Newsletter
Mediterráneo: El petróleo siempre manda
Este texto forma parte del boletín Mediterráneo que cada viernes envía el director Jesús Cantín y que conecta la actualidad internacional con las dinámicas nacionales. Si quieres recibirlo directamente en tu correo, suscríbete
Estimados y estimadas:
La incertidumbre es el sentimiento común hoy por hoy en Bolivia. La debilidad política del Gobierno, las estrecheces económicas y el exceso de celo de la Asamblea Legislativa Plurinacional nublan el horizonte, con todo lo que eso significa para la estabilidad de familias, jóvenes y adultos. La “buena noticia” es que no somos el único país instalado en esa sensación, sino que es más bien la “emoción” común y casi generacional.
- Lea también esta nota (de 2021): Qué implica la incertidumbre mundial sostenida
En el afán de simplificar, podríamos decir que es por el petróleo. Llevamos unos 40 años estudiando en las escuelas que “el petróleo se va a acabar” y nunca se acaba. Hubo un tiempo en el que la mayoría de los gobiernos del mundo se pusieron de acuerdo en reconocer como prioridad la lucha contra el cambio climático y se hizo una apuesta, ya que nunca se acababa, por dejar de lado el petróleo. Aquello provocó enormes movimientos comerciales y financieros, pero también culturales y después de una infinidad de COPS y reuniones varias, el asunto volvió al punto cero en el que estamos hoy, donde una tensión un tanto más prolongada en el estrecho de Ormuz provoca sismos de pavor y lleva el barril Brent y el WTI por encima de los cien dólares.
El precio del petróleo no es hoy por hoy una noticia económica, sino una suerte de intersección donde se cruzan las guerras de Rusia e Irán, el futuro de Donald Trump, las aspiraciones de India y China, la soberanía de Malvinas y hasta la suerte electoral de Brasil. Y sí, también la suerte de Rodrigo Paz: levantar la subvención completamente con un barril de petróleo a 100 dólares no es lo mismo que a 65, y no tanto por la ola de protestas que vendrán, sino por el enorme impacto que puede provocar en una clase media que está dejando de serlo.
El plan de Trump, sea cual sea – de la simple vanagloria personal a la construcción de una nueva hegemonía imperial en el siglo XXI – pasa por ganar en las elecciones de medio término de noviembre, sobre todo si contempla, como tantos, saltarse la propia Constitución (que habla de dos mandatos sin ningún otro calificativo) y volver a presentarse. El rollito mamporrero de los aranceles ya no impresiona a nadie y la evidencia es que subió la inflación en ese país y apenas se reindustrializó.
- Lea también: Los temores sobre un golpe de estado en noviembre
En el Mediterráneo de hoy nos concentramos precisamente en el petróleo, desde su economía, su diplomacia y sus expectativas.
El petróleo manda, de nuevo
¿Qué pasó?
El petróleo volvió a superar los 100 dólares por barril y no parece dispuesto a marcharse rápidamente de allí. Este viernes, el Brent cerró en US$104,61 y el WTI en US$100,05, después de haber llegado durante la semana a casi US$110. Ambos acumulan una subida cercana al 8% semanal.
El motivo sigue siendo la guerra entre Estados Unidos e Irán y, especialmente, la creciente dificultad para transportar hidrocarburos por los grandes corredores marítimos de Oriente Medio. Los ataques sobre buques, las amenazas en el estrecho de Ormuz y la presión sobre Bab el Mandeb han disparado también el precio del transporte marítimo. Las tarifas para los grandes petroleros que salen del Golfo hacia China alcanzaron niveles récord. Y la dimensión del problema empieza a quedar más clara.
La Agencia Internacional de Energía calcula que más de 10 millones de barriles diarios de producción del Golfo permanecieron cerrados en agosto y que la oferta mundial caerá este año en 5,7 millones de barriles diarios. Al mismo tiempo, los inventarios globales se redujeron en otros 95 millones de barriles durante agosto y acumulan una caída de 507 millones desde febrero.
Es decir: no estamos solamente ante petróleo más caro. Estamos consumiendo los colchones que normalmente amortiguan una crisis energética.
Y el problema más serio está en los derivados. El diésel estadounidense superó por primera vez los US$6 por galón (1,58 $us el litro, es decir, 19 bolivianos apróx), mientras la IEA calcula que los precios del diésel/gasoil en Estados Unidos llegaron a estar un 94% por encima de los niveles anteriores a la guerra. En agosto, las exportaciones de diésel de los países del Golfo fueron apenas algo más de una cuarta parte de las habituales.
El viernes se preveía una tregua luego de que Irán estableciera diálogo con Omán, hasta que los rebeldes del Yemen tomaron Bab el - Mandeb
Mientras, la Casa Blanca estudia recurrir a la “Defense Production Act” para ampliar la capacidad de refinación estadounidense. Las refinerías ya funcionan cerca del 98% de su capacidad, por lo que el margen para responder aumentando simplemente la producción es limitado.
¿Ahora qué?
Durante años se instaló la idea de que el petróleo había perdido buena parte de su capacidad para condicionar la economía mundial. La transición energética, las renovables, los vehículos eléctricos y la diversificación de proveedores parecían haber convertido los grandes shocks petroleros en una reliquia del siglo XX. Sobran evidencias para decir que no ha sido así.
Una guerra en el lugar “adecuado” acaba de recordarnos que la economía mundial todavía funciona con petróleo.
Pero esta vez el problema no es únicamente cuánto crudo existe. Es cuánto puede llegar a los mercados y cuánto cuesta convertirlo en combustible utilizable.
La IEA acaba de recortar su previsión de demanda mundial para 2026 en 2,5 millones de barriles diarios (sobre los 90 aproximados que se calculan), una caída mucho más fuerte de la prevista el mes pasado. No es ahorro ni pensamiento estratégico, es la consecuencia lógica de precios elevados, menor actividad y de una economía que empieza a destruir demanda para adaptarse al shock.
Los principales analistas señalan que el petróleo caro puede terminar provocando una recesión que reduzca la demanda y, por tanto, vuelva a presionar los precios a la baja, pero antes de llegar allí puede producir exactamente el efecto contrario: más inflación, más tipos de interés, menos inversión y menor crecimiento. Los bancos centrales quedan atrapados.
Si suben los tipos para combatir la inflación energética, enfrían todavía más una economía que ya está sufriendo. Si no lo hacen, corren el riesgo de que el aumento de la energía se traslade a alimentos, transporte, industria y servicios. Los que aprendieron economía libertaria rápida en TikTok estos años no tienen respuestas.
El asunto político de Estados Unidos del que luego hablaremos tampoco se puede ignorar: Trump necesita que los combustibles bajen antes de las elecciones de noviembre. Sin embargo, la guerra que decidió profundizar está contribuyendo a mantenerlos elevados. Y ahora la Casa Blanca está estudiando medidas extraordinarias para aumentar la capacidad de refinación.
- Lea también: Las cuentas que no cierran: expertos petroleros cuestionan las cifras del acuerdo Delcy Rodríguez-Trump
El petróleo se ha convertido así en un problema militar, económico y electoral al mismo tiempo con un agravante: nadie tiene idea de cuanto puede durar todo esto. Ni Trump, ni el FMI, ni el ministro de Economía boliviano Christian Morales.
Y hay una segunda cuestión que puede ser todavía más importante: cuánto durará.
Sin paz en la región, el mundo tendrá que convivir con un mercado mucho más estrecho y con inventarios cada vez menores. La IEA advierte precisamente de eso: con los colchones de almacenamiento reduciéndose y las refinerías trabajando al límite, la resolución del conflicto de Oriente Medio se vuelve cada vez más importante para evitar una mayor destrucción de demanda.
¿Qué hay de lo nuestro?
El Gobierno de Paz escucha campanas y actúa. Esta semana hizo otro anuncio con decreto, que pocas veces equivale a una solución directa: el Gobierno autorizó a las refinerías Gualberto Villarroel y Guillermo Elder Bell a importar petróleo crudo, procesarlo en el país y comercializar directamente sus derivados.
El Ejecutivo sostiene que la medida permitirá aprovechar capacidad instalada, reducir costos logísticos y disminuir la necesidad de importar combustibles terminados. Según sus propias proyecciones, con una importación de unos 10.000 barriles diarios de crudo, la producción nacional de gasolina podría pasar del 27% al 40% del consumo, la de diésel del 5% al 8% y el abastecimiento de jet fuel del 81% al 100%. Lo inexplicable es que no se haya hecho antes, y por algo es.
En contra ruta, presentó el acuerdo con el FMI que el ministro dijo que “no tenía ninguna novedad”, pero en la misma semana que el barril pasaba los 100 dólares nos encontramos con una retirada total de la subvención el 1 de enero de 2027.
El problema es común a varios países de la región, pero, aun así, las posibilidades de sumar fuerzas para enfrentar el mercado internacional son escasas.
De momento, el Gobierno de Paz confía en que se modere el precio antes de la liberación, o bien que el presidente pueda convencer al FMI de posponer esa parte del acuerdo, que es en cualquier caso el central para contener el déficit… Difícil, pero nadie tiene mejor concepto de Paz que él mismo.
Trump pone precio a las Midterms
¿Qué pasó?
Donald Trump acaba de convertir las elecciones legislativas de noviembre en una elección plebiscitaria sobre él. Durante la primera convención nacional del Partido Republicano dedicada a los midterms, celebrada esta semana en Dallas, pidió a sus seguidores que voten como si él estuviera en la papeleta: “Pretend that I'm on the ballot”.
- Lea también: Midterms: ¿el comienzo del fin para Trump?
Y además, al más puro estilo nacional, puso una cifra sobre esa apuesta: US$5.000 para cada adulto estadounidense si los republicanos conservan el control de la Cámara de Representantes y el Senado. Trump lo presentó como un “dividendo” derivado del “éxito económico de su administración”, aunque no explicó cómo se financiaría ni cómo podría ejecutarse. Ni siquiera puede justificar el “éxito”.
La cuenta es enorme. Con alrededor de 260 millones de adultos en Estados Unidos, la propuesta podría superar US$1,3 billones. Para hacerse efectiva necesitaría además la aprobación del Congreso, precisamente aquello que Trump está pidiendo a los ciudadanos que mantengan en manos republicanas.
El asunto se ha tomado con bastante sorna en las instituciones serias, pero ya sabemos cómo funcionan las redes. Todos hablan de esto.
Trump llega a los midterms con una aprobación muy baja y con los republicanos enfrentando una elección complicada. Y el problema que su campaña intenta esquivar es precisamente el que más preocupa a los votantes: el costo de vida.
En la convención de Dallas, Trump habló poco de la inflación y mucho de los demócratas. Según Reuters, el presidente ha insistido repetidamente en que los precios están bajando, aunque los datos económicos no respaldan esa “ilusión”. La estrategia republicana es convertir noviembre en un referéndum sobre los demócratas y no sobre la gestión económica de Trump.
Y aquí aparece el petróleo.
Trump prometió también que los precios del crudo caerán “tan pronto como ganemos la guerra con Irán”, y llegó a pronosticar que el conflicto terminará justo después de las elecciones del 3 de noviembre. El problema es que la guerra lleva meses, el estrecho de Ormuz continúa alterado y el Brent volvió esta semana a superar los US$100.
- Lea también: ¿Por qué Donald Trump no puede cumplir la promesa de pagar $5,000 a los estadounidenses si los republicanos ganan?
El asunto es paradigmático: Trump necesita que baje el precio de la gasolina para llegar bien a noviembre mientras la guerra que dirige está contribuyendo a encarecerla.
¿Ahora qué?
Lo interesante de la promesa de los US$5.000 no es tanto si Trump podrá cumplirla. Lo verdaderamente interesante es qué dice sobre el momento político estadounidense.
- Lea también: La nueva derecha
Durante décadas, el Partido Republicano hizo de la disciplina fiscal, el déficit y el tamaño del Estado algunas de sus banderas fundamentales. Hoy por hoy es un dogma en los economistas de TikTok y entre los políticos populistas en todo el subcontinente. Y sin embargo, su líder promete repartir más de un billón de dólares si el partido gana una elección. Toma paguita.
Es difícil no ver ahí una transformación profunda del conservadurismo estadounidense: del viejo republicanismo fiscal al populismo económico de Trump.
- Lea también: Trump 2.0 y las reconfiguraciones de la derecha
El mecanismo tampoco es nuevo. Trump ya había planteado un “dividendo” de US$2.000 financiado con los ingresos arancelarios y ahora vuelve a utilizar la idea de devolver dinero directamente a los ciudadanos. El problema es que los aranceles no generan suficiente dinero para pagar una factura de esta magnitud y Estados Unidos ya arrastra un déficit anual de alrededor de US$1,8 billones.
Y hay una contradicción adicional de manual, que es el asunto del circulante en plena incertidumbre inflacionaria. El manual, al parecer, tampoco ahora se aplica en Estados Unidos.
La estrategia republicana parece bastante clara: mantener a Trump en el centro, movilizar a su base, presentar a los demócratas como una amenaza radical y compensar el desgaste económico con una combinación de nacionalismo, guerra cultural y promesas materiales.
- Lea también: ¿Vance? ¿Rubio? ¿DeSantis? ¿Cruz? ¿Quién podría ser el candidato republicano a la presidencia?
Pero incluso dentro del Partido Republicano hay dudas. Algunos candidatos competitivos están intentando mantener cierta distancia de Trump porque temen que convertir los midterms en un plebiscito sobre él movilice a los votantes demócratas e independientes.
Y ojo, mientras tanto, J.D. Vance empieza a aparecer como el heredero natural del trumpismo. Su protagonismo en Dallas y los cánticos que lo proyectaron hacia 2028 muestran que la elección de noviembre también puede comenzar a definir la sucesión dentro del movimiento.
- Lea también: La reacción de J. D. Vance cuando el público comenzó a cantar "JD 48" durante su discurso
¿Qué hay de lo nuestro?
La experiencia estadounidense tiene una lectura interesante para Bolivia, aunque las dimensiones sean completamente diferentes: dos presidentes cuestionados, dos elecciones plebiscitarias en el horizonte y un inminente incremento del precio del combustible.
Es verdad que Trump tiene las midterms y en Bolivia aun se debe decidir si se irá a un referéndum constitucional en el corto plazo. De darse, al igual que en Estados Unidos, tendrá carácter de plebiscito, salvo que Trump podrá seguir presidiendo con minoría en el Congreso y Paz, probablemente, se vea forzado a renunciar si además la situación económica sigue desbocada, que hace a la otra gran diferencia: Trump promete 5.000 dólares para hacer frente a un pico de mercado; mientras el bono Pepe de Paz ascendió a 450 bolivianos anuales (1,25 al día) luego de casi duplicar el precio de la gasolina en 2025, que es lo que se prevé vuelva a pasar a partir del 1 de enero de 2027.
Veremos quien la lidia mejor en esta coyuntura.
Para seguir: Brasil, Lula y Flávio ya juegan otra elección
La campaña brasileña entra en una zona mucho más incierta. Las últimas encuestas confirman el estrechamiento de la carrera entre Lula y Flávio Bolsonaro: Datafolha da 39% a Lula y 35% a Flávio en primera vuelta, mientras que en un eventual balotaje aparecen en empate técnico, 46% contra 44%. Otros sondeos publicados esta semana muestran resultados similares, con diferencias cada vez menores entre ambos.
- Lea también: Gane quien gane, ¿por qué será difícil gobernar Brasil?
- Lea también: La paradoja de Brasil: país conservador con presidente de izquierda
El dato político es más interesante que el número. Flávio está consiguiendo convertir la elección en algo más que una disputa entre Lula y el apellido Bolsonaro. El desgaste del Gobierno, la polarización y la crisis institucional del Supremo están modificando el escenario, mientras el candidato intenta consolidar el voto de la derecha sin ser simplemente una copia de su padre. Y cualquier movimiento en torno al caso Daniel Vorcaro, que ya salpica a Flávio, puede alterar una campaña que empieza a cerrarse.
- Lea también: Empate presidencial en eventual segunda vuelta de Brasil
- Lea también: ¿Quién es el banquero preso con «amigos en todos los poderes» de Brasil?
Brasil, por tanto, merece seguimiento permanente. No solo por quién gane: una eventual vuelta del bolsonarismo al Palacio del Planalto – en la línea de las últimas elecciones en la región - cambiaría nuevamente el equilibrio político de Sudamérica, y tendría consecuencias sobre Venezuela, Estados Unidos, China, Mercosur y la relación con Bolivia.
Para seguir: BRICS, el otro mundo se reúne en India
Los BRICS se reúnen este fin de semana en Nueva Delhi con una particularidad difícil de ignorar: uno de sus miembros, Irán, está en guerra con Estados Unidos, mientras el petróleo y el comercio marítimo sufren las consecuencias. India recibe a Putin, Xi Jinping y al presidente iraní Masoud Pezeshkian, en una cumbre que pondrá a prueba la capacidad del bloque para actuar más allá de sus declaraciones sobre multipolaridad.
- Lea también: A la sombra de las guerras y con la presencia de Rusia, China e Irán: ¿qué esperar de la cumbre de los BRICS?
La otra gran novedad está en la relación entre India y China. Xi llega a Nueva Delhi por primera vez desde 2019, después de un progresivo deshielo entre las dos potencias asiáticas tras años de tensión fronteriza. Modi, mientras tanto, mantiene su estrategia de autonomía: compra petróleo ruso pese a las presiones occidentales, conserva vínculos con Washington y busca al mismo tiempo fortalecer sus relaciones con Beijing, Moscú y Teherán.
El desafío será comprobar si los BRICS pueden convertirse en algo más que una suma de países descontentos con el orden occidental. Representan ya cerca de la mitad de la población mundial y alrededor del 40% de la economía global en paridad de poder adquisitivo, pero sus intereses son demasiado distintos para dar por hecho una alianza coherente. La guerra de Irán puede ser precisamente la prueba: ¿pueden construir una agenda común sin convertirse simplemente en un bloque antiestadounidense?
LAS RECOMENDADAS
Hoy, muchas lecturas del 11S 25 años después
- Esto de Diálogo Político: A 25 años del 11S, ¿cómo cambió la lucha contra el terror?
- Esto de Diario Red: Veinticinco años desde el 11 de septiembre: de la guerra contra el terror a Donald Trump
- Esto de BBC: Las 2 causas científicas por las que se derrumbaron las Torres Gemelas tras el impacto de los aviones el 11 de septiembre de 2001
- Además esto de DW: Equal Earth: América Latina gana relevancia en mapa mundial
- Esto de BBC: Los preocupantes datos sobre el estado de la educación en América Latina que revela la última prueba PISA
- Esto que parece de otro siglo: La lucha por la sucesión en el seno de la familia real de Uganda tras la muerte del monarca más joven del mundo
Muchas gracias siempre por leernos aunque sea un poquito.
Recuerden que pueden renovar su suscripción aquí y que esta es la mejor forma de proteger el periodismo independiente.
Nos vemos en las calles








