Las fronteras, el contrabando y la industria nacional
La vieja receta de inyectar recursos al mercado informal sin garantizar ni fortalecer al emprendedor formal ni al trabajador cualificado, cuyas empresas y puestos de trabajo penden de un hilo, no garantiza una salida a la crisis
Después de muchos meses de cierre, Argentina y Bolivia decidieron reabrir la frontera desde el 15 de diciembre. Para ello se va a elaborar un cuidadoso protocolo de bioseguridad del que hay pocas pistas, salvo que se concentrará en el Covid, aunque la mayor amenaza probablemente no sea el virus.
La decisión llega en un momento en el que en todo el mundo se habla de rebrote del Covid, justo cuando se marcan máximos en el continente. Argentina es el noveno país del mundo en número total de casos confirmados, con casi millón y medio de test positivos, y el undécimo por número de muertos, con casi 40.000. En términos de impacto por millón de habitantes, con sus 40, está entre los de peor desempeño.
Por el contrario, en Bolivia hace tiempo que no se hacen test PCR a demanda, por lo que el reporte de casos positivos es poco creíble, pero sí es cierto que no existen colapsos en cementerios y hospitales como sucedió en los meses de julio y agosto, cuando se pasó lo peor de la crisis de la pandemia.
La medida en sí es más simbólica que real, pues contempla el reinicio del flujo de turistas y “comerciantes”, pues nunca se ha detenido la internación de mercadería legal y menos el contrabando
La medida en sí es más simbólica que real, pues contempla el reinicio del flujo de turistas y “comerciantes”, pues en teoría nunca se ha detenido la internación de mercadería regular importada legalmente, y en la práctica, tampoco se ha controlado el contrabando desaforado por la infinidad de pasos ilegales que existen tanto en Bermejo como en Padcaya y el Gran Chaco.
Falta por conocer qué se pedirá para permitir el paso entre ambos países teniendo en cuenta que la vacuna todavía no existe. En algunos países se ha exigido la prueba PCR negativa con validez reducida y visada por los consulados respectivos, una medida pensada obviamente para los turistas de avión y alto poder adquisitivo, que no tiene nada que ver con el turismo que comparten Bolivia y Argentina, que o es familiar o es de aventura pura y dura.
Con las fronteras reabiertas, hay que poner atención al rebrote, pero sobre todo, a la invasión de productos de contrabando, que con más fuerza que nunca volverán a invadir los mercados y ferias simplemente porque mucha más gente se dispondrá a esa actividad.
En Bolivia, la crisis ha destruido muchos puestos de trabajo formales y ha reducido el gasto de las familias y la inversión, el resultado es una avalancha de personas dedicadas a la actividad informal con la que pueda sacar para comer lo del día. Meter mercadería argentina, más después de la enésima devaluación, es uno de esos mil caminos que los bolivianos sabemos tomar para sobrevivir cuando el hambre aprieta.
Se equivoca el Gobierno cuando pide de buena fe “comprar boliviano” mientras se olvida de tomar medidas concretas para evitar que su Bono del Hambre se vaya precisamente al contrabando. Se equivoca cuando aplica la misma vieja receta de inyectar recursos al mercado informal sin garantizar ni fortalecer al emprendedor formal ni al trabajador cualificado, cuyas empresas y puestos de trabajo penden de un hilo.
El Gobierno está a tiempo de rectificar y repasar sus propias recetas anticrisis, que no se resolverá mientras no se apuntale de verdad la producción nacional, en todas sus aristas.


