Fotomultas y civilización

El proyecto está tocado de muerte, porque hace falta valentía para plantearlo. Ojalá seamos capaces de mostrar que Tarija ya es otra cosa y que somos capaces de convivir con la ley

No pretendemos en este editorial reflexionar sobre el papel de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, de cualquier Estado, ni de la legitimidad de acción de estas en las “polis”, ni siquiera entrar en ese debate sobre la función sistémica y social de las multas como elemento represivo, disuasorio o educador, pero lo cierto es que cada vez la convivencia se hace más difícil en estas ciudades nuestras en las que ya no solo se reivindica el derecho a ganarse la vida armando mercado en cualquier sitio, que es legítimo, sino la libertad para saltarse un semáforo o manejar como loco por la avenida más transitada de la capital tarijeña, que es además una de las de más alta siniestralidad

Por resumir, el proyecto de la Alcaldía es legal y legítimo y contempla tres puntos donde recurrentemente se saltan los semáforos y dos donde el exceso de velocidad es recurrente. Se trata básicamente de proteger a los ciudadanos, de que estos se sientan más seguros en sus calles. También tiene un fin educativo: es necesario que los choferes empiecen a respetar de verdad a los peatones y también entre ellos, pues el incumplimiento de las normas más elementales se ha hecho pan nuestro de cada día con absoluta impunidad.

Ahora, evitar la multa, sin embargo, es extremadamente fácil: basta con respetar las señales enormes que están advirtiendo de las consecuencias y no saltarse los semáforos

¿Tienen las multas un afán recaudatorio? Es evidente que en un país como el nuestro donde el pago de impuestos es ligero y muchas instituciones viven a base de tasas (iguales para todos) y de multas justamente interpuestas sobre esas tasas o esos impuestos. Se dan paradojas donde algunas cobran más por multas que por impuestos, y se da, sobre todo, esa práctica tan extendida de “coimear” al funcionario de turno para eludir responsabilidades. La práctica está realmente extendida, pero también naturalizada: el sistema corrupto no solo perjudica al país, sino que tampoco ha servido para enseñarnos a manejar respetando las normas o mantener el vehículo en estado óptimo.

El municipio se ha esforzado en implementar un sistema sólido y sin vulnerabilidades, que sea transparente y sin chicanas, donde nadie pueda escaparse. Y sí, los montos son elevados, porque está demostrado en el mundo entero y en Tarija que el “artículo 20” o el “artículo 50”, no educan para evitar la reincidencia.

Ahora, evitar la multa, sin embargo, es extremadamente fácil: basta con respetar las señales enormes que están advirtiendo de las consecuencias y no saltarse los semáforos en rojo. En verdad no es difícil para nadie.

La campaña desatada en contra de esta iniciativa tiene varias aristas, empezando por quienes sienten amenazado su monopolio hasta quienes desconfían por pura probabilidad de sus capacidades de cumplir la ley, pero es curiosa la ofensiva de ciertos sectores que a menudo claman por la modernidad y piden progresos y cambios de fondo, que ahora exijan su derecho a saltarse el semáforo como si la vida les fuera en ello, porque es justamente la otra vida la que se está protegiendo. Avanzar significa precisamente esto, ser responsables y cumplir las normas.

El proyecto está tocado de muerte, porque hace falta valentía para plantearlo, y por ello mismo, ojalá seamos capaces de mostrar que Tarija ya es otra cosa y que somos capaces de convivir en una ciudad moderna donde se impone la ley, y no la fuerza, ni las mañas.


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