La tierra tiene música para quienes saben escuchar

Hermano, hermana… detente un momento.

Cierra los ojos. Respira.

¿Puedes oírla?

La tierra habla. Siempre ha hablado.

Lo hace en el crujir de las ramas cuando el viento las dobla sin romperlas. En el murmullo del río que no descansa, pero tampoco se apresura. En el ritmo profundo del tambor que late bajo tus pies cada vez que caminas sobre ella.

Pero el mundo te enseñó a escuchar solo lo que hace ruido.

Te llenaron los oídos de prisa, de alarmas, de voces que gritan y exigen. Y en ese estruendo, perdiste algo sagrado: tu capacidad de escuchar lo que no se dice con palabras.

Los antiguos lo sabían. El chamán no buscaba respuestas en libros ni en templos de piedra. Se sentaba sobre la Pachamama, ponía las manos en la tierra húmeda, y esperaba. Porque sabía que la tierra no grita sus verdades… las susurra.

Hermano, hermana: la tierra tiene una canción para ti. Una melodía que fue tejida con tu nombre desde antes de que nacieras. Pero esa canción no la escucharás mientras estés en guerra con el silencio.

Aprende a detenerte.

Aprende a bajar el ritmo.

Aprende a escuchar con el cuerpo entero, no solo con los oídos.

Porque el Gran Espíritu no siempre habla con truenos.

A veces habla con el sonido de la lluvia cayendo sobre las hojas.

A veces habla con el silencio entre dos respiraciones.

A veces habla a través de ti, cuando por fin te callas lo suficiente para oírte.

La tierra no dejará de cantar.

La pregunta es: ¿cuándo vas a escucharla?


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