Tarija, cualquier carretera
La falta de calidad de las obras ejecutadas en Tarija, los plazos demorados o la falta de mantenimiento parecen haber insensibilizado al transporte y a las autoridades, que apenas reclaman
Construir cualquier carretera en Tarija siempre ha costado mucho. Llegó al siglo XXI sin tener apenas asfalto más allá de su capital. Es casi inexplicable, pero las crónicas dan la razón. Desde que alguien asume la demanda de hacer una carretera cualquiera hasta que se ejecuta, pasan normalmente años. Después, por lo general, la construcción demora. Después, si es que se logra recepcionar formalmente, pronto empiezan los problemas de mantenimiento, denuncias, escándalos y finalmente, olvidos.
La ruta al norte, hacia Potosí, tardó más de una década en construirse, pasaron varias empresas brasileras, entre ellas la famosa OAS que “acabó” con la presidencia de Lula; solo para iluminar el túnel hubo tremendos cónclaves y al final, nunca fue inaugurada.
El remate es la Ruta 9, Yacuiba – Villa Montes, una de las de más alta siniestralidad del país y docenas de veces comprometida para su desdoblamiento
En Tarija se priorizó la ruta a Bermejo por ser la salida natural hacia Argentina, pero la construyó también una empresa brasilera, lo que tal vez explique lo sinuoso del trazado y sus otros defectos, agravados en los últimos años. La vía empieza a clamar por una intervención total que la mejore.
La ruta al Chaco es un poema, de los malos. Desde que empezó a ingresar plata al departamento y se planteó su construcción surgieron problemas competenciales y se sacaron fórmulas de la manga para su financiación: en lugar de pagar 70 el Estado, 30 la Gobernación del monto total que adjudicaba la empresa estatal, en Tarija se prefirió cuartear la ruta y licitar por pedazos en función del 70-30, para pagarlo en la integridad. El resultado es conocido. Apenas el primer tramo hasta el Puente Jarkas construido por el Sedeca aguanta con dignidad. El siguiente, Canaletas – Entre Ríos, fue recibido por la Gobernación con defectos de libro, como sus taludes, y por ende, nunca se pudo entregar a la ABC para su administración.
El siguiente tramo, Entre Ríos – Palos Blancos, se contrató a una empresa española sin ningún currículum en Bolivia en plena campaña de Evo Morales para la reelección de 2014. Los españoles subcontrataron todo y no tuvieron mayor problema en lograr que la ABC cambiara condiciones del contrato que empeoraron la vía. Se marcharon dejando múltiples deudas, curvas imposibles y el firme levantado por numerosos tramos. Hoy es un riesgo en su transitabilidad.
En el ramal hacia Yacuiba, el tramo Choere – Acheral – uno de los adjudicados a la ABC que la SIB viene denunciando como turbio, pero que nadie investiga – apenas avanza nada desde 2019; en el ramal hacia Villa Montes, y más allá de la muralla que supone el angosto de Villa Montes, el tramo La Central – Río Isiri es un tramo literalmente abandonado del que nadie se preocupa.
El remate es la Ruta 9, Yacuiba – Villa Montes, una de las de más alta siniestralidad del país y docenas de veces comprometida para su desdoblamiento, pero ni siquiera el tramito de Yacuiba a El Palmar, utilizado en cada elección desde 2010, avanza.
Sin duda, pasa algo en las rutas tarijeñas, que por más que se denuncian en la prensa, ni el transporte ni las autoridades que deben preocuparse por las mismas, parecen dispuestas a hacer nunca nada.


