El affasaire llamado FIFA

Pareciese que el hacerse con el poder de cualquier institución no significa sino el hacerse rico económicamente. La cantidad de ejemplos que en torno a esto vemos todos los días nos reafirma en nuestra posición y a esa fuerza gravitacional ¡no pudo escapar ni la FIFA!En fin, que sirva para...

Pareciese que el hacerse con el poder de cualquier institución no significa sino el hacerse rico económicamente. La cantidad de ejemplos que en torno a esto vemos todos los días nos reafirma en nuestra posición y a esa fuerza gravitacional ¡no pudo escapar ni la FIFA!En fin, que sirva para ejemplo de aprendices que el crimen perfecto no existe, que todo es cuestión de tiempo. Pero he aquí unos componentes que llaman mucho la atención: muchos de los dirigentes detenidos o con pedido de captura provienen de Estados donde el fútbol ha generado una identidad verdaderamente gloriosa entre sus ciudadanos. Este aspecto es sumamente importante porque entre nosotros el fútbol ha generado exactamente lo contrario, nos hunde cada vez más en escenarios de frustración colectiva y nos acostumbra a festejos exitistas, efímeros e indignantes por su significado.En otros países el fútbol ha logrado extremos como la unión entre ciudadanos de diferentes regiones, quebrando con ello el mito de los nacionalismos y regionalismos, en cuanto a nosotros el fútbol no es más que una herramienta usada para atizar ese regionalismo ese nacionalismo localista, porque en las derrotas es más fácil encontrar al culpable en el sujeto que proviene de un departamento ajeno al nuestro porque es más fácil, es más cómodo.Muchos de los dirigentes hoy detenidos o con pedido de captura han hecho en sus países –con el uso de instrumento FIFA- al fútbol una práctica de campeones, una práctica de estímulo y poder ciudadano. Por supuesto su solo interés no estuvo, en el enriquecimiento ilícito, ello surge –es cierto- en el proceso, pero no fue la única finalidad ni el único objetivo. Esa dirigencia que hoy ve el sol tras las rejas y que proviene de países con tradición de campeonato no vio en su sola riqueza el fin único. Mientras, ¿qué de nuestros dirigentes Romer Osuna y Carlos Chávez?, por mentar los más conocidos.¿Qué han hecho de su dirigencia y el instrumento FIFA? Nomás una catapulta para la riqueza económica personal y tal vez sectaria. ¿Nuestro fútbol tiene algo perdurable de qué enorgullecerse? ¿La formación de quienes practican fútbol les garantiza un nivel competitivo? ¡Nada de eso! ¡Usted pide mucho! No ve que es sólo interés económico el que hace que esa dirigencia luche por quedarse siempre en el mismo puesto.Aquí pasa casi lo mismo que con nuestros viejos políticos. ¿Por qué no quieren dejar nunca el poder? Porque básicamente han creado estructura de vida, es decir, han hecho de su cargo el motivo de sus vidas y no han interpretado que ese cargo, ese puesto es para cambiar la vida de los demás; esta elipsis un tanto forzada, justifica  por qué Chávez u Osuna estuvieron los años que estuvieron en sus cargos y nada ejemplar para los futbolistas ni la dirigencia dejaron en esta pobre Patria boliviana.Un segundo componente llamativo de esta enseñanza denominada affaire FIFA es que es por mucho y absolutamente irónico que sea un país donde el fútbol no es el deporte más conocido ni incidencia alguna en sus masas tenga, que justamente sea ese país el que ordene, busque y juzgue a esa dirigencia pueril que amplió su riqueza a costa del espectáculo más emotivo de las masas, por lo menos en nuestra Patria.Consolémonos con alguna frase de alguien que siempre cuestionó a ese grupo dirigencial altamente delincuencial, palabras prestadas de alguien que de conocer a esos monstruos de la corrupción conoce mucho, son las de Diego Maradona: “La pelota no se mancha…”.*es periodista


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