Abrigos de corazón

La campaña “Abrigos de Corazón” ha confirmado que el periodismo no solo informa: también puede ser un puente solidario cuando la realidad aprieta. En tiempos de crisis, el rol social de los medios cobra un valor aún mayor.

La campaña “Abrigos de Corazón” impulsada desde este diario reunió cerca de 300 kilos de ropa de invierno que ya abrigan a los internos del Hogar La Colmena y otros dependientes de la ciudad de Tarija. Una muestra de que, incluso en tiempos de crisis, Tarija sigue siendo una ciudad solidaria.

En medio de la incertidumbre económica, la caída del empleo y las tensiones políticas que atraviesan al país, es fácil pensar que todo está roto. Pero cada tanto, surgen gestos que devuelven esperanza. Uno de ellos ha sido la campaña “Abrigos de Corazón”, que durante dos semanas logró convocar a muchos vecinos y vecinas de Tarija para donar ropa de invierno al Hogar de Rehabilitación La Colmena, que dirige el padre Alejandro Fiorina en San Mateo. El resultado: cerca de 300 kilos de abrigos, mantas, bufandas y buzos que ya están aliviando el frío de quienes más lo necesitan.

Tarija sigue siendo una ciudad donde la solidaridad encuentra lugar. La campaña “Abrigos de Corazón” lo confirmó: cientos de personas, sin aspavientos, ofrecieron abrigo, dignidad y esperanza.

La verdadera noticia aquí no es una campaña más. Es la generosidad silenciosa que se activó en barrios, oficinas, familias y grupos de amigos. Esas personas que abrieron sus armarios, juntaron lo que no usaban, lavaron, doblaron, empacaron y caminaron hasta la redacción del diario para entregar algo. Ellas y ellos son los protagonistas de esta historia, porque si algo ha demostrado esta campaña, es que Tarija sigue siendo una comunidad que se reconoce en el otro, que no ha perdido del todo el reflejo de la empatía. Y que, aun sin mucho, está dispuesta a compartir.

El asunto no era sencillo, pues a menudo la población alcohólica resultan ser los últimos de los últimos. Tarija se promueve como destino turístico asociado al vino, al buen vivir y a la hospitalidad. Y con razón. Pero también es tierra de contrastes. En los márgenes de esa postal enoturística, hay realidades duras: personas en situación de calle, jóvenes con adicciones, familias rotas por la migración o la precariedad. El Hogar La Colmena acoge precisamente a quienes han quedado fuera de todo. Por eso, esta ayuda no es solo una donación: es un acto de reconocimiento y de justicia social.

Las campañas solidarias no sustituyen al Estado, que entendido como el conjunto ciudadano, es quien debe asumir la responsabilidad de cuidar, pero sí recuerdan que, cuando fallan las instituciones, la sociedad civil puede organizar respuestas. Y que el calor humano sigue siendo una fuerza capaz de mover cosas en medio de tanto desencanto.

A todas las personas que donaron, gracias. A quienes difundieron, organizaron, ayudaron con los traslados, gracias. Esta campaña termina, pero el compromiso con el otro no debería tener fecha de cierre. Porque a veces, lo más importante no es cuánto se dona, sino el gesto de no mirar hacia otro lado.


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