Atender el suicidio
Estamos ante un problema global y multifactorial pero que se da prácticamente en todo el mundo y en todas las culturas y que no sirve ocultar: hay que enfrentarlo
Este 10 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Prevención del Suicidio, uno de los grandes flagelos del siglo XXI y que es, en muchos países occidentales, la primera causa de muerte no natural en la población en general e incluso, la primera a todos los niveles entre la población joven, por encima de los accidentes de tráfico.
El suicidio es un evento que afecta de manera global a las familias, a las comunidades y a los países. A nivel mundial se suicidan cada año casi un millón de personas, lo que equivale a una persona cada 40 segundos. Además, por cada muerte por suicidio se estima que hay 20 intentos.
Hablar del suicidio es necesario en tanto que su desaparición de las estadísticas y su tabú autoimpuesto en las redacciones ha hecho que no se tomen las medidas preventivas oportunas
El suicidio es un problema complejo en el que intervienen todo tipo de factores: psicológicos, ambientales, sociales y biológicos. Se han determinado algunas causas que influyen en las conductas suicidas:
En los niños y adolescentes, influyen especialmente factores como la historia psiquiátrica familiar, enfermedades mentales, la pérdida de un ser querido, la depresión, aislamiento social, abuso de drogas y alcohol.
Para las mujeres y hombres, suponen un factor muy importante las relaciones con otras personas, la violencia doméstica o el estrés en el ámbito de la familia, aunado a las enfermedades mentales, abuso de alcohol y drogas, entornos familiares problemáticos.
Los estudios señalan que en el grupo de edad de las personas mayores cuentan especialmente factores como la depresión, el dolor físico a causa de una enfermedad, el aislamiento social y familiar.
No obstante, cada persona vive un universo concreto que habría que analizar, para determinar cómo ayudarle a superar la etapa por la que está pasando y evitar las conductas suicidas.
Durante años se ha debatido como enfrentar el suicidio como un problema de salud pública. El riesgo era el evidente, campañas sostenidas podían contribuir precisamente a presentarlo como una salida posible a cualquier problema. Lo mismo se debate cada día en las redacciones dado el posible efecto llamada que generan noticias de esa naturaleza.
Hoy por hoy se entiende que estamos ante un problema global y multifactorial pero que se da prácticamente en todo el mundo y en todas las culturas. Con sus excepciones estadísticas, nadie está exento de buscar esa salida.
En ello, el paradigma viene cambiando. Hablar del suicidio es necesario en tanto que su desaparición de las estadísticas y su tabú autoimpuesto en las redacciones ha hecho que no se tomen las medidas preventivas oportunas y que, además, los gobiernos no dediquen recursos suficientes al tema empujándolo al ámbito de lo privado.
Son varias causas, muchas de ellas sociales y ambientales, las que están generando problemas, trastornos y otros derivados que complican la salud mental en todos los países y entre todas las clases.
Urge que el ir al psicólogo no sea una excepción ni un estigma. Urge que todos nos preocupemos por la salud mental, pues detrás de las cifras están hermanos, padres, parejas o hijos. Hay que enfrentar el drama.


