Actualizar el plan de hidrocarburos
La industrialización ya no parece viable, sobre todo si el negocio petrolero tiene que seguir sustentando la política populista de los gobiernos a todos los niveles
Cerrado – o casi cerrado – el asunto de la actualización del factor de distribución entre muchísimas dudas procedimentales que ninguno de los equipos técnicos parece dispuesto a explicar, toca concentrarse en el qué vendrá, pues efectivamente Tarija sigue dependiendo de sus hidrocarburos y las inversiones han ido en declive.
Los expertos siguen considerando el subandino sur el territorio más rico en gas y petróleo del país, sin embargo, San Alberto no aguanta más y San Antonio hace tiempo que dejó atrás su punto de inflexión, lo mismo que Margarita.
Desde entonces, salvo algunos campos menores y antiguos en zonas tradicionales, los esfuerzos se cuentan por fracasos.
En fracaso culminó el pozo más profundo del país y del continente, el Boyuy X2, que obligó a desplegar la perforadora a su máxima extensión para llegar a los 8.000 metros bajo tierra donde encontró gas, claro, pero en tan mínimas cantidades y presiones que resultó improductivo. La obra la hizo Repsol y la “proeza” de bajar hasta ahí la exigió el Ministerio de Hidrocarburos que no quiso conformarse con el informe que decía que no había nada a la profundidad que se estimaba. Hoy algunos revisionistas insisten en que ese proyecto sirvió para conocer de verdad la profundidad del reservorio Huamapampa, el del “mar de gas”, aunque otros señalan que solo se pretende justificar el pago de la factura que no debió ser.
También hubo problemas en Huacareta, donde el pozo Jaguar X6 fue abandonado sin dar mayores explicaciones técnicas durante el gobierno de Jeanine Áñez pero que ya había dado síntomas de fracaso anteriormente. El fracaso fue duro, pues la propia Shell había hablado de un área con hasta 12 trillones de pies cúbicos (12 veces más que Margarita) en una zona con mucho potencial al ser paralela a Caipipendi, hasta ahora la más productiva de la historia del país. Shell busca ahora al extremo norte, en Chuquisaca, aunque en esto, de campos compartidos, aún no se habla.
Hay otra área al sur de Margarita también reservada para Repsol y que ya fue estudiada por PDVSA que tiene potencial gasífero, aunque sin empezar operaciones. Todo lo demás es conocido.
Petrobras ya ha empezado operaciones en Astillero, una vez burocráticamente sacada del núcleo de la Reserva Natural de Tariquía, mientras se espera que nadie mueva ficha en San Telmo, que sí atraviesa la totalidad de la Reserva.
Después hay algunas intenciones de iniciar la recuperación secundaria en campos viejos y abandonados – probablemente con técnicas de fractura hidráulica – para lo que Bermejo, Sanandita y todo el Aguaragüe son candidatas a ser estudiadas y reabiertas.
El futuro de verdad pasaba por la industrialización del gas en forma de plástico, pero los plazos se han dilatado tanto desde 2014 que se han consumido prácticamente las reservas y la inversión ya no parece viable, sobre todo si el negocio petrolero tiene que seguir sustentando la política populista de los gobiernos a todos los niveles.
Es necesario acordar un modelo e implementarlo, ponderar todos los riesgos y asumir los que sean asumibles. Al gas natural le quedan unos 30 años de apogeo, dicen los expertos, antes de que el cambio climático exija de verdad nuevas formas de hacer energía más limpia. De momento todo apunta a que en Bolivia nos quedaremos sentados a ver qué pasa.
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