La gestión de las aguas residuales en Tarija

En lo institucional, hemos propuesto, en repetidas ocasiones y sin suerte, la creación de una organización, formada mínimamente por las entidades especializadas de los tres niveles de gobierno, a la cual podría sumarse la Cooperativa de Servicios de Agua y Alcantarillado de Tarija (Cosaalt),...

En lo institucional, hemos propuesto, en repetidas ocasiones y sin suerte, la creación de una organización, formada mínimamente por las entidades especializadas de los tres niveles de gobierno, a la cual podría sumarse la Cooperativa de Servicios de Agua y Alcantarillado de Tarija (Cosaalt), con los activos que ha desarrollado desde su creación y su experiencia acumulada en la práctica. Está claro que ninguna de las instancias (Gobierno Nacional, Gobernación, municipios, Cosaalt) por sí solas, pueden enfrentar los desafíos técnicos, financieros y logísticos que la compleja solución requerida plantea.Uno de los fracasos más destacables de los últimos 5 años se inicia con la donación de 12,5 millones de dólares por parte de la cooperación holandesa. Esta llevó al involucramiento de la Gobernación que, en marzo de 2010, crea la UTEPTAR, como unidad técnica especializada encargada del proyecto de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR). Lamentablemente, la herencia de pestilencia y de promesas incumplidas por años generó un verdadero trauma en los barrios aledaños a las lagunas de oxidación, cuyos vecinos ya no toleran nuevos experimentos con su salud y bienestar y exigen soluciones fuera de sus áreas urbanas.Fue tal la resistencia social que durante los años siguientes prácticamente no hubo consensos y se terminaron perdiendo los aportes de la cooperación internacional.El 2011, con la ayuda del licenciado Oscar Montes, identificamos y trabajamos un sitio que podría haber sido ideal y que estaba en ese momento abandonado. Un triángulo de casi 40 hectáreas entre dos quebradas en la zona del Temporal, con acceso expedito para verter las aguas tratadas al río y diluirlas con los más de 16 mil cubos por segundo que se vierten todos los días entre las 7 y las 12 de la noche en el estiaje y durante todo el día en verano, producto de la generación hidroeléctrica de la represa de San Jacinto. La gran ventaja eran los bajos costos de operación, puesto que se podrían transportar las aguas negras por gravedad. La gran desventaja: la relativa cercanía a la ciudad y el rechazo inmediato de las comunidades cercanas que temían un nuevo “San Luis”, ¡ahora en sus hogares!El proyecto tuvo que cambiar de nuevo, esta vez hacia Santa Ana. Nuevamente la protesta social, entonces de los productores de Vid, lo paralizó y obligó a diseñar una alternativa nueva, en Laderas Norte y Laderas Centro, dos comunidades golpeadas por la falta de riego y que, comprendiendo la dimensión y cualidad del nuevo emprendimiento, ofertaron con la mejor buena fe sus tierras.Esta nueva ubicación tuvo que enfrentar, por lo menos, tres problemas: en primer lugar, la resistencia de los comunarios de Santa Ana que se oponían a que el ducto pase por sus tierras; en segundo lugar, un nuevo diseño arrojaba niveles de inversión elevados, donde el emisario costaba más que la planta y costos operativos muy altos, por cuanto se debían instalar una serie de baterías de bombas de alto poder, para trasladar a una altura de 100 metros y una distancia de más de 2,5 kilómetros, casi 600 litros por segundo de aguas negras; finalmente, a pesar de que el proyecto tuvo asignados importantes recursos en las gestiones 2011, 2012, 2013 y 2014, ya para el 2015 no era posible seguir inmovilizándolos si no se había siquiera podido terminar el diseño final con las características requeridas por las normas de inversión pública.Finalmente, ante la complejidad técnica y las dificultades financieras, sugerimos utilizar los estudios técnicos disponibles como un Estudio de Identificación Avanzado, para poder realizar una licitación pública internacional, llave en mano, con financiamiento del proponente, en el marco de las normas vigentes. El razonamiento era sencillo: las empresas que se adjudiquen el proyecto debían contar con un brazo financiero que respalde su oferta. Este brazo financiero, a su vez, debe garantizar una adecuada formulación y ejecución del proyecto que, a su vez, le garantice el repago completo por parte de la Gobernación, proceso que empezaría dos años después de terminado el proyecto y con personal local capacitado en su operación durante ese tiempo. Es evidente que, de presentarse fallas estructurales, se interrumpe el repago de la deuda, cargando el costo sobre el consorcio que asume este riesgo y no sobre el Gobierno Departamental. Este mecanismo, denominado BOT, por sus siglas en inglés (construye, opera, transfiere) permite que instituciones pobres en capital humano altamente especializado, puedan desarrollar estos proyectos complejos con las garantías cruzadas comentadas.Esta posibilidad fue frenada, primero por la intervención de la dirigencia vecinal que no comprendía este mecanismo y exigía que se proceda de la manera tradicional y luego por la transición a una nueva gestión que tiene sus propias prioridades. De todas maneras, en la Dirección de Contrataciones están los Términos de Referencia (TDR) con los requisitos para proceder.En mi criterio, tanto la gran PTAR, centralizada, ya sea ubicada en Laderas o en La Angostura, como las micro plantas planteadas por el Municipio en los barrios de la ciudad, iniciando la gestión descentralizada del problema, son parte ineludible de una solución integral.


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