Análisis
Mi reino por un debate (más)
Paz, Del Castillo y Aracena tienen por delante titánicas empresas y por lo visto, a diferencia de otros, no tiran la toalla
En las series de Netflix, los jefes de Campaña mandan más que los candidatos. Los equipos multidisciplinares analizan cada día, ordenan las tropas y le dicen al candidato exactamente lo que tiene que hacer cada día, de qué tiene que hablar, a quién debe mirar lindo y a quién feo. En la vida real no es tan así, y en Bolivia mucho menos. Casi todos los candidatos se han conseguido estrategas de los caros, gringos, venezolanos, mexicanos, algún ecuatoriano medio oxidado y un español de los que había hecho milagros en algún que otro país de esta América; pero al final se atiende al humor del candidato, sobre todo si van en punta y se le trata como el infalible.
Los pulsos de última hora y esos tracks en redes vienen diciendo que a los que mejor les está yendo es justamente a los tres que eligieron estratega de la casa:
Rodrigo Paz no gastó más allá de su papá y su inseparable Óscar Eid y se está jalando todo el voto de centro y la izquierda desencantada de Evo que no ha encontrado en Andrónico al líder que esperaba, pero que le pone "ojitos" a Edman Lara, por cierto, candidato reciclado luego de que el millonario potosino Sebastián Careaga prefiriera asegurar su inversión con Samuel Doria Medina.
Eduardo del Castillo tiene dinero a espuertas, pero es también su inseparable José Daniel Llorenti, "piojo cabrón", "demasiado visceral para ser estratega", dicen sus detractores - y quienes lo padecen - el que ha armado una campaña loca con gorras rojas y lemas como Bolivia Primero calcados de Donald Trump y un delirante manejo de redes con gatitos, influencers, roast de humor y todas las cosas modernas que se pùedan imaginar que están pegando entre los jóvenes y haciendo olvidar hasta que era ministro hasta hace dos días del Gobierno con peor valoración de la historia.
Pavel Aracena se ha elegido a sí mismo. Es el tercer candidato de ADN que asume el desafío y lo ha llevado hasta el final. No tiene más equipo que sus amigos, algo del diezmo cristiano de su vice y lo poco que le han dado de gratis, como estos dos debates, para hacerse conocer.
Obviamente los tres pelean contra "gigantes": Rodrigo Paz picó alto y se hundió por quedarse al margen de la unidad hasta que fue explicando que él era la renovación pese a sus 22 años en política y una vida detrás de Jaime Paz. Cuando Careaga le dio calabazas eligió al capitán Edman Lara y su popularidad en occidente logró al menos contrarrestar los negativos que emanaban desde Tarija, donde fue alcalde no precisamente muy querido. Eduardo del Castillo tiene entre manos, ni más ni menos, salvar la sigla del MAS después de todo el legado de Evo Morales, de Luis Arce, y una batalla de egos que ha dejado al país tiritando. No ha pasado del 2,4% nunca. Pavel Aracena ni siquiera ha llegado al 1%.
Los tres se plantaron en el debate que RTP tuvo prácticamente que improvisar tras la retirada de "los grandes" Tuto Quiroga, Samuel Doria Medfina y Manfred Reyes Villa. El desánimo de Empresarios y Periodistas y que el propio TSE decidiera cancelarlo, en otra de esas decisiones controvertidas. Pese a la reposición se ausentaron también Johnny Fernández - que también parece su propio estratega aunque no lo sea - y de nuevo Andrónico Rodríguez, que tal vez tenga el asesor más caro de todos, Antoni Gutiérrez Rubí, pero que parece no dar una: a parte del elefante en la habitación, que es Evo Morales, sus rivales estaban en el set de El Alto y él no.
El debate no dio para demasiadas filigranas y en ocasiones pareció que se quedaron sin nada que preguntar el uno al otro. Eduardo del Castillo trató de provocar a Rodrigo Paz; Paz mostró su habilidad patológica para hablar con seres inanimados marcando la ausencia de los ausentes y Pavel se defendió enmarcado en sus principios: Soy Pavel, soy Ingeniero, soy de derecha y siervo de Dios. Amén. Cuando le afeó a Rodrigo Paz sus técnicas populistas: "no al perdonazo tributario a los vivillos de siempre" fue su momento álgido; Paz quiso ser propositivo y Del Castillo se cebó con Paz y defendió el "más Estado" con más soltura que ningún otro masista lo había hecho hasta ahora.
Quién sabe qué placas tectónicas acabará moviendo un debate que Rodrigo Paz caldeó con una frase atribuida a Villarroel: "No soy enemigo de los ricos pero soy más amigo de los pobres", que no encajaba del todo en el tema debate, pero sí perfectamente en su último tono de campaña, donde insiste en ser popular. Samuel y Tuto decidieron no participar y resguardarse de ataques. Cerrar ante "multitudes" que no fueron tales y quién sabe si darles algo de luz a ese más del 12% que se dice indeciso o reconsiderar su posición a algunos del 13% que dice que votará nulo y que no tiene por qué ser por Morales.
Ya no caben más encuestas. El domingo se repartirán cuentas, y facturas. Ningún estratega cobra en función del resultado, por cierto.





