La sostenibilidad de la subvención al combustible
En ciertos foros se cuestiona ya por qué se subvenciona el combustible a vehículos de uso particular y de alta cilindrada que además, perjudica al medio ambiente
Las cifras de la balanza comercial contempladas en el último informe del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) correspondientes al periodo enero – agosto de 2022 registran un monto de 2.483,70 millones dólares por las exportaciones de gas natural, gas licuado de petróleo (GLP) y urea (fertilizante derivado del gas), mientras que la importación de combustibles (diésel y gasolina) registró un valor de 2.341,08 millones de dólares.
El “milagro” boliviano del control de la inflación depende, básicamente, de mantener los precios del transporte subsidiados a través del combustible
Estas cifras muestran un pírrico superávit de 142,62 millones de dólares en la balanza comercial, un dato que genera más dudas que certezas.
Los precios de los hidrocarburos se vienen incrementando desde 2020, cuando en pena pandemia un pequeño momento de caída por el bloqueo de almacenes y por el que el barril de WTI, de referencia para América llegó a cotizar en negativo. Desde entonces se ha ido incrementando paulatinamente, en parte por los planes mundiales de acabar con su uso definitivamente en plazos extraordinariamente cortos. Europa, por ejemplo, prevé dejar de producir motores de combustión hasta 2030.
Después llegó la invasión de Ucrania por parte de Rusia, que fue respondido con sanciones de las potencias OTAN contra el agresor, que se tradujo en una tensión permanente de los mercados del petróleo y el gas que si bien se ha moderado en las últimas semanas, se prevé vuelva a superar los 100 dólares en los próximos días.
Bolivia exporta principalmente gas tanto a Brasil como a Argentina con los precios referenciados al barril WTI, que han sido muy altos en el periodo del informe, pero lamentablemente, también sigue comprando gasolinas y diésel a precios comerciales para abastecer el mercado interno subvencionado para todo el mundo, y lo cierto es que los incrementos no se sienten igual en el precio del gas que en la compra de combustible elaborado. Las cosas de la industrialización.
El “milagro” boliviano del control de la inflación depende, básicamente, de mantener los precios del transporte subsidiados a través del combustible y de introducir al mercado también insumos de primera necesidad – como la harina – para mantener los precios bajos. Esto es sostenible si el Estado tiene los suficientes ingresos, si no, genera desequilibrios y riesgos.
Cualquier medida destinada a mejorar los ingresos del Estado, o reducir sus gastos, que afecte al bolsillo de los ciudadanos, puede desencadenar en un estallido social de consecuencias impredecibles, por ello, un “gasolinazo” total está descartado. Sin embargo, en ciertos foros ya se ha empezado a cuestionar por qué se debe subvencionar el combustible de uso particular, especialmente en vehículos de gran cilindrada.
El parque automotor sigue creciendo aceleradamente en Bolivia y eso es un problema para las finanzas y para el medio ambiente, particularmente urbano. El gobierno seguramente, a poco que se alargue el conflicto en Ucrania en los próximos meses, deberá pensar fórmulas creativas para gastar menos en ese concepto. Veremos si su capital político le permite tomar medidas de alcance real.


