Des – UNIR
El partido que marcó una era en Tarija está acabando descosido y enfrentado
En algún momento Unidos para Renovar (UNIR) se constituyó en la fuerza central en Tarija y sus líderes gozaron de proyección nacional suficiente como para haber intentado un salto. Tenían espacio, UNIR era esencialmente, pero no solo, la última escisión del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) que había perdido su personería.
No conviene equivocarse. Jaime Paz Zamora había empezado una suerte de destierro anticipado en Tarija, candidateó para intentar ser prefecto electo en 2005 y UNIR recibió con los brazos abiertos a su hijo, el hoy presidente Rodrigo Paz, y lo colocó de presidente del Concejo Municipal de 2010 a 2015 y después lo hizo alcalde, pero los Paz nunca tuvieron el control real de UNIR.
UNIR siempre fue el partido de Óscar Montes. El MIR lo fichó pronto desde el Comité Cívico donde el joven economista chaqueño apuntaba maneras. Después ganó la alcaldía en 1999 contra pesos pesados como Motete Zamora y el MNR en el que ya despuntaba Mario Cossío, pero el resto es su historia.
Montes, con algunos otros jóvenes funcionarios como Francisco Rosas y Rolando Ruíz, armaron la nueva estructura sobre la misma convicción socialdemócrata a la que había derivado el MIR y tomaron el control férreo de la Alcaldía. Ganaron en 2005 y en 2010, con Montes, y también en 2015 con Paz Pereira, aunque esa es otra historia.
Montes asumió una alcaldía en ruinas y la convirtió en una de las más pujantes del país. Ayudó el boom del gas y los nuevos ingresos de IDH, también la expansión acelerada no tan ordenada y otras iniciativas que re posicionaron Tarija en el circuito nacional.
Esencialmente era un partido de base popular que triunfaba, sobre todo, en los cinturones de la expansión de la ciudad y que de alguna forma le cerró el crecimiento al MAS en Tarija. Los barrios eran de Montes, no de Evo. Quizá por eso Pancho Rosas siempre se consideró traicionado cuando Montes nombró a Paz sucesor y el partido se fue volviendo más “elite”, aunque esa también es otra historia.
Montes presidió varios años la Asociación de Municipios de Bolivia (AMB) y fue clave en la configuración de Convergencia Nacional en 2009 y en el antepenúltimo experimento de Tuto con el PDC en 2014, que sumó sus mejores resultados en Tarija. En cualquier caso y a pesar de los muchos juicios iniciados, nunca se quitó el sambenito de ser funcional al MAS ni el de no ser muy amigo de la autonomía (que siempre consideró mal planteada).
El alfil de Montes en La Paz era Víctor Hugo Zamora, otro joven inquieto con capacidad oratoria y facilidad para hacer acuerdos. Primero fue diputado y después senador. Cuentan que en el último año de la legislatura, 2019, le tocaba ser vicepresidente segundo pero que prefirió rotar el cargo con la designada por Unidad Demócrata para ese cargo de oposición, porque sentía que tendría algo más de influencia. Era Jeanine Áñez.
Quizá por eso lo colocó como ministro de Hidrocarburos luego de la salida de Morales del país. Quizá también por eso lo nombró un día después de que la mitad del gabinete firmara el decreto que autorizaba el uso de fuerza letal para reprimir las protestas.
Zamora se entregó en cuerpo y alma a su nueva designación. Llevaba tanto tiempo en roles menores que sintió que aquel era su momento. La última legislatura la había pasado, básicamente, abriendo procesos a Rodrigo Paz Pereira por su gestión como alcalde: ciudad inteligente, puente millonario, mástil, etc. Paz Pereira había roto con UNIR ni bien llegó al poder. Armó su propia fuerza y depuró las estructuras heredadas. Obviamente la respuesta fue furibunda y Paz Pereira acabó declinando la reelección y se volvió a La Paz seguramente ya pensando en ser presidente, pero esa es también otra historia.
UNIR estaba técnicamente fuera de la política y las bases clamaban venganza. Montes, aun con cuentas pendientes, abrazó la opción de Jeanine Áñez e incluso se sumó eufóricamente a su candidatura presidencial en enero del 2020. En 2019 había apostado mal por los Demócratas de Óscar Ortiz, pero son las vueltas de la política.
Con Rosas sublevado y Paz en otro camino, Zamora se convirtió en el hombre fuerte y asumió la presidencia de UNIR con la venia de Montes, obviamente, que ya había diseñado un sistema para impedir que le volvieran a hurtar el partido modificando funciones de los órganos, sobre todo del presidente.
El problema llegó en agosto, en plena pandemia, con Víctor Hugo Zamora protagonizando escándalos casi todos los días y con la popularidad de Áñez cayendo en picada. Montes fue el primero en olerlo y pidió salir urgentemente de ahí. Zamora se negó. Áñez acabaría declinando la postulación. Zamora salió al exilio en pleno cambio de mando, con el MAS de vuelta.
El retorno de Víctor Hugo Zamora a Tarija no era tan complicado desde el punto de vista jurídico una vez apartado el MAS del poder. Sus casos fueron cayendo por errores de procedimiento y el vigente, el de la paralización de la planta separadora de Bulo Bulo, tenía diferentes interpretaciones posibles… Rodrigo Paz mencionó en campaña que el MAS le había abierto una docena de procesos. La mitad, al menos, los hizo Víctor Hugo Zamora.
El retorno de su exilio de Zamora no fue retransmitido en directo, pero se fue rapidito a la plaza principal a informar a los periodistas, lo que se interpretó como un retorno inminente a la arena política.
Unos días después el Tribunal Constitucional le dio tutela en el reclamo por la presidencia de UNIR y poco después el Tribunal Electoral lo autorizó a presentar los papeles de una candidatura a la Alcaldía, que él encabeza, sin que quede muy claro cómo eso se acomoda a los Estatutos de un partido político cuya directiva ha impugnado.
Montes confía en que en alguna instancia se le dé la razón, Zamora está convencido de sus argumentos y sobre todo, de su momento. Son las cosas que pasan en política, y que pasaban, y que al parecer, siempre han pasado.








