Aprender de lo vivido
El reto en lo personal y en lo departamental es grande. Debe quedar claro que aún hay muchos sueños que alcanzar y muchos retos que cumplir.
Tiempos de paz y amor se vivieron en Navidad, esa paz tan buscada y necesaria. Seguramente para muchos la fecha se hizo dolorosa tanto por las pérdidas humanas como por las económicas. Pero es fundamental que aprendamos de lo vivido, de la experiencia y saquemos la fuerza necesaria.
Este año ha desarrollado en nosotros muchas herramientas muy útiles de supervivencia y de adaptación. Hemos desarrollado la resiliencia, tan necesaria para sobreponernos frente a la adversidad, que hará que nos enfrentemos al siguiente año con más fortaleza.
Ante situaciones que han causado dolor o sufrimiento, como la pérdida de algún ser querido o la separación prolongada de la familia o amigos, es clave no reprimir los sentimientos. No está mal extrañar, llorar, sentirse tristes o perdidos.
Será importante reconocer las fuentes de la tristeza, la incomodidad o el miedo, esto ayuda a entenderlos mejor y a comprendernos nosotros mismos.
No dejemos que la incertidumbre nos quite las metas y sueños. Si bien este año nos hizo cambiar los planes o, simplemente, desecharlos por completo, establecer nuevos propósitos y avocarse a perseguirlos con esfuerzo y utilizando las propias capacidades siempre es una práctica positiva y que da resultados.
Hacer un examen de los puntos fuertes y de las nuevas capacidades adquiridas, así como entender el nuevo entorno, es un gran primer paso. El segundo, ponerse manos a la obra.
“Nos hemos vuelto más sensibles al sufrimiento, tal vez porque hemos sido testigos cercanos a este o porque nos tocó directamente”, afirman los expertos.
Esto nos recuerda que no estamos solos y que debemos ayudarnos unos a otros. Nos encontrábamos en un entorno muy materialista y egoísta, que tenía como valores importantes el éxito, la riqueza, el aplauso. Ahora nos damos cuenta de que nuestra esencia es la empatía, compasión hacia lo demás, la bondad.
Empecemos siendo comprensivos y tolerantes en nuestro hogar y con nuestra familia. Es importante ponerse en el lugar de los de los otros, buscar comprender su sufrimiento y estar presentes, cuidarnos mucho para poder cuidar de los demás.
Trabajar las emociones de manera positiva, establecer metas alcanzables que nos hagan sentir realizados, y ponernos en los zapatos de los demás son grandes propósitos para recibir un nuevo año donde aplicar todo lo aprendido en este 2020, que está pocos días de terminar.
Pero más allá de lo personal, la pandemia también nos pone de reto el comenzar a revalorar y repensar el derecho a la salud y el sistema que está llamado a protegerle, así como una necesaria red de apoyo social para los adultos mayores.
La situación económica nos convoca a discutir la economía departamental y la necesaria priorización de sectores e industrias verdaderamente productivos, tanto en cantidad y calidad del empleo, así como el incentivo para promover empresas brinden innovaciones tecnológicas que den valor agregado a los servicios y bienes que producen.
La dependencia económica de solo un sector es una mala apuesta. El reto en lo personal y en lo departamental es grande. Debe quedar claro que aún hay muchos sueños que alcanzar y muchos retos que cumplir.


