Prosol: imposición y negociación (O la diferencia entre “luchar” y “ponerse de acuerdo en ponerse de acuerdo”)
El conocido escritor y experto en temas de negociación, Enrique Fernández Longo, hace unos años me hizo llegar, desde Buenos Aires, algunas de sus reflexiones sobre Bolivia. Enrique, fallecido recientemente, en una de sus últimas comunicaciones me comentó su percepción de los líderes y...
El conocido escritor y experto en temas de negociación, Enrique Fernández Longo, hace unos años me hizo llegar, desde Buenos Aires, algunas de sus reflexiones sobre Bolivia. Enrique, fallecido recientemente, en una de sus últimas comunicaciones me comentó su percepción de los líderes y actores políticos y sindicales del oficialismo y la oposición en Bolivia.En criterio del argentino, este grupo le pareció compuesto por personas muy inteligentes y educadas, pero la sensación que tuvo es que “…para ellos lo único aceptable es la imposición como método, con la exigencia de que la otra parte se someta, cuando precisamente la otra parte quiere exacta y simétricamente lo mismo. No se sienten copropietarios del proceso de negociación, no entienden que son inevitablemente socios de hecho en ese proceso y que sus representados, que no participaban del mismo, eran los destinatarios de la pericia e impericia con que lo llevarán a cabo”.Compartí entonces y comparto hoy su asombro ante la enorme dificultad que tenemos los bolivianos —después de horas interminables de discusión—, para entender que estamos atrapados en un círculo vicioso:“…si esto ocurre en un pequeño grupo de ‘iguales’, en sentido relativo, la dificultad se multiplica cuando los que tienen que negociar han construido una historia de muchos años de profundas ‘desigualdades’. El vínculo “amo – esclavo” que es la base de esta manera de “con – vivir”, engendra una cultura autoritaria de “ganar – perder”, que produce dos tipos de sometimientos: el sometimiento propiamente dicho, en el cual el más débil agacha la cabeza lleno de resentimiento hacia el que lo somete y hacia sí mismo por su falta de coraje. El otro sometimiento es la rebeldía, el sometimiento inverso, en el que tampoco puede prosperar la creatividad y la verdadera libertad, porque lo que uno hace es lo opuesto a lo que le piden.Esto es lo que engendra el autoritarismo y el estancamiento, solamente sometimiento o rebeldía. No puede engendrar libertad, salvo que uno se dé cuenta y logre escapar de la trampa, rompiendo el círculo vicioso, eligiendo realmente lo que le conviene, aunque en parte sea el pedido del otro.”Propongo este debate sobre cultura de negociación, justo en el momento en que los campesinos tarijeños reinician su lucha por defender una importante conquista de su sector: el Programa Solidario Comunal (Prosol).Es evidente que se trata de un mecanismo directo y sin ambages para transferir recursos públicos, provenientes de la renta petrolera, al grupo social más vulnerable y más olvidado del periodo republicano. El Prosol es parte de aquello que René Zavaleta describía como la “querella por el excedente” y que marcó las luchas sociales del siglo XX boliviano; en las que me inscribo, sin dudar, en las filas de sus defensores, tanto hoy como cuando lo negociamos en Radio Tarija y luego trasladamos su aprobación al Senado, donde aprobamos la Ley 3741 del Prosol, el 14 de septiembre del 2007.Por otro lado, es también evidente que el programa, luego de casi 8 años de vigencia, y ante un brusco cambio de escenario por el colapso internacional de los precios del petróleo, requiere de una evaluación conjunta entre los beneficiarios y los agentes de retención transitoria de estos recursos que son los actuales administradores de la Gobernación tarijeña. De aquí que es imprescindible rayar correctamente la cancha de la negociación posible, de manera que preservemos el Prosol aunque redireccionando sus mecanismos y reglamentos para adecuarlos tanto a los resultados de esa evaluación impostergable, como al nuevo contexto que la crisis internacional de la industria petrolera genera.Resulta difícil, dadas las limitaciones de este espacio, compartir con este público tan amplio de lectores, otras reflexiones de este amigo argentino. Sin embargo, y de cara a nuestras “agendas” (Prosol, referéndum, plantas de tratamiento, etc), no puedo menos que terminar con ésta, su última reflexión sobre la necesidad de:Ponernos de acuerdo en ponernos de acuerdoConsiderada por él “la mejor fórmula, la más humana, la más civilizada, la más cordial, la que nos da ganas de seguir juntos, tejiendo la tela de nuestra vida en comunidad, de nuestra “con – vivencia”, como cómplices que queremos crear un mundo mejor para nosotros, nuestros hijos y toda la humanidad”.Bien dicho, Enrique.





