Aprovechar el gas

Desde que la primera molécula de petróleo emergió de las entrañas de Bermejo en la mente de los políticos y dirigentes siempre estuvo exportar, y nada más, pero los números son elocuentes

Aprovechar el gas. Una frase simple y que al parecer, ha tenido durante tanto tiempo muchas interpretaciones, menos la obvia. Hasta hoy los dogmas neoliberales siguen aflorando cada vez que se habla del mercado de los hidrocarburos, y a pesar de los fracasos concretos y tangibles, como los éxitos, se sigue apostando por hipótesis de largo plazo que hacen cualquier cosa menos la necesaria: aprovechar el gas.

Desde que la primera molécula de petróleo emergió de las entrañas de Bermejo – y a saber dónde se utilizó, porque eran tiempos de contrabando e impunidad – en la mente de los políticos y dirigentes siempre estuvo exportar, y nada más. Vender el petróleo, y después el gas, a aquellos que tuvieran la capacidad de utilizarlo porque, según esa interpretación, en Bolivia solo hay espacio para pastores y mineros.

En la década perdida del neoliberalismo no solo se pensaba en exportar todo lo que se pudiera, sino que hasta las reservas fueron regaladas, hasta los pozos descubiertos por la empresa estatal. Con la tercera nacionalización pronto se pasaron los fervores revolucionarios y todo volvió más o menos a lo mismo, o peor: la transnacional privada convertida en “socia” se liberó de las obligaciones de explorar y se limitó a cumplir con los contratos de exportación mientras que el Gobierno de Evo Morales decidió “aprovechar el gas” apuntalando su proyecto populista con miles de pequeñas inversiones a lo largo y ancho del país, de poca productividad pero mucha rentabilidad electoral.

La época de los grandes precios internacionales entre 2012 y 2015, que dejó grandes recursos en el TGN debió ser aprovechada para completar la industrialización del Mutún, del litio y del propio gas, pero apenas se logró avanzar en la cadena para el aporte agrícola con las plantas de urea y amoniaco de Bulo Bulo, mientras que se quedaba paralizada la cadena de los plásticos que debía completarse con la petroquímica de polipropileno y etano en el Gan Chaco, pero que se quedó apenas en la planta separadora.

El asunto ha pasado a ser dramático -al menos hasta que se asuma el fracking - porque no hay nuevas reservas y por ende, tampoco nuevos proyectos ni nuevos mercados, pero sigue habiendo una buena cantidad de gas que utilizar… que se sigue exportando.

Hay quien ya ha decidido cruzarse de brazos y ver pasar la última oportunidad que la comunidad internacional le ha dado al gas en el marco de las prohibiciones de uso en la lucha contra el cambio climático, pero todavía hay tiempo para hacer algo útil con nuestro gas, para convertirlo en emblema de una transición rápida hacia la modernidad del Vivir Bien. Basta con repasar los datos de la planta de urea los pocos meses que ha podido funcionar con regularidad y son más que elocuentes para evidenciar que ese sí era el camino. Ojalá también en Tarija seamos capaces de entender lo que viene.


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