Elecciones en la UAJMS: Elegir al menos peor
La nueva generación de estudiantes ha aprendido a valorar su tiempo y su aprendizaje en su casa y requiere una universidad que sus jerarcas, complotados, corriendo en la misma rosca, probablemente no son capaces de entender
Estudiantes y docentes de la Universidad Juan Misael Saracho están hoy llamados a participar de una elección en segunda vuelta que marcará el futuro de la casa de estudios superiores tarijeña en los próximos cuatro años que se antojan vitales dado el estado calamitoso en que se encuentra y a donde la han llevado entre unos y otros, porque sí, es probable que no resista muchos más embates.
La Universidad Juan Misael Saracho ha ido perdiendo matriculados año tras año para gozo de las universidades privadas; y es que demasiadas familias han tenido que sacrificar más recursos económicos para garantizar que al menos la inversión de hacer estudiar a un hijo tuviera sentido. El prestigio de la UAJMS se va cayendo a pedazos desde hace demasiados años, año tras año, gracias a sus innumerables conflictos, pero también a las numerosas vergüenzas que cada año salen a la luz.
El duelo de la segunda vuelta es entre dos viejos conocidos que ya han combatido en varias ocasiones.
De un lado, Eduardo Cortez, un académico que ha ocupado innumerables cargos en el esquema universitario nacional, incluyendo el propio rectorado, la CEUB y también el Viceministerio de Educación y al que básicamente se le relaciona con los viejos dinosaurios de la universidad – Carlos Cabrera, Marcelo Hoyos – y al que se vincula al MAS. Accede a la segunda vuelta después de haber logrado un insuficiente 41%, que siendo mayoría, está lejos del absolutismo.
Del otro está Gonzalo Gandarillas, el último Rector electo entre polémicas y a quien ostentar el poder apenas le ha dejado un 25% de apoyo en primera vuelta. Gandarillas llegó al cargo prometiendo cambiarlo todo y no pudo ni con las roscas ni con las viejas mañas, a las que se sumó. Acostumbrado a amenazar a quienes piensan diferente o no se someten, aparentemente representa al “antimasismo”, aunque los problemas financieros le han hecho agachar la cabeza más de una vez.
Probablemente estamos ante un empate técnico en intención de votos por aquello de la simplificación del voto, pues ni uno ni otro han entrado al fondo de los problemas de la Universidad, y al final, la diferencia tiene más que ver con los talantes que con las promesas, pues las “palabras bonitas” se las lleva el viento.
Quizá lo que más defina el sentimiento de la Universidad en estos momentos es la votación que obtuvo Marlene Simmons sin apoyo docente; un 25% no por ser mujer sino por ser la única novedad en estas lides que desde hace demasiado tiempo se ventilan entre los mismos. Con todo, le faltaron décimas y la batalla será de nuevo entre los mismos.
Los tiempos cambian y el hartazgo existe. La nueva generación de estudiantes es también la más tecnológica y una que ha padecido los rigores del desdén en estos dos años de pandemia. Una generación que ha aprendido a valorar su tiempo y su aprendizaje en su casa y a la que seguramente no se conquistará con palabrería, sino con hechos. Una generación más capaz de exigir y denunciar por otras vías. Una generación que requiere una universidad que sus jerarcas, complotados, corriendo en la misma rosca, probablemente no son capaces de entender y mucho menos de ofrecer.
La UAJMS necesita una profunda renovación y ninguno de los candidatos parece idóneo para llevarla adelante. En esas solo cabe esperar que la jornada transcurra en paz y que gane el que los universitarios consideren el menos peor. Se vienen años cruciales para una institución demasiado importante como para morir.
Destacado.- La UAJMS necesita una profunda renovación y ninguno de los candidatos parece idóneo para llevarla adelante


