Tarija y el tren metropolitano (de Cochabamba)

El departamento ha sido la billetera del país, pero nunca jamás se ha implementado un proyecto que haga de eje vertebrador, o que solucione alguno de los problemas principales

Cochabamba llega a su día y lo hace realmente a lo grande; inaugura una línea de tren metropolitano que ciertamente le ha costado sangre, sudor y lágrimas, y que probablemente tenga un origen “compensatorio” ante la magnanimidad del Teleférico implementado en La Paz con recursos de todo el país, pero no por ello no deja de ser un proyecto ambicioso con intención de convertirlo en seña e identidad y que debería contribuir a mejorar el sistema de transporte en una ciudad que, sin ser la más desquiciada del país, va por el camino.

Desde Tarija, evidentemente, se mira el proyecto con cierta envidia. El departamento ha sido la billetera del país durante los últimos quince años y de sus entrañas se han extraído una enorme cantidad de recursos, pero nunca jamás se ha implementado un proyecto que haga de eje vertebrador, o que solucione alguno de los problemas principales. Ni siquiera se ha podido construir con apoyo estatal una triste planta de tratamiento de aguas residuales que devuelva la dignidad a los vecinos y cuide el río Guadalquivir, de momento o único que tiene características de conjunto.ç

Hay quien imagina un tren metropolitano de Tomatitas al Portillo pasando por el Campesino, por la avenida Panamericana con sus universidades, el aeropuerto y sobre todo, la terminal de buses a la que cuesta un dolor llegar

Lo cierto es que hoy por hoy, después de tantas decepciones y demasiados meses hablando de crisis y más crisis, cualquier proyecto de futuro de grandes dimensiones es simplemente una ilusión inalcanzable, más si no se refiere a lo netamente productivo.

A nadie se le escapa que un tren metropolitano tiene poco de productivo, al igual que el propio teleférico, aunque es indudable que ha movido la economía durante su construcción y que sí tiene beneficios indirectos, sobre todo en ciudades caóticas, ya que debería servir para organizar el tráfico diario, desatascar trancaderas y dinamizar algunas zonas. A la larga el objetivo es que menos autos particulares se muevan en la ciudad y se ahorre combustible, que en Bolivia es sinónimo de ahorrar subvención.

No es que Tarija no haya tenido proyectos que intentaron vertebrar y dinamizar, aunque algunos creyeron que construir un puente caro en medio de otros dos consolidados era una buena idea para modernizar la ciudad. Con el MAS de Lino se “soñaba” con la “Avenida Ecológica”, una Circunvalación más allá de la segunda circunvalación que se licitó sin éxito dos veces, pero que mientras tanto, algunos hicieron negocio loteándose los predios y vendiendo terrenos en los confines de la ciudad, allá donde hoy hay que llevar los servicios básicos.

Antes, Mario Cossío había imaginado una Villa Olímpica con infraestructuras enormes que atrajera eventos importantes y pusiera a Tarija en el mapa del deporte continental, pero que sobre todo sirvió para urbanizar y lotear Miraflores, San Blas, San Jacinto y más allá entre escándalos de corrupción casi en cada licitación de unas obras que en quince años aun están en veremos si sirven.

Entre las propuestas de estos días, hay quien imagina un tren metropolitano de Tomatitas al Portillo pasando por el Campesino, por la avenida Panamericana con sus universidades, el aeropuerto y sobre todo, la terminal de buses a la que cuesta un dolor llegar. Un tren sobre el que habría que organizar el resto del transporte, diseñando nuevas rutas y nuevos usos y que permitiera a la ciudad recuperar parte de su estatus de ciudad limpia y confortable.

Hoy toca felicitar a los cochabambinos en su efeméride, pero es también un día para que todos reflexionemos sobre la urgencia y la necesidad, sin dejar de soñar, porque no es verdad que unos lo merezcan más que otros.


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