La dignidad de los mayores

Bolivia es un país joven que está envejeciendo a marchas aceleradas sin que se estén tomando las previsiones para atender a las futuras generaciones

El Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez se celebra el 15 de junio de cada año, una fecha oficial de la ONU con el objetivo de concienciar y denunciar el maltrato, abuso y sufrimientos a los cuales son sometidos muchos ancianos y ancianas en distintas partes del mundo. Cada año se elige un tema para la celebración del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Para 2023, el tema es: "Cerrar el círculo: Abordar la violencia de género en las respuestas basadas en políticas, leyes y evidencias para la vejez".

Bolivia no es país para viejos, y de hecho no lo es. Su peso en la pirámide poblacional es pequeño, pero eso no quita que se haya multiplicado sustancialmente en la última década como una consecuencia evidente del crecimiento económico y la mejora de la mayor parte de indicadores sociales y de bienestar humano, que existen al margen de todas las consideraciones políticas y sus peleas.

La falta de un sistema de protección social adecuado hace que en Bolivia sea habitual que personas muy mayores sigan teniendo que trabajar

La vejez está referida a la última etapa de vida de las personas denominada tercera edad, que se inicia a partir de los 65 años de edad, por lo general se considera a partir de la edad de jubilación, pero la falta de un sistema de protección social adecuado – que no deja de ser una forma de violencia -, en Bolivia es habitual que personas muy mayores sigan teniendo que trabajar de algún modo para garantizarse su sustento.

Eso a pesar de que en la etapa del envejecimiento comienzan las transformaciones mentales y físicas progresivas, propias de la edad y que son irreversibles, pero cuyo cuidado tiene que ver con la propia humanidad de los sistemas. Algunos de los males más comunes son el deterioro en la capacidad regenerativa de las células, generando un déficit de las mismas (apoptosis); la pérdida de neuronas y disminución del volumen cerebral;  los cambios morfológicos y patológicos como la disminución de estatura, disminución de agudeza visual, pérdida auditiva, cambios en la piel; la disminución de la capacidad psicomotriz; la disminución de las capacidades intelectuales; la disminución de la memoria y la alteración de la capacidad de adaptación.

Es evidente que los servicios que se brindan hacia las personas mayores en Bolivia son insuficientes: el cuidado recae en miembros de la familia o, de no existir, en alguna institución de beneficencia; la universalidad de la salud a esa edad no impide que siga teniendo sus limitaciones de atención; no existen políticas integrales que ayuden a la estimulación o la rehabilitación terapéutica y, sin riesgo a equivocarse, la Renta Dignidad es muy poco digna y la canasta para el adulto mayor que se entrega en Tarija, apenas es un parche sujeto a los caprichos presupuestarios.

Bolivia es un país joven que está envejeciendo a marchas aceleradas. En esas, es necesario que se vayan tomando las previsiones de lo que vendrá, pues los ritmos de vida vienen cambiando y ningún Estado puede dejar a sus ancianos desamparados. Es tiempo de invertir en dignidad.


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