Una alianza explosiva
El conflicto quedó marcado por la violencia que suscitó el uso de dinamitas que no sólo puso en riesgo la vida de efectivos policiales enviados para evitar posibles abusos en los bloqueos, también rememoró el decreto 2754, emitido por don Evo el 1 de mayo por el Día del...
El conflicto quedó marcado por la violencia que suscitó el uso de dinamitas que no sólo puso en riesgo la vida de efectivos policiales enviados para evitar posibles abusos en los bloqueos, también rememoró el decreto 2754, emitido por don Evo el 1 de mayo por el Día del Trabajador. Esa norma que derogaba el Decreto 1359, firmado en 2012, que veta el uso de dinamita en manifestaciones públicas, fue justificada por el Presidente, quien adujo que el uso de dicho explosivo en marchas, es un símbolo sacro de las conquistas sociales gestadas por el sector minero. Los mal pensados sostenían que tal decreto fue emitido ante la posibilidad de impulsar en algunas urbes, manifestaciones de movimientos sociales que exijan nuevo referendo para posibilitar la re–re–re–recontra reelección. Parece que hoy, semejante remedio, tuvo que tragárselo el propio Gobierno. Lo evidente es que el bloqueo de los cooperativistas en busca de mayores privilegios de los que logró, gracias a su alianza con el proceso de cambio, derivó en el rechazo total de la población, pues se trata de un sector cuyos dirigentes, gracias a ese pacto, ya han amasado enormes fortunas. Desde su creación, las cooperativas mineras son un sector cuyos métodos de trabajo –tanto técnico como laboral– nunca superaron los niveles del capitalismo más primitivo, lo que repercute en un daño ambiental irreversible, además de condiciones laborales subhumanas para sus dependientes. Pese a ello, otra de sus demandas, exige el veto a la sindicalización de sus dependientes, aunque las condiciones que ofrecen a sus cada vez más numerosos trabajadores son precarias, lo que ya es paradójico pues, se supone que los mineros son los primeros defensores de los derechos laborales. Pero los grandes privilegios de los cooperativistas mineros gracias al proceso de cambio no terminan allí, también apuntan a la preferencia en la concesión de áreas de explotación minera, además de subvenciones de diversa índole y, claro, una reducción inaudita de sus obligaciones impositivas. El Ministro de Gobierno dijo algo como que, el sueño de los cooperativistas es tenderse en una hamaca y, desde allí, ver cómo crecen sus fortunas. No es cierto, esa realidad ya la viven gracias al proceso de cambio. Bueno sería que hoy el Gobierno decida cortarles tanto privilegio. ¿O temerá a los dinamitazos?


