Los hidrocarburos y la inacción del Gobierno

La falta de reservas, el cierre de mercados y los retrasos de la industrialización ya acogotaban al Gobierno antes de Jeanine Áñez, pero la falta de horizonte y decisiones concretas sigue afectando al país

Luis Arce acaba de cumplir un mes oficialmente en el Gobierno de Bolivia y ya han pasado casi dos desde que ganó las elecciones el 18 de octubre de 2020. Normalmente los Gobiernos se toman cien días para acomodarse en el poder y tomar sus primeras decisiones de fondo, aunque dado el calado de la crisis y el profundo conocimiento de la estructura económica del Estado que ha manejado durante 14 años, se esperaba sin duda una mayor celeridad con la Gaceta Oficial del Estado para cursar un plan de choque que realmente atendiera las urgencias estructurales, básicamente el empleo.

De entre todas estas urgencias, preocupa la inacción en el sector hidrocarburos, no solo por la falta de presentación de proyectos, sino también por depurar las responsabilidades del exministro Víctor Hugo Zamora, o mínimamente, presentar los asuntos que aún se mantienen “secretos”, como la adenda VIII al contrato de exportación con Brasil y que ha hecho que el citado abandone el país.

El mercado del petróleo está revuelto, pero menos que hace un lustro. Los precios, simplemente, se mantendrán bajos porque la recesión mundial producto del Covid es un hecho y los productores de la OPEP no están dispuestos a seguir conteniendo su producción mientras el resto de los países productores no agremiados la siguen expandiendo. El lobby petróleo produce el 30% de la producción mundial de petróleo al día, y aunque sigue teniendo la capacidad de influir en el mercado, su estrategia fracasa.

Para Bolivia y para Tarija es una mala noticia en términos de ingresos por regalías y una gran oportunidad en términos de posibilidades de inversión. El Ministerio de Economía, sin embargo, se dedica a sostener la mirada sin punto fijo.

El anexo VIII con Brasil le permitió al país vecino ahorrarse unos 50 millones de dólares al año modificando el acuerdo sobre el transporte del gas, que era esencial, además de rebajar la compra/entrega de volúmenes obligatorios, eso más como resultado de los fracasos exploratorios, mientras se mantuvo el precio ligado al WTI.

El Ministerio debe aclarar si va a apostar por el shale gas – fracking – y continuar con la incursión en áreas protegidas, o si va a insistir en la exploración tradicional

En puertas está también el fin del anexo por dos años firmado con Argentina por el exministro Luis Sánchez, que también redujo en mucho la compra de volúmenes obligatorios y modificó el cálculo de los precios, ligándolo al precio del GNL.

Para el problema de la exploración, el Ministerio debe aclarar si va a apostar por el shale gas – fracking – y continuar con la incursión en áreas protegidas, o si va a insistir en la exploración tradicional al menos utilizando a YPFB.

Y finalmente, el Ministerio debe dar señales claras sobre lo que pretende hacer con la industrialización, particularmente con las promesas del Chaco y la planta de propileno y etileno, que se salvó de milagro en el Gobierno de Jeanine Áñez.

Todos estos interrogantes ya acogotaban al Ministerio de Hidrocarburos antes de Jeanine Áñez y nunca hubo respuestas claras más allá de eslóganes hablando del “corazón energético” de Sudamérica o del “mar de gas”, sin embargo, la inacción nos ha dejado sin margen al comienzo de una recesión que se prevé más dura de lo habitual en Bolivia.

Aun así, hay tiempo y recursos para enfrentar el futuro, pero es necesario tomar decisiones y no seguir camuflando intenciones y articulando discursos alrededor de cálculos políticos.


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