Un plan hidrológico para aprovechar el agro

Tarija necesita dotarse de un Plan actualizado, que tenga en cuenta las condiciones presentes y que también contemple los rigores del cambio climático para proyectarse sólidamente hacia el futuro

Las alarmas ya han saltado. Estamos a finales de septiembre y las lluvias se hacen esperar, lo cual son malas noticias para prácticamente todo el territorio tarijeño y todos los productores desde Iscayachi hasta Ibibobo y de Naranjitos a Culpina. Después de tantos años de inversiones y programas, nuestro agro sigue dependiendo esencialmente de lo que llueva, y eso últimamente son muy malas noticias. Y serán peores.

Ni el programa Mi Agua, ni el programa Mi Riego, ni las diferentes inversiones del Prosol desde que mutó a un programa comunal han logrado paliar la sequía

Con diferentes nombres y versiones, son docenas de millones de bolivianos en proyectos de agua que se han invertido en el territorio a fin de lograr no solo el abastecimiento de uso humano, sino la soberanía alimentaria, uno de los asuntos que quita el sueño a medio mundo en estos tiempos, sin embargo, los resultados no son satisfactorios.

Ni el programa Mi Agua, ni el programa Mi Riego, ni las diferentes inversiones del Prosol desde que mutó a un programa comunal y ya no individual, ni tampoco las muchas inversiones impulsadas desde los diferentes niveles de gobierno están logrando paliar la situación de sequía, que evidentemente tiene que ver con el galopante cambio climático en el que nos sumergimos.

No es difícil encontrar los motivos del fracaso, y no es solo por la corrupción que normalmente planea sobre estos proyectos en su origen más indetectable, que es el de la adjudicación a dedo a precios desorbitados. También influye de manera importante la dimensión de los proyectos, normalmente porque son demasiado pequeños para la titánica misión que pretenden cubrir.

Recorrer la zona alta es encadenar una sucesión de atajados y balsas de lluvia mal planificadas e inconexas que apenas logran almacenar agua para unos meses, en ocasiones incluso desconectadas de los canales de riego; en el Chaco se lamentan demasiado a menudo sobre la dimensión de los pozos y el nulo mantenimiento, o del colapso de las antiguas infraestructuras que siempre hicieron de almacén natural de agua y que ahora se han colmatado a la vista de todo el mundo; en el valle central también preocupan los volúmenes y las redes de distribución. Proyect os locales con problemas locales para los que no hay una atención pertinente, en ocasiones porque es imposible.

Tarija necesita dotarse de un Plan Hidrológico Departamental actualizado, que tenga en cuenta las condiciones presentes y que también contemple los rigores del cambio climático, pues la adaptación es lo principal y nadie debería pretender sembrar ahora cultivos que requieran grandes cantidades de agua; es necesario tener claro el mapa geológico e hídrico y a partir de ahí, planificar el desarrollo agrícola de la región, combinando el conocimiento ancestral con las posibilidades tecnológicas del presente. Y el tiempo de hacerlo es ahora, porque se acaba. Ojalá la Asamblea Legislativa y las autoridades designadas por Ley pongan atención lo antes posible en esta urgencia para garantizar un apoyo al agro eficiente y efectiva, y no solo un reparto equitativo que apenas dilapida los pocos recursos que nos quedan.


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