La política como forma de supervivencia
Las hemerotecas son digitales y nadie tiene que ir a una biblioteca a desenterrar nada para mostrar esto o lo otro. Todo está a golpe de un solo click
Pasan los años, pasan las elecciones, pasan los recursos, y las caras no siempre pasan. Sobre todo en la oposición al MAS. Prácticamente en todo el país se sigue hablando de los mismos líderes y candidatos desde principios de siglo. Algunos empezaron demasiado jóvenes y ya parecen llevar una eternidad, otros realmente perdieron su oportunidad y otros se mantienen vigentes creyendo que el MAS es un accidente y que en algún momento, se les dará lo que les correspondía.
La forma de hacer política ha cambiado, el populismo se ha convertido en ciencia y quién más quién menos sabe las teclas que debe pulsar, aunque no las entienda. Hay algunos que sin embargo las subestiman, y en ese sentido, siguen haciendo política como años anteriores, donde se trataba de convencer en la distancia corta para que los mensajes salieran tal cual se deseaban.
Esas cosas ya no pasan. Las hemerotecas son digitales y nadie tiene que ir a una biblioteca a desenterrar nada para mostrar esto o lo otro. Todo está a golpe de un solo click. Los políticos impulsaron las redes sociales creyendo que así sortearían a la prensa inclemente que no podían someter, asegurando que así sus mensajes llegarían sin intermediarios y que mostrarían exactamente lo que quieren mostrar. Eso suele pasar porque los políticos suelen pensar que el pueblo, por lo general, es ignorante, y basta con una campaña colorida y algunas apelaciones a la Fe para que todos crean.
Cada tanto aparece un fenómeno que dice ser renovador, pero suele acabar sometido con las reglas de la misma política
En Tarija están sucediendo estas cosas delante de todos. Candidatos que se presentan como la renovación después de tres décadas en el poder; candidatos que se acusan de ser dueños del dedo mientras presionan tras bambalinas; candidatos que arman equipos plurinacionales para la campaña y no para la gestión; candidatos que dicen saber cómo se hacen las cosas; candidatos que dicen ser muy demócratas.
Cada tanto aparece un fenómeno que dice ser renovador, pero suele acabar sometido con las reglas de la misma política. Creemos es la última “víctima”, por el momento. Surgido desde sectores abiertamente de ultraderecha, se tuvo que reformar para tener proyección nacional, que fue un estrepitoso fracaso. Una vez replegado en Santa Cruz, la batalla por el poder se ha vuelto de verdad aritmética y ha acabado pactando con Demócratas, ese partido que simbolizaba todo lo que decían que querían cambiar.
El propio Movimiento Al Socialismo está mostrando taras de partido tradicional, colmado de gente interesada más en permanecer en el poder que en hacer la revolución. Nacido como Instrumento y convertido en poderosa maquinaria electoral durante el Gobierno de Evo Morales, le está costando adecuarse a los mecanismos democráticos, y peor con la altura moral que desde los sectores intelectuales indígenas se le exigen.
2020 ha sido un año diferente, en el que todos los ciudadanos del mundo hemos aprendido a ver las cosas desde otro prisma, desde otro espacio vital. Veremos cuanto de eso que se ha aprendido se aplica a la política nacional.


