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Mediterráneo: La farsa y el reparto

Este texto forma parte del boletín Mediterráneo que conecta la información internacional con la coyuntura nacional y se envía los viernes, si quieres recibirlo directamente en tu correo, suscríbete

Internacional
  • Jesús Cantín
  • 20/09/2026 00:00
Mediterráneo: La farsa y el reparto
Mediterráneo

Estimados y estimadas:

En estos tiempos y en este oficio, todo se vive con la intensidad de la primera vez, pero es más que probable que estemos viviendo la segunda parte, la de la comedia que decía Marx. Este mes inicia el habitual calendario maratónico de Cumbres, Asambleas y Eventos multilaterales que dura más o menos hasta fin de año y que se interpreta de formas distintas según el lado del ecuador en el que te aposentas. Los de arriba toman impulso para un nuevo curso y los de abajo solemos llegar con la lengua fuera restando días para Navidad.

Los primeros en reunirse fueron los banqueros, la semana pasada fue el turno de los BRICS y esta próxima semana será el turno de Naciones Unidas, la que alguna vez quiso y pudo ser la organización matriz para orquestar un mundo más justo y hoy sirve como “enemigo acomodable” para toda esta nueva (o no tan nueva) generación de políticos que necesitan a quien echar la culpa o acusar de conspiraciones. Alguna vez fue Davos o el FMI. Hoy es Naciones Unidas.

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Del 21 al 28 de septiembre se lleva adelante su “Semana de Alto Nivel”, que básicamente se convierte en un desfile interminable de presidentes que suben a la tribuna de oradores y hablan de su libro, que decía Umbral, o del tema de la coyuntura. Este año tenía el aliciente de las muchas caras nuevas de Sudamérica que representan además marcados cambios: De Boric, Petro y Arce a Kast, De la Espriella, Paz y Keiko Fujimori. Casi nada.

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Habrá que ver el desempeño, pero por si le faltara poco a la organización en su desprestigio, Donald Trump y Xi Jinping han organizado una reunión oficial para el 24, que con seguridad eclipsará todo lo que suceda en el icónico salón de Nueva York.

La cuestión es que estos días volveremos a cruzar emoción con pragmatismo, retórica con documentos firmados. Volveremos a ver a esos presidentes que se presentan como faro moral de la humanidad planteando absolutos buscar sus excepciones. Y no es que me parezca mal que Xi y Trump se reúnan y hablen de sus cosas – que viene a ser esto de repartirse el mundo – sino que en el camino exijan a sus subordinados obsecuencia absoluta, algo que a su vez fractura la propia interna social de cada país.

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Quizá solo alejándose de las redes se podría ver más claro: el mundo hoy sigue tan globalizado como siempre mediante acuerdos de “ganar – ganar”, solo que unos ganan más que otros, y esos que más ganan ponen normas a los otros que ellos mismos no cumplen. Sin embargo, toda esa dinámica se enreda con escalas de valores y discursos encendidos que apenas aportan nada.

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La semana pasada se habló mucho de cómo la IA tenía planeado matarnos a todos en unos años, y ciertamente lo raro es que eso sorprenda teniendo en cuenta la escala de valores sobre la que se ha construido.

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Así que mientras los robots se deciden, en esta edición de Mediterráneo profundizó un poco en esto de la extraña relación entre Trump y Xi; sobre uno de mis temas favoritos quizá por la poca información siempre disponible, que es el papel estratégico de África y los impactos que sufre en medio de este escenario conflictivo por no decirle quilombo y les dejo unos pocos de datos de la elección de Brasil, que sí, cómo no, vuelve a ser un “o yo o la muerte” entre Lula y el heredero con pedigrí de Jair Bolsonaro.


Trump y Xi: el mundo negocia el cambio de eje

¿Qué pasó?

En este caso no ha pasado todavía, pero pasará. Donald Trump y Xi Jinping se reunirán el 24 de septiembre en Washington, en la segunda cumbre bilateral del año, con una agenda que va bastante más allá de los aranceles. Comercio, tierras raras, tecnología, inteligencia artificial, agricultura, energía, Taiwán y la guerra con Irán estarán sobre la mesa. Washington quiere que China facilite el acceso a minerales críticos y reduzca algunas de sus barreras comerciales; Beijing busca aliviar las restricciones estadounidenses sobre tecnología avanzada. También se espera que se discuta una eventual extensión de la tregua arancelaria.

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El encuentro, como comentábamos, se produce en mitad de la Asamblea General de Naciones Unidas que lleva por lema “Restaurar la confianza, gestionar la transformación” y unos días después de que los BRICS (Brasil, India, Rusia, China y Sudáfrica a la que se ha sumado con fuerza Irán) se reunieran en Nueva Delhi para ratificar sus expectativas de transformar el mundo en un “tablero multipolar” donde el objetivo prioritario de tumbar el dólar como moneda comercial hegemónica se acomoda a los diferentes momentos estratégicos de cada potencia.

Tres escenarios distintos, por tanto, terminan contando una misma historia: quién tendrá capacidad para poner las reglas del mundo que viene.

¿Ahora qué?

La cuestión ya no parece ser si Estados Unidos y China van a competir, sino cómo van a administrar esa competencia.

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La economía es el terreno más evidente. Las tierras raras, los chips, el petróleo, el gas, la inteligencia artificial y hasta la soja se han convertido en instrumentos de negociación. China necesita mercados y tecnología; Estados Unidos necesita cadenas de suministro menos dependientes de Beijing. Ambos tienen incentivos para evitar una ruptura completa, pero ninguno parece dispuesto a abandonar la disputa por la supremacía tecnológica y económica.

  • Lea también: Xi en EE. UU.: Europa busca su lugar en la guerra comercial

Ahí aparece una diferencia importante respecto de la vieja Guerra Fría. El mundo no está dividido simplemente en dos bloques. India compra petróleo ruso mientras negocia con Washington y se acerca nuevamente a China. Arabia Saudita mantiene vínculos con Estados Unidos y China. Brasil participa de los BRICS mientras necesita comerciar con ambos polos. Y los países del Golfo buscan influir simultáneamente sobre Washington, Beijing y Moscú.

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La ONU llega a esta semana intentando precisamente recuperar confianza en el multilateralismo, pero el dato más revelador ocurrió antes de que comenzara la Asamblea: Rusia y China vetaron en el Consejo de Seguridad una iniciativa estadounidense para prolongar el mecanismo de supervisión de las sanciones contra Irán.

Es difícil encontrar una imagen más clara del momento: Estados Unidos y China se preparan para negociar en Washington mientras chocan en Nueva York y compiten en casi todos los mercados estratégicos.

¿Qué hay de lo nuestro?

Para Bolivia, el asunto no debería ser escoger entre Washington y Beijing – aunque este gobierno lo haya hecho sin matices -. La cuestión sería entender qué lugar puede ocupar un país que todavía depende de vender materias primas y que necesita capital, tecnología y mercados para desarrollarlas, y que tiene la soberanía suficiente para hacerlo.

De esto ya hemos hablado muchas veces, pero ahí sigue: El litio es el ejemplo más evidente, pero no el único. Minerales críticos, gas, energía y alimentos pueden adquirir mayor valor estratégico en un mundo donde las potencias buscan asegurar suministros y reducir vulnerabilidades.

  • Lea también: De los commodities a la videovigilancia: la fórmula china para avanzar en Latinoamérica 

La pregunta, entonces, no es solamente quién comprará el litio boliviano. Es quién financiará su explotación, quién aportará la tecnología, quién comprará la producción y bajo qué condiciones.

Mientras las grandes potencias discuten las reglas, los países intermedios tendrán que aprender a negociar con todas sin regalar su soberanía. El desembarco del FMI es sin duda una señal para todos.


El Mar Rojo ya no es una ruta: es un campo de batalla

¿Qué pasó?

Durante años, el Mar Rojo fue para buena parte del mundo apenas una línea en el mapa: la ruta que conecta Asia con Europa a través del estrecho de Bab el-Mandeb y el canal de Suez. Esta semana volvió a convertirse en un asunto de seguridad internacional.

  • Lea también: Por qué el estrecho de Bab el‑Mandeb es clave para el comercio mundial y cómo el avance de los hutíes podría desencadenar una crisis marítima

Los hutíes, aliados de Irán, avanzaron por la costa occidental de Yemen y tomaron posiciones estratégicas, incluida la ciudad portuaria de Mocha y la isla de Hanish, acercándose al control efectivo de los accesos a Bab el-Mandeb. El movimiento amenaza una de las principales rutas marítimas del planeta justo cuando la guerra entre Estados Unidos e Irán mantiene prácticamente bloqueado el estrecho de Ormuz.

  • Lea también: El mapa de los hutíes: así están haciéndose con el control de Yemen

La diferencia es importante. Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico; Bab el-Mandeb conecta el océano Índico con el Mar Rojo y, desde allí, con Suez y el Mediterráneo. Si ambos corredores funcionan mal al mismo tiempo, el problema deja de ser exclusivamente energético y se convierte en logístico.

  • Lea también: La teoría del comercio internacional no favorece el desarrollo

El efecto fue inmediato: barril a 100 dólares y subiendo, y también en los mapas de navegación. Algunas navieras están desviando barcos alrededor del cabo de Buena Esperanza, mientras aumentan los seguros y los costos de transporte. Egipto – otro de los países recientemente rescatado por el FMI - también vuelve a mirar con preocupación el problema: la recuperación del tráfico y de los ingresos del canal de Suez estaba siendo importante para una economía que necesita divisas.

¿Ahora qué?

La pregunta ya no es solamente cuánto petróleo hay en el mundo, sino por dónde puede circular. La globalización construyó una gigantesca red de rutas marítimas basada en la eficiencia: producir en Asia, transportar por Suez y vender en Europa. África ni se contemplaba. El conflicto está demostrando que esa eficiencia tiene una vulnerabilidad evidente: depende de unos pocos cuellos de botella.

  • Lea también: El éxito de los hutíes: de grupo rebelde a milicia enfrentada con Estados Unidos

Ormuz y Bab el-Mandeb son dos de ellos. Suez es el tercero. Cuando una de esas puertas se cierra, los barcos pueden rodear África, pero eso significa miles de kilómetros adicionales, más combustible, más tiempo y seguros más caros. No desaparece la mercancía: se encarece el mundo.

  • Lea también: Nuevas rutas, viejos desafíos: la Eurocámara contra el narco

Y aquí aparece una segunda historia, menos visible pero quizá más importante a largo plazo: África está dejando de ser la periferia del problema para convertirse en parte del tablero.

  • Lea también: África. El Cuerno de África se convierte en una retaguardia estratégica en la guerra contra Irán.

Yibuti, Somalia, Eritrea, Sudán, Etiopía y Egipto están situados alrededor de una de las rutas marítimas más importantes del planeta. Y detrás aparecen Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, China, Estados Unidos y Europa, todos con intereses en puertos, corredores, bases militares y acceso al mar. El Cuerno de África concentra además conflictos propios, como la guerra de Sudán y la disputa entre Etiopía y Somalia por el acceso marítimo.

  • Lea también: El Cuerno de África se acerca a un punto crítico
  • Lea también: Del Mediterráneo al Cuerno de África: la peligrosa deriva de la rivalidad entre Turquía e Israel

Etiopía es un buen ejemplo para nosotros. Es el país sin litoral más poblado del mundo y depende fuertemente del corredor que conecta su economía con el puerto de Yibuti. Cualquier alteración de la navegación, los seguros o las operaciones portuarias tiene, por tanto, un efecto económico directo.

La vieja geopolítica de los puertos está regresando.

¿Qué hay de lo nuestro?

Bolivia está lejos del Mar Rojo, pero la pregunta nos resulta bastante conocida: ¿qué ocurre cuando un país depende de rutas que no controla?

Una parte importante de nuestro comercio exterior depende de puertos y corredores de terceros países. Minerales, alimentos, combustibles y bienes importados necesitan carreteras, ferrocarriles, hidrovías y puertos para llegar a los mercados.

  • Lea también: El petróleo vuelve a mover la silla boliviana

Por eso la discusión sobre Puerto Busch, la Hidrovía Paraguay-Paraná, los corredores bioceánicos y la conexión ferroviaria con Brasil y Chile no debería entenderse solamente como una cuestión de infraestructura, sino como una cuestión de seguridad económica. Seguramente perdimos demasiado tiempo lamentándonos por el mar perdido.

  • Lea también: Malvinas: tras la pista de los dueños del mar

El Mar Rojo está mostrando algo que Bolivia conoce por su propia geografía: tener un producto competitivo no alcanza si llevarlo hasta el comprador depende de una ruta vulnerable, de un puerto ajeno o de una frontera congestionada. La globalización, finalmente, no está desapareciendo. Está descubriendo cuánto cuesta no controlar el camino.

 


Para seguir: Brasil  ya entró en campaña de verdad

Brasil se acerca a su elección presidencial del 4 de octubre con una fotografía cada vez más ajustada. La última encuesta de Datafolha, publicada el 17 de septiembre, coloca a Lula en 39% y a Flávio Bolsonaro en 36% en primera vuelta. En un eventual balotaje, Lula obtiene 46% frente a 44% de Flávio, una diferencia dentro del margen de error de dos puntos. Otra encuesta, de AtlasIntel/Bloomberg, incluso registra un empate estadístico en segunda vuelta: 47,2% para Flávio y 46,8% para Lula. O sea, final de infarto.

La campaña empieza a moverse, por tanto, alrededor de dos electorados que pueden resultar decisivos: quienes todavía no tienen una decisión firme y quienes podrían cambiar de candidato, dos electorados realmente difíciles de encontrar en una elección tan polarizada con nombres tan conocidos: Tanto Lula como Flávio tienen actualmente 47% de rechazo en Datafolha.

  • Lea también:  Brasil, una campaña salpicada por el escándalo

Lula intenta reforzar su vínculo con los sectores de menores ingresos. Esta semana anunció un aumento de 15% del Bolsa Familia, que llevará el beneficio mínimo de 600 a 691 reales desde octubre. El Gobierno sostiene que se trata de una actualización frente a la inflación; sus adversarios cuestionan el momento, a pocas semanas de la elección.

  • Lea también: Regiane Nitsch Bressan: “Que el gobierno esté cerca del centro ayudará mucho a que Lula logre la reelección”

Mientras tanto, Flávio busca consolidar el voto de derecha alrededor del apellido Bolsonaro y convertir la crisis institucional que involucra al Supremo Tribunal Federal en uno de los ejes de la campaña.

  • Lea también: Flávio o el mito de un «Bolsonaro moderado»

Para variar, la elección ya ha adquirido una dimensión que va mucho más allá de Brasil: Lula y Bolsonaro representan dos maneras distintas de relacionarse con Washington, China, Venezuela, Mercosur y la política regional, y es además el último gran país en abordar elecciones en este ciclo donde la ultraderecha se ha consolidado en Sudamérica.

  • Lea también:  "El asedio de Trump refuerza a Lula como defensor de Brasil frente a presiones externas": Emir Sader en La Base América Latina

LAS RECOMENDADAS

Entre las recomendadas para este fin de semana pre-primaveral

  • Esto de Nueva Sociedad: Guatemala: anatomía de una decepción
  • Esto de Anfibia: Siete claves para entender el ascenso de AfD: El triunfo de lo impensable
  • Esto de BBC: Por qué las principales petroleras de EE.UU. no participan en el "mayor acuerdo de la historia" firmado por los gobiernos de Trump y Delcy Rodríguez
  • Esto de El Orden Mundial: El país que vendió su verano: Por qué España no puede vivir sin turistas
  • Esto de CTXT: Del fraude cambiario de 2012 al “acuerdo histórico” de 2026
  • Y esto de El Salto: Marruecos y la israelización de la política regional en el norte de África

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