Escalada del dólar pone en jaque el poder adquisitivo del boliviano
Economistas advierten que la pérdida de poder adquisitivo se acelerará debido al encarecimiento de insumos importados, alimentos y medicamentos, ajustando cada vez los gastos en los hogares
La implementación del tipo de cambio flexible en Bolivia ha reconfigurado el escenario económico del país. El dólar oficial saltó de Bs 9,73 a Bs 10,40 en apenas dos semanas, y el paralelo ronda los Bs 11. Los hogares y empresas sienten el zarpazo en sus bolsillos. Economistas coinciden al afirmar que la moneda local perdió poder adquisitivo y que el futuro estará lleno de obstáculos para evitar una inflación elevada.
En entrevista con El País, Fernando Romero, secretario de Economía de la Gobernación de Tarija y economista de larga trayectoria, no oculta su preocupación pero traza posibles rutas de contención.
“El poder adquisitivo ya venía golpeado; ahora el riesgo es que se acelere. El tipo de cambio flexible no es la causa del problema, sino el espejo de desequilibrios que ya estaban ahí: reservas internacionales líquidas por apenas USD 679 millones, un déficit fiscal persistente y una oferta de divisas que no alcanza”, menciona
Advierte que el nuevo régimen cambiario profundiza la pérdida del poder adquisitivo si el traslado a precios se hace sostenido. “En dos semanas el dólar subió casi 7%. Eso se reflejará en alimentos importados, medicamentos, repuestos, materiales de construcción y hasta en insumos para la agricultura. Cada vez que un empresario reponga su inventario, el costo será mayor. Y eso, tarde o temprano, llega al consumidor”, explica.
El funcionario detalla que el efecto inflacionario no es inmediato —por los inventarios previos—, pero sí progresivo. “Lo que ya vemos es una especulación que anticipa subidas, y eso distorsiona la formación de precios. El factor expectativa juega un papel clave”, añade.
Para el economista Jaime Dunn, la devaluación refleja el grado de confianza que se tiene en la economía.
Sin embargo, considera necesario haber ejecutado el tipo de cambio flexible del dólar para sincerar la economía.
“Pero para haber tomado esta decisión era necesario primero tener los cimientos en la economía nacional, como Reservas Internacionales suficientes, tener independencia del Banco Central de Bolivia, tener soporte al tipo de cambio y me parece que eso recién se está construyendo”, expuso.
Menos comida, más incertidumbre
Para las familias tarijeñas, el panorama es sombrío. Romero señala que los bienes de la canasta básica que dependen de insumos importados —como aceites, harinas, conservas o medicamentos— sufrirán ajustes. “Quienes ganan sueldos fijos serán los más golpeados. Su ingreso real se encoge sin que puedan hacer nada”, lamenta.
Además, el encarecimiento del combustible, aunque subvencionado hasta enero de 2027, genera un efecto indirecto en el transporte y la logística. “El Estado absorbe el costo fiscal del subsidio, pero el transporte de mercaderías, que utiliza diésel, terminará trasladando parte de ese mayor costo a los precios finales”, advierte Romero.
En tanto, Dunn menciona que el país ya venía atravesando una devaluación que se da en dos etapas. La devaluación de hecho que se da durante el 2023 cuando se generan diversos tipos de cambio; y ahora se da la devaluación por derecho, cuando el Gobierno legitima el tipo de cambio flexible.
Empresas: entre la espada y la pared
Las empresas enfrentan un doble filo. Por un lado, los importadores y comerciantes ven cómo sus márgenes se comprimen ante el aumento del dólar. “Maquinaria, repuestos, agroquímicos, acero, botellas de vino importadas… todo sube. Las pymes, con poca capacidad financiera, son las más vulnerables”, subraya Romero.
Por otro lado, los exportadores —especialmente vitivinícolas y agroindustriales— podrían verse favorecidos al recibir más bolivianos por cada dólar generado. Pero el secretario matiza: “Esa ventaja se diluye si los costos internos suben más rápido que el tipo de cambio. No es una salvación automática; requiere eficiencia y control de costos”.
Tarija: un departamento con pies de barro
Romero pone el foco en la realidad local. Tarija depende del comercio, la agricultura, la vitivinicultura y los hidrocarburos. “El comercio formal sufrirá por la reposición más cara; la agricultura, por fertilizantes y maquinaria; la construcción, por acero y equipos; y la vitivinicultura, por insumos importados como corchos y botellas”, enumera.
En contraste, el sector exportador vitivinícola y algunas empresas de servicios a hidrocarburos podrían encontrar una oportunidad, aunque condicionada a que la inversión y producción repunten. “Pero la caída de las exportaciones de gas limita hoy ese potencial”, reconoce.
El plan de la Gobernación
Ante la crítica situación financiera de la Gobernación —con regalías e ingresos hidrocarburíferos en picada—, el Secretario de Economía adelanta las medidas que ya se están diseñando.
Revisión y priorización del gasto, concentrar recursos en salud, turismo, infraestructura estratégica y programas sociales. “No podemos hacer todo; hay que elegir lo urgente”, afirma.
Compras públicas inteligentes, consolidar adquisiciones y negociar contratos a mediano plazo para aislarse de futuros aumentos. Además, privilegiar proveedores nacionales siempre que sea viable.
Fortalecimiento de ingresos propios, mejorar la recaudación de tasas departamentales, optimizar activos y explorar alianzas público-privadas.
Presupuestos con escenarios múltiples, incorporar variables de inflación y tipo de cambio en la programación presupuestaria, y crear reservas para contingencias. “Una gestión preventiva y basada en riesgos nos permitirá amortiguar el impacto en las finanzas públicas”, subraya.
¿Hay luz al final del túnel?
Para Romero, el futuro inmediato es incierto. “Si las reservas no mejoran y el déficit fiscal no se corrige, veremos más inflación, más presión cambiaria y riesgo de recesión. Pero aún hay margen de acción: consolidar las finanzas, atraer inversión, recuperar el sector hidrocarburífero y mantener transparencia en el nuevo régimen cambiario”.
“El dólar flexible no es ni bueno ni malo en sí mismo. Dependerá de las políticas que lo acompañen. En Tarija, estamos trabajando para que el ajuste no recaiga sobre los más vulnerables. Pero necesitamos apoyo nacional y una inyección de divisas que estabilice el mercado. Sin eso, el boliviano seguirá deslizándose y el costo lo pagarán las familias”.





