Tumpa Pire: Angus Deaton, premio Nobel de Economía 2015

Desde hace ya bastante tiempo, Deaton enfocó su investigación en aquellos factores que son determinantes de la salud en países ricos y pobres, así como las mediciones del concepto de pobreza en la India y alrededor del mundo. De acuerdo con los miembros del comité Nobel de ciencias...

Desde hace ya bastante tiempo, Deaton enfocó su investigación en aquellos factores que son determinantes de la salud en países ricos y pobres, así como las mediciones del concepto de pobreza en la India y alrededor del mundo. De acuerdo con los miembros del comité Nobel de ciencias económicas, necesitamos entender mejor las opciones de consumo individuales, antes de formular políticas económicas orientadas a promover el bienestar y la reducción de la pobreza. De otra manera, los Gobiernos e instituciones del desarrollo pueden enfrentar graves frustraciones y la comprobación fáctica de que los enormes recursos empleados  simplemente se hayan esfumado sin resultados visibles.Sigue el comité del Nobel: “…Más que nadie, Angus Deaton ha incrementado este entendimiento. Al vincular las opciones individuales a los resultados agregados, su investigación ha ayudado a transformar los campos de la microeconomía, macroeconomía, y economía del desarrollo”.Las preguntas que intenta responder el trabajo del nobel Nobel son las siguientes:        ¿Cómo distribuyen los consumidores sus gastos entre diferentes bienes?        ¿Cuánto de los ingresos de la sociedad se gasta y cuánto se ahorra?        ¿Cuál es la mejor forma de medir y analizar el bienestar y la pobreza?“Su investigación destapó importantes escollos, cuando se compara el alcance de la pobreza a través del tiempo y lugar”, señaló el comité.La aplicación práctica de estas ideas conduce a considerar que es el desarrollo desigual en el llamado “primer” mundo, que ha dejado rezagado al mundo pobre, el que genera enormes presiones sobre el propio mundo desarrollado que, entonces, debe enfrentar las expectativas de los pobres del mundo, los mismos que desean salir de la condición en que viven y, entre otras cosas, producen guerras y crisis migratorias periódicas, cada vez más severas.Como señaló el propio Deaton en una entrevista, “…el problema no es el consumo, sino que ese consumo le cause daño a otros”, haciendo evidente referencia al cambio climático y a los enormes niveles de desigualdad.La reducción de la desigualdad implica el desarrollo de una consciencia social planetaria que impacte sobre los patrones de consumo. Tanto los países ricos, como los países del “tercer mundo”, podrían, por ejemplo, revisar el concepto boliviano sobre el “vivir bien” y en armonía con la Madre Tierra, antes que promover el consumismo irrestricto como símbolo de la felicidad.En lugar de aplaudir con embeleso el paradigma de la riqueza, es necesario recordar y revisar los estudios del psicólogo israelita Daniel Kahneman de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien recibió el Premio Nobel de Economía en 2002.  Según Kahneman“la gente que vive en la pobreza alcanza siempre niveles inferiores de bienestar subjetivo en comparación con la gente que se encuentra por encima del umbral de pobreza. Pero la relación entre riqueza y felicidad se acaba una vez que se ha superado un determinado umbral”. Ese umbral ha sido medido por estos autores en diferentes sociedades, con diferentes resultados cuantitativos, pero con un único resultado común: el éxito material en la vida y en los negocios produce felicidad, pero es algo que el propio dinero no puede comprar. La realización en el trabajo o la actividad del ser humano supone una fuente inagotable de bienestar que es independiente al incremento del ingreso. Por lo que Kahneman se pregunta por qué el ser humano parece concentrarse en alcanzar una mayor riqueza día a día, y lo describió como un fenómeno ilusorio, ya que toda la gente es propensa a exagerar su importancia. Es, por lo tanto, lo que hacemos y no lo que tenemos, lo que genera felicidad y bienestar en las personas. A partir de ciertos niveles de ingreso ya no se “vive mejor” ni se es más feliz. Volvemos al premio Nobel: ¿cómo entonces podemos medir y analizar el bienestar y la pobreza? Al aplicar en nuestro Estado Plurinacional políticas redistributivas del excedente económico que produce nuestra economía, con el correcto propósito de disminuir los niveles de desigualdad, ¿entienden sus ejecutores cómo distribuyen los consumidores sus gastos entre diferentes bienes? ¿Cómo emplean, en la realidad, por ejemplo,  los campesinos tarijeños, los recursos del Programa Solidario Comunal (Prosol)? Estas interrogantes deben ser objeto de estudio en nuestras universidades, las que ahora pueden contar entre sus arsenales teóricos, con los aportes de estos investigadores. No hacerlo es continuar formulando críticas o políticas sin fundamento y sin impacto real en el devenir político.


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