Mediterráneo: Las dificultades de reelegirse
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Estimados y estimadas
Reelegirse es cada vez más difícil, y ya no es una cuestión de percepción, sino de datos. Desde 2018 en América pocos gobiernos han logrado volver a revalidar su triunfo. Brasil pasó del post PT de Dilma a Bolsonaro y de nuevo a Lula; Argentina pasó de Macri a Alberto Fernández y de ahí a Milei; en Urugay pasó de Tabaré Vásquez a Lacalle Pou y ahora a Orsi; en Colombia pasó de Santos a Duque (uribista) y de ahí a Petro; en Bolivia pasó de Jeanine Áñez (que aunque no fue electa puso todo el gobierno a trabajar para ello) a Arce y de ahí a Rodrigo Paz; en Perú es difícil identificar un oficialismo, pero ganó Pedro Castillo y en Chile, es más que evidente que de Piñera pasó a Boric y de ahí, a Kast, salvo milagro (la derecha sumó más del 70% el domingo pasado en primera vuelta). Solo en Ecuador, que pasó de un desdibujado Lenín Moreno a Guillermo Lasso y de ahí a Noboa en 2023 y reelegido este año, y en Paraguay, que de Cartes pasó a Mario Abdo y de ahí, a Santiago Peña, todos ellos del partido Colorado, son excepción.
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Esto aplica aún con más fuerza en municipios y gobernaciones de todo el continente, y también en Bolivia. En 2021 las alcaldías principales cambiaron de manos y de partidos y también Gobernaciones autónomas como Tarija y Santa Cruz. Entonces se identificó el fenómeno MTS, que empoderó outsider y ganó, por ejemplo, el Beni.
El fenómeno se está estudiando a fondo y ya hay muchas conclusiones que al final, son también evidencias de época: destruir algo hoy por hoy es mucho más sencillo que construirlo y cualquier error que se viralice acaba pasando factura.
Hay estudios más de fondo. Las ciencias políticas no se estudian en las escuelas y cada vez se habla menos de ello en las casas, un vacío que los gigantes tecnológicos no han tardado en llenar. A los 18 años no es que un joven no sepa si es de izquierda o de derecha, sino que apenas tiene cierta noción de qué significa cada cosa. Muchos a los 40 tampoco. La ideologización se ha convertido en un proceso simple de polarización. En un partido de fútbol. En algo emocional y no racional. Con suerte, en una consecuencia y no en una decisión.
No se trata de demonizar las redes que promocionan estilos de vida sensacionalistas, individualistas y triunfalistas. A esto han contribuido también aquellos que hacían campaña señalando que lo importante no era saber si era de izquierda o de derecha, sino resolver los problemas, como si en cada toma de decisión no hubiera afectados y beneficiados.
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Las fronteras ideológicas se han difuminado, pero no las consecuencias de los modelos. La desigualdad sigue aumentando en el mundo y en cada país gobierne la supuesta izquierda o la supuesta derecha y los grandes poderes siguen sumando resultados estratosféricos mientras se hace cada vez más difícil acceder a una vivienda o garantizar educación de calidad. El paso del MAS por Bolivia, por ejemplo, tuvo en sus inicios cierto impacto en la inclusión social, pero mientras los bancos han sumado sus mejores resultados de la historia, el crédito no se ha popularizado y no hay nada parecido a un Estado del Bienestar construido con esfuerzos proporcionales, sino unas lógicas de acumulación que han acabado siendo perversas.
El posicionamiento político de Rodrigo Paz y Edmand Lara sigue siendo una incógnita más allá de su autodefinición de “centro”, y todo apunta a que será al final de la partida cuando se pueda hacer, en base a las decisiones tomadas, una catalogación un tanto más académica de su gobierno. Mientras tanto, en este número de Mediterráneo hablaremos de la autocracia, de los planes con Venezuela y de la burbuja de la Inteligencia Artificial.
Los amigos autócratas de Donald Trump
¿Qué pasó?
El martes el presidente de Estados Unidos recibió en la Casa Blanca al príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán, una cumbre con muchas aristas en la que desde luego, el asunto de los Derechos Humanos, no estuvo en el menú.
¿Y ahora qué?
Bin Salmán habla el idioma de Donald Trump y lo demostró de inmediato: Aumento los compromisos de inversión del fondo soberano saudí de 600.000 millones a un billón en suelo norteamericano. A partir de ahí todo fue coser y cantar (aunque no es oro todo lo que reluce).
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Arabia Saudí sigue siendo el principal productor de petróleo dentro de la OPEP – EEUU y Rusia producen más, pero no pertenecen al cártel – y aunque está tomando medidas para diversificar sus inversiones y seguir incidiendo en la política energética mundial con enormes plantas solares, es también el principal promotor de las tecnologías alternativas que discrepan con el relato verde de Naciones Unidas sobre el calentamiento global y la descarbonización del planeta. Consideran que hay otras vías y con eso, la alianza con Trump es aún más sólida.
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El alineamiento de Trump fue tal que llegó a pedir que “no molesten a su invitado” e insultar a varias periodistas que, aprovechando la ronda de preguntas, cuestionaron al Príncipe por el asesinato y desmembramiento del periodista Jamal Kashoggi en la embajada saudí de Estambul, Turquía. La CIA es la fuente que señala que fue orden del propio Bin Salmán que lo consideró “un tremendo error”, aunque para Trump fueron “cosas que pasan”.
La reunión tuvo además un importante sesgo geopolítico con mensajes explícitos para la región de Oriente Próximo. Trump anunció la venta de aviones F-35 y la adhesión de Riad a los acuerdos de Abraham, que implica el reconocimiento de Israel y el restablecimiento de relaciones diplomáticas, aunque Arabia Saudí sigue condicionando este apoyo al reconocimiento del Estado Palestino, algo que hoy por hoy sigue siendo una quimera.
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Este acápite no ha sido una traba para que Trump firmara un acuerdo de seguridad similar al firmado con Catar tras los ataques israelís de septiembre, donde consideraba cualquier ataque contra Doha una amenaza contra Washington.
Para Benjamin Netanyahu, que Trump venda aviones F35, que hasta ahora solo tenía Israel, menoscabando su superioridad militar cualitativa en la región, y sin exigir una normalización de relaciones con Israel es un giro notable en las relaciones. El plan de paz está en marcha y con el beneplácito de la ONU, pero…
Los expertos señalan que probablemente el alineamiento de Trump con los autócratas del Golfo, que no dejan de ser “monarquías” muy dictaduras y ligadas a la religión musulmana, generará malestar en Israel, que se verá debilitado. Aun así, una Orden Ejecutiva de Trump no es un Tratado ratificado por el Senado y siempre es interpretable. ¿Qué haría realmente Trump si Tel Aviv ataca Riad o Doha?
Como sea, China está a la espera.
¿Y qué hay de lo nuestro?
Todas las comparaciones son odiosas y Bolivia y Arabia Saudí, la verdad, tienen poco en común a nivel político, geopolítico o económico, pero sí hay un factor de interés mundial: el litio y todas sus tierras raras asociadas.
Las conversaciones con el Gobierno de Donald Trump ya han empezado, por lo que vale la pena recordar cómo se las gasta.
Las cuentas de Maduro
¿Qué pasó?
New York Times filtró esta semana un supuesto pre acuerdo para que Nicolás Maduro abandone el poder en Venezuela en un plazo de dos o tres años y aunque ambos gobiernos lo han negado, Trump ha dicho que “pronto hablará con Maduro” y que tiene “algo muy específico que decirle”.
¿Y ahora qué?
Dos meses después de que iniciara la presión militar de Estados Unidos contra Venezuela, camuflada en una suerte de guerra contra el narcotráfico cerca de 15.000 marines y el 20% de sus buques de guerra movilizados en todo el mundo, incluyendo el portaviones Gerald Ford, aviones F35 y un submarino están instalados en el mar Caribe.
Con todo ese despliegue a lomos del contribuyente norteamericano, se han matado al menos a 80 personas en misilazos contra una veintena de embarcaciones que probablemente llevaban droga, pero cuyos ocupantes – que no son ni de lejos los grandes capos del narco americano – merecían un juicio justo según el derecho internacional.
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Pese a la brutalidad de los ataques y la absoluta desproporcionalidad, apenas Gustavo Petro y algunos medios de comunicación han puesto el grito en el cielo. Bastante lío hay, parece decir la Comunidad Internacional, como para salir a defender a Maduro. La tensión en la zona, sin embargo, se ha disparado.
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El despliegue va más allá de una operación contra el narcotráfico e incluso, más allá de desalojar del poder a Nicolás Maduro, a quien Trump un día sitúa en la cúspide del cartel de los soles y otro, del Tren de Aragua.
Este viernes se publicó en La Jornada una amplia entrevista a Nicolás Maduro de Ignacio Ramonet en la que más allá de la retórica bolivariana y la defensa de la soberanía, abre la puerta a un diálogo, aun advirtiendo que están preparados para el combate.
El desgaste económico y democrático de Venezuela ha acabado por aislar a Maduro, que aunque mantiene el control interno del país - y no solo por la represión o los 7 millones de migrantes de los últimos años – empieza a ver inviable la situación económica.
Incluso Gustavo Petro fuerza la retórica para asumir la necesidad de un gobierno de transición pero advirtiendo que la caída de Maduro por la presión militar de Estados Unidos supondrá abrir un nuevo capítulo en las relaciones panamericanas, que llevan dos siglos sometidas a la doctrina Monroe. Esto, en el siglo XXI, lo trasciende.
Trump ha intervenido directamente en las elecciones legislativas de Argentina ofreciendo un rescate a la medida solo para él – técnicamente son dos swap -, y apenas una semana después se firmó un acuerdo que abre el mercado argentino a las manufacturas e incluso productos agrícolas con preferencia, y además le da accesos prioritarios a litio y tierras raras, la verdadera obsesión de Trump en su pugna con China.
Por otro lado, siempre cabe recordar que Trump no ha engañado a nadie y no lo hace cuando entra en batallas y pulsos regionales: “Estados Unidos Primero” significa exactamente eso.
¿Qué hay de lo nuestro?
Rodrigo Paz ha priorizado por encima de todo el restablecimiento de relaciones internacionales con Estados Unidos sin que haya explicado exactamente cuáles serán las ventajas más allá de la hipotética apertura de mercados que en todos los casos estarían ligados a minerales, pues lo agroindustrial está copado – salvo algunas especialidades de alto valor como la quinua – y lo manufacturero también. De la obsesión de Trump por los minerales raros ya hemos hablado.
En esta ambición, Paz no ha querido pisar ninguna mina y ha dejado fuera todo tipo de cuestionamiento o mera observación al respecto de los derechos humanos o los bombardeos en el Caribe. Seguramente cuando se asiente en el cargo y se normalice la situación económica, pueda recuperar su voz.
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En las últimas dos semanas se vienen publicando análisis y advertencias sobre la última burbuja que parece empezar a enfrentar riesgos financieros reales: la de la Inteligencia Artificial.
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No tiene que ver con la resistencia a la revolución tecnológica ni esos matices nostálgicos de la gente que la descarta por concepto como en el siglo XVIII se denostaba la máquina de vapor; no se trata del miedo a ser reemplazados, ni de no querer adaptarse a los cambios o no poder aprender.
Se trata tal vez en parte de no contar con la capacidad suficiente de incorporar sus aplicaciones al mercado laboral cotidiano y también de sus costos. Pero no más de esto que de lo primero y también, de la verdadera voluntad de la humanidad de adoptar ciertos cambios deshumanizantes.
Todos los proyectos originales fueron alentados entusiastamente desde Silicon Valley con generoso financiamiento de Wall Street mientras China arrancaba tarde, pero con todo el respaldo estatal, y Europa se quedaba en el molde, para variar, pensando en su regulación antes de su desarrollo. América Latina ni eso.
A principios de siglo ya se pinchó una burbuja similar, las de las .com, que no frenó el desarrollo de internet, pero lo relativizó. Las expectativas de entonces se parecían bastante a las que hoy se tienen de las aplicaciones IA. Hubo víctimas severas en aquel entonces.
Veremos lo que se ha aprendido desde entonces.
LAS RECOMENDADAS
Entre las recomendadas para este fin de semana
- Un análisis de la deriva muy acorde con el “problema” reciente en el Gobierno de Bolivia: Captura del poder judicial, una tendencia autocrática en América Latina
- En el próximo boletín intentaré dedicarle tiempo a esta “Generación Z” rebelde que en algunos países ha sido genuina y en otras se siente a la legua la manipulación política. Les dejo algunos textos:
- De El Orden Mundial: Cómo la generación Z ha globalizado el hartazgo de la juventud internacional
- Esto de Nueva Sociedad: México: ¿tiene futuro la protesta de los «sombreros de paja»?
- Además algunos temas para seguir la COP30
- Esto de DW: "Cuando los políticos ya no hablan del cambio climático"
- Esto de IPS: Cumbre climática se extravía en la selva amazónica
- Esto de Nueva Sociedad: La paradoja extractivista. Entre la crisis climática y la transición energética
- Además esto de Anfibia sobre lo sucedido en Chile: Voto Kastigo
- Esto de Ojo Público, que también nos atañe: Autopistas de depredación: tráfico de fauna silvestre en la Amazonía
- Y esto para relajarse un poco, que al fin y al cabo, es viernes: El último milagro de Rosalía
Muchas gracias por leernos. Seguiré trabajando en lo de la brevedad.
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Nos vemos en las calles








