra cuán importante fueron en las investigaciones legadas.Se puede registrar que la historia del...

La participación de los médicos en el estudio de las enfermedades que causan grandes males a la humanidad, como la tuberculosis, mal de Chagas, VIH SIDA o del contagio de que son objeto demuestra cuán importante fueron en las investigaciones legadas.Se puede registrar que la historia del médico, filósofo o artista, reconociendo que todo está dominado por un ritmo eterno e inmutable, nacieron junto a la primera expresión de vida o del sufrimiento y su primer deseo de aliviarlo. Desde el arte la medicina se reveló uno de los más curiosos descubrimientos, el eco, que no es otra cosa que escuchar una repetición del sonido. Este fenómeno maravilló al hombre desde siempre. Cuenta la mitología que un buen día el poderoso Júpiter, cansado de los celos de su mujer Juno, intentó un ardid para castigarla por sus excesos de celos, pues contrató a una ninfa llamada Eco, quien era reconocida y famosa por su capacidad en el arte de la conversación. Entretenida Juno por la amena charla que le brindaba Eco, dejo de espiar y vigilar a su marido, pero tiempo después descubrió la artimaña. Eco fue condenada al uso limitado de la palabra, permitiéndosele sólo repetir las frases pronunciadas por otras. Muda y desdichada vagó largamente por las praderas.  El cuerpo de Eco se fue deteriorando, su piel arrugada y sus huesos se transformaron en una roca. Ya sin apariencia humana, solo su voz se repite inexorablemente, siendo la única huella de su existencia. El fonendoscopio, el ecodoppler, la misma ecografía y la resonancia tienen su origen en el sonido.  Los médicos que transitaron con su sabiduría por este campanario tarijeño sirvieron con mucha fe, dedicación y abnegación al hombre que habita estos lares y sobre todo con el gran don del chapaco. Se inmortalizaron con hombría de médico en las candentes arenas del Chaco, o las más de las veces por los lúgubres pabellones del antiguo hospital San Juan de Dios, o prestaron sus conocimientos en los diversos ámbitos de la sociedad y en las aulas universitarias.También se destacaron en los foros internacionales, figurando en la firma de fundación de la OPS como delegado boliviano. Otros en la gran ciudad de Buenos Aires, donde existen salas de conocidos hospitales que llevan su nombre o ejerciendo alguna vez como directores o contribuyendo con algún descubrimiento científico, como equipo Argentino, lo que les permitió ser candidatos para el premio Nobel de medicina.  Allá por los años de 1950 se erigió un monumento a Hipócrates, en pleno corazón del vetusto edificio de la ex Unidad Sanitaria, hoy Sedes, otrora hospital militar para la atención de los que saldrían heridos de la Guerra del Chaco, allá en la calle Potosí. Único en su imagen preserva la memoria del médico, lastimosamente se encuentra deteriorado, por lo que urge su restauración.Recordar este día para el médico es brindar el sitial que le corresponde en la estación más lozana del tiempo, el equinoccio de la primavera, donde se deja atrás el invierno y el sol se acerca a la bóveda celeste y renace florida la naturaleza con alegría y juventud.También que sea motivo de profunda reflexión junto a la historia de las ideas y los hechos que marcan el ritmo del tiempo. Con los harapos de la pobreza que rodean los pueblos de nuestra ciudad u otros páramos, diremos que no hay en mi “desconsuelo suelo ni tiene mi mortal locura cura”. Felicidades médicos.


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