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Mediterráneo: Conexión Cerimedo
Este texto forma parte del boletín Mediterráneo que cada viernes distribuye el director Jesús Cantín conectando la actualidad internacional con la cotidianeidad nacional. Si quieres recibirlo directamente en tu correo ese día, suscríbete
Estimados y estimadas
Estos días se hace imposible separarse de la coyuntura incluso en este boletín Mediterráneo, concebido para conectar la actualidad internacional con la cotidianeidad nacional, porque todo lo que pasa en cualquier lugar del mundo afecta a Bolivia de un modo u otro, porque todo está conectado.
Esa es la gran pregunta respecto a Fernando Cerimedo, el asesor negado de Rodrigo Paz con un amplio historial de escándalos y un método definido: bots, mierda, batalla cultural. En Argentina y en España, quizá por el impacto del verano, han elaborado docenas de reportajes sobre el “legado” del consultor aprendiz de MAGA que se convirtió en mano derecha de varios poderosos, el último Rodrigo Paz, y que está preso por tentativa de feminicidio.
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Su contexto es otro, pero al final, el mismo. En la mayoría de los casos buscan conectar sus escándalos con escándalos superiores que identifiquen métodos de la ultraderecha continental que, sin duda, viene ganando elecciones en este lado del mundo con mucho vigor.
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En Bolivia seguimos mirando con incredulidad a un presidente que niega la evidencia en mensajes grabados y cambia de tema como si nada, cuando todavía no se logra entender qué necesidad de que un consultor de sus credenciales se quedara a “ayudar” a este gobierno y medio que fijara residencia en el país.
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Del giro narrativo del gobierno de Paz desde el primer día, yendo a posiciones totalmente discordantes con lo dicho en campaña, se alinea perfectamente con el “método Cerimedo”. Los que lo marcamos desde el principio advertimos que el problema no era su condición de “extranjero” o su meteórico ascenso desde la comandancia general de los troles de campaña a la negada “asesoría principal”, sino su influencia en un país que no conoce y tiene lógicas y valores distintas a las que se fabrican en los think tank lejanos. El acelerado desgaste de Rodrigo Paz se explica por esto, sin que eso le exima de ninguna responsabilidad.
Cerimedo, porque lo ha dicho, sirve a otros intereses. Su valor es precisamente convertir ese servicio a ese interés en punto de vista hegemónico en la conversación pública. Le dicen batalla cultural. Hasta eso.
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En este Mediterráneo hablaremos justamente de la realidad de tres construcciones de largo aliento: la independencia de los Bancos Centrales – pilar de la doctrina liberal que hoy se usa, parece, para camuflar otras formas de cleptocracia -; de la enésima escaramuza entre Estados Unidos y China, donde se usan valores de libertad y democracia para esconder ansiedades geopolíticas; y del plan de EEUU con el petróleo venezolano, que después de dos décadas ya se puede escribir sin que te llamen conspiranoico, porque ha sido Trump el que lo ha puesto sobre la mesa desde el primer día.
Jackson Hole: el precio del dinero vuelve a ser político
¿Qué pasó?
Lo de las reuniones a puerta cerrada ordenando el mundo está mucho más extendido de lo que a menudo creemos. Este fin de semana está teniendo lugar uno de ellos: el simposio de Jackson Hole que además este año ha tenido este viernes un ingrediente especial: el primer gran discurso de Kevin Warsh – el favorito de Trump, que propició la caída de su antecesor - como presidente de la Reserva Federal y llegaba con los mercados pendientes de una pregunta muy concreta: ¿bajará los tipos en septiembre?
Nadie duda de que esa es la voluntad del presidente de Estados Unidos, necesario para su plan de reindustrialización del país, pero Warsh enfrió esa expectativa. En su intervención de este viernes insistió en que la inflación lleva 65 meses por encima de lo deseable y que la Fed no puede dar por concluida su batalla hasta tener evidencias claras de que vuelve hacia el objetivo del 2%. Si esa convergencia no se produce a una velocidad suficiente, advirtió, habrá que actuar.
- Aquí el discurso completo de Warsh: En nuestro tiempo
Los expertos vienen diciendo que el mensaje ha sido más duro de lo esperado por lo que ahora el mercado ve más probable que la Fed suba los tipos en septiembre: la apuesta pasó del 35% a cerca del 60%. Se trataría de hacer todo lo contrario de los que quiere Trump, justo en víspera de las legislativas.
¿Ahora qué?
Las palabras, palabras son, pero en este caso hay millones de dólares comprometidos. La Fed tiene que decidir si combate una inflación que sigue siendo demasiado alta aunque el mercado laboral se enfríe, o si empieza a priorizar el riesgo de una desaceleración económica.
Obviamente no es una discusión exclusivamente económica. Donald Trump lleva tiempo reclamando tipos mucho más bajos y cuestionando la política de la Reserva Federal, aunque los más dogmáticos se olviden de esa parte de las noticias. La independencia del banco central, como en todo el mundo, aunque no se diga, llega al reinicio de la actividad post veraniega en el hemisferio norte sometida a una presión política considerable. Reuters señalaba antes del discurso que los inversores esperaban de Warsh no solo pistas sobre los tipos, sino también garantías sobre su independencia frente a la Casa Blanca.
En ese marco, Warsh ha elegido, al menos de momento, no regalar esas certezas al mercado. Su posición es deliberadamente incómoda: observar los datos, preservar la capacidad de decisión y mantener abierta incluso la posibilidad de subir tipos. Trump no estará feliz.
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Lo que decide la FED tiene consecuencias más allá de Estados Unidos. Un dólar más fuerte y mayores rendimientos de los bonos estadounidenses hacen más caro financiarse para los países emergentes y pueden provocar salidas de capital hacia activos estadounidenses. El precio del dinero estadounidense sigue siendo, en buena medida, el precio de referencia del dinero para el resto del mundo.
¿Qué hay de lo nuestro?
Para Bolivia, Jackson Hole importa, aunque ocurra a miles de kilómetros. Una Fed más restrictiva significa potencialmente dólar más fuerte, financiamiento internacional más caro y mayor presión sobre las economías emergentes. También puede afectar las cotizaciones de materias primas y las condiciones de inversión internacional.
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Y aquí aparece nuestra particular esquizofrenia: Bolivia necesita dólares, inversión y mercados para recuperar su economía, precisamente cuando Estados Unidos podría mantener unas condiciones financieras relativamente duras y echar por tierra la principal apuesta del gobierno de Rodrigo Paz Pereira, que pasaba por un alineamiento absoluto con el gobierno de Trump para atraer inversiones.
El tema de Jackson Hole, lo que pasa con la FED y Trump pone en entredicho todo lo que las corrientes de las nuevas derechas vienen pontificando. Durante años nos acostumbramos a pensar que el precio del dinero era una cuestión técnica reservada a banqueros centrales. La llegada de Trump al segundo mandato ha vuelto a demostrar que los tipos de interés son esencialmente una cuestión de poder político.
Hasta qué punto llevará la presión el gobierno de Estados Unidos y qué consecuencias acabará teniendo en su “zona de influencia” es la pregunta que queda en el aire.
Trump y China: una tregua cada vez más incómoda
¿Qué pasó?
La semana arrancó con una nueva vuelta de tuerca de Washington, que además tiene que ver con los mismos planes de Trump y con la inflación, aunque parezcan contradictorios. La cosa es que Estados Unidos prepara un arancel adicional de 7,5% a los productos chinos, esta vez bajo el argumento de “combatir el exceso de capacidad industrial de China y su producción de bienes baratos” que termina inundando los mercados internacionales. La medida llegaría antes de la próxima reunión entre Donald Trump y Xi Jinping, prevista para el 24 de septiembre en Washington DC.
El movimiento no rompe formalmente la tregua comercial alcanzada entre ambos países, pero evidencia su fragilidad. China, por ahora, ha respondido con cautela: defiende su modelo industrial y rechaza que Washington pueda decidir unilateralmente qué produce o exporta el país asiático.
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Y hay un segundo frente que complica todavía más las cosas: Irán. Estados Unidos ha comenzado a sancionar empresas y ciudadanos chinos vinculados al comercio y transporte del petróleo iraní. Pekín ha advertido que adoptará “las medidas necesarias” para proteger sus intereses.
En esto de la economía nunca se habla de inflación o de aranceles solamente, sino de geopolítica. Comercio, petróleo, tecnología, sanciones y seguridad nacional están formando parte de la misma partida de póker.
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¿Ahora qué?
La reunión de septiembre entre Trump y Xi se supone que será importante precisamente porque ninguno de los dos parece tener demasiado interés en llevar la pelea hasta el extremo, pero disfrutan del proceso, como si “farmearan aura” con sus amenazas.
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Trump – en vísperas de las elecciones legislativas - necesita demostrar que su política comercial consigue concesiones de China, pero también necesita evitar que la guerra arancelaria vuelva a disparar los precios en Estados Unidos. China, por su parte, tiene problemas internos —la actividad manufacturera sigue por debajo del nivel de expansión y el crecimiento del segundo trimestre quedó en 4,3%—, pero conserva algunas cartas muy importantes, entre ellas los minerales y las tierras raras, donde Pekín mantiene una posición dominante. Las restricciones chinas a las exportaciones de estos materiales ya se han convertido en uno de los principales puntos de negociación con Washington.
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Por eso, el pulso tiene una curiosa lógica: Estados Unidos tiene el mercado y el dólar; China tiene buena parte de la fábrica y de las materias primas que necesita la nueva industria tecnológica. La pregunta ya no es quién ganará la guerra comercial. Es qué cosas está dispuesto a sacrificar cada uno para no perder la guerra económica.
¿Qué hay de lo nuestro?
Aquí Bolivia aparece en un lugar bastante más interesante de lo que parece.
La disputa entre Washington y Pekín está convirtiendo los minerales críticos en activos geopolíticos. Litio, tierras raras, cobre y otros minerales necesarios para baterías, vehículos eléctricos, electrónica y defensa ya no se miran únicamente como oportunidades de inversión: son piezas de la competencia entre las dos grandes potencias, y como sabemos desde hace décadas, Bolivia posee la mayor reserva del litio del planeta.
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Durante años hemos discutido si el país debía industrializar por sus propios medios o asociarse con China, Estados Unidos, Rusia, Europa y mucho menos el intentar mantener una posición equidistante que no nos atara con nadie y con todos a la vez. Pasó ese tiempo y cada vez será más difícil que esa decisión sea solamente económica.
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Washington quiere reducir su dependencia de China. Pekín quiere conservar sus cadenas de suministro y su presencia en América Latina. Y Bolivia tiene recursos que ambos consideran estratégicos, pero que de forma casi pudorosa, se ha alineado con Estados Unidos hasta posiciones inauditas sin que haya algún tipo de contraprestación sobre la mesa.
¿Qué margen de negociación tendrá Bolivia cuando esos recursos dejen de ser una oportunidad industrial y pasen a ser una pieza del tablero geopolítico, si es que ya no lo son?
Para seguir: Venezuela, petróleo y Estados Unidos
Era un secreto a voces, un fantasma agitado hasta que perdió el sentido. Estados Unidos negocia con el Gobierno interino de Venezuela un acuerdo para asegurarse el acceso a largo plazo a una parte de sus reservas petroleras. La propuesta contempla que empresas estadounidenses desarrollen más de una docena de campos, con reservas probadas de unos 90.000 millones de barriles, mientras Washington obtendría una participación o contratos de largo plazo.
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El movimiento llega después de meses de presión estadounidense sobre Caracas y en un momento especialmente sensible para el mercado petrolero, con la guerra con Irán alterando el suministro mundial y la Reserva Estratégica de EEUU en niveles históricamente bajos. Washington quiere aumentar la producción venezolana, pero para ello tendría que invertir miles de millones en una industria deteriorada y en campos cuya infraestructura necesita una reconstrucción profunda.
El acuerdo todavía enfrenta obstáculos legales y políticos: la Constitución venezolana reserva al Estado el control de los hidrocarburos y la legitimidad del Gobierno interino de Delcy Rodríguez es cuestionada. Al mismo tiempo, Caracas estudia incluso abandonar la OPEP, lo que supondría otro giro importante y una alineación mayor.
La pregunta queda servida y la respuesta evidente: ¿es una operación para recuperar la producción venezolana, un nuevo reparto del petróleo del país o la versión energética de la “Doctrina Donroe” de Trump?
El diálogo por la “democratización” y demás, desde luego, está en un rincón.
LAS RECOMENDADAS
Entre las recomendaciones para el fin de semana:
- Esto sobre uno de mis temas favoritos, la falacia de la migración: El laboratorio Albania: de excepción a modelo para la política migratoria europea
- Creo les recomendé ya el último número de Nueva Sociedad, que trae más análisis de fondo: ¿Dónde está la izquierda?
- Este tema del que se ha hablado también en Bolivia: América Latina en las trincheras de Rusia-Ucrania
- Esto de Connectas: La riesgosa apuesta de Latinoamérica por Israel
- Esto de CTXT: Fujimorismo ‘reloaded’: va para peor
- Y esto para relajarse un poco y dejar tranquilos a los muchachos: Qué es "farmear aura", la nueva tendencia de los jóvenes en redes (y por qué es algo que en realidad sucede desde hace siglos)
Muchas gracias siempre por leernos aunque sea un poquito.
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