¿Nos estamos envenenando?
Publicaciones diversas, han denunciado que en zonas de uso masivo, los agrotóxicos o agroquímicos causan efectos sobre la salud humana y el medio ambiente. Respecto a la salud existen sospechas fundadas que además de producir alteraciones del sistema hormonal y el sistema inmune, producen...
Publicaciones diversas, han denunciado que en zonas de uso masivo, los agrotóxicos o agroquímicos causan efectos sobre la salud humana y el medio ambiente. Respecto a la salud existen sospechas fundadas que además de producir alteraciones del sistema hormonal y el sistema inmune, producen diversas malformaciones. A saber: hidrocefalias, parálisis, daños neurológicos, problemas al corazón, irritaciones cutáneas y de ojos, y, varios casos de cáncer más allá de la multicausalidad que se le atribuye a esta última.Lo peor del caso, dicen los entendidos, es que la población expuesta a la fumigación, ignora que tiene plaguicidas en sus organismos. Se reciben por exposición directa, por consumo de agua, alimentos contaminados y del polvo tóxico diseminado por el aire o del impregnado en los techos de las casas y en las hojas de los árboles. Y también por vía placentaria cuando el nuevo ser es embrión o feto y vía lactancia materna cuando son bebés, pues las madres lo almacenan en sangre y tejido graso.Con relación al medioambiente el uso excesivo de agroquímicos ocasiona: la disminución de bosques y biodiversidad por desmonte y toxicidad de plaguicidas. Plaguicidas que se esparcen mediante avionetas fumigadoras o tractores adaptados para ello, particularmente en el gran negocio de la soya donde hay registros del uso del glifosato 2,4D, componente del agente naranja que Estados Unidos usó en la guerra del Vietnam y cuya aplicación hoy está prohibida o por lo menos restringida en países desarrollados.Hablando de Roma, ¿alguien se preocupó en averiguar respecto a la cantidad de agroquímicos que tienen los alimentos (frutas, legumbres y hortalizas) que consumimos diariamente en Tarija? ¿Conviene comprarlos? ¿Es suficiente lavarlos para dejar de consumir agro tóxicos? ¿Y los agro tóxicos en las plantas de vid? ¿Cuán contaminados están el agua que bebemos o el aire que respiramos? ¿Nos estamos envenenando? ¿Existen otras alternativas de adquirir alimentos no contaminados?Respuestas que deberían saber las instituciones encargadas de dichos controles, si existen, porque hasta ahora brillan por su ausencia. Inclusive instituciones como la Universidad, a través de sus laboratorios, debería realizar estos estudios y, no lo hace y tampoco lo hará, mientras no resuelva los problemas que la tienen a mal traer.De lo que sí estamos seguros, es que nuestros alimentos han sufrido un cambio drástico en cuanto a calidad y tamaño. Es común observar en nuestros mercados hortalizas de gran porte, casi gigantes, ni qué decir de las frutas en sus distintas variedades, lucen mejor a los ojos, pero saben menos dulces o son insípidas. No existe punto de comparación con lo que sucedía hace algunos años, cuando nuestros alimentos, sin ser demasiado desarrollados, estaban libres de tóxicos y eran de una calidad casi inigualable.Por tanto, es hora de que los consumidores exijamos a los organismos correspondientes que cumplan con su tarea de control del uso de agroquímicos en los lugares de cultivos de alimentos, así como en los lugares de expendio de los mismos. Que si hay leyes de protección a la salud y al medio ambiente, sean aplicadas por quienes están en la obligación de hacerlo. De manera proba, seria y neutra, de modo que sean firmes e insobornables a la hora de reclamar su cumplimiento; como lo exige un mínimo de racionalidad.Al igual que las autoridades encargadas del control de precios que desde hace mucho no hacen absolutamente nada por evitar el agio y la especulación de comerciantes y agricultores inescrupulosos. ¿Acaso se justifican los elevadísimos precios de algunos alimentos si no existe un control efectivo sobre su calidad o no toxicidad?Finalmente, habrá que rogarle a la mamita de Chaguaya y al taitutu de San Roque, para que la incipiente cultura respecto al cultivo y consumo de alimentos libres de agroquímicos, crezca más, debido a una cada vez mayor demanda de los mismos. Porque los lugares donde se puede acceder a ellos aún son muy escasos y porque nuestra frágil y en muchos casos expuesta salud física y mental así lo exige.


