Navidad a la sombra de la pandemia
Hoy más que nunca debemos ser conscientes de que el despertar de la economía será gradual y asimétrico y quizás nos lleve mucho tiempo el volver a levantar la cabeza. Por lo tanto será un período de presupuestos ajustados y dificultades para poner comida sobre la mesa
Falta un mes para que llegue aquella fecha que año tras año es esperada por muchos, los comercios tímidamente se visten de fiesta y con ello los artículos de navidad se escurren en las galerías.
Sin embargo, la crisis económica se respira en cada esquina, con ello la tristeza y el miedo por la pandemia siguen instalados. Es verdad lo que dicen muchos, esta Navidad será muy triste. Muchos han perdido a sus seres queridos, otros se quedaron desempleados.
Seguramente muchas empresas adeudan sueldos y con mucha dificultad pagarán aguinaldos, para quienes tendrán la dicha de tenerlos. Pero hoy más que nunca debemos ser conscientes de que el despertar de la economía será gradual y asimétrico y quizás nos lleve mucho tiempo el volver a levantar la cabeza.
Por lo tanto será un período de presupuestos ajustados y dificultades para poner comida sobre la mesa. Éste es el efecto de la recesión pandémica por el coronavirus que agrava las desigualdades entre ricos y pobres.
En ese marco será fundamental que rescatemos el verdadero espíritu de la época, que disfrutemos el poder estar juntos aunque pocos, que dejemos de lado la preocupación por los regalos, que nos pongamos como meta ayudar al prójimo para que pueda llevar a sus hijos algún alimento por lo menos en esas fechas.
Será también fundamental que dejemos la vanidad de lado, que le bajemos un tono a las redes sociales, donde no faltarán quienes muestren exquisitos manjares o grandiosos regalos.
Es en este contexto económico en el que nos llega esta época que sumada al dolor y el miedo debe servirnos para reflexionar sobre lo que tenemos y ayudar a quien se pueda
Las calles tarijeñas se han llenado de comerciantes informales, con agravantes como la edad, sus enfermedades o su difícil situación económica social. A cada paso que damos nos tropezamos con esta dura realidad, sumado a ello hay más niños vendiendo dulces, limpiando autos u ofreciendo cualquier artículo de limpieza. La crisis se respira.
La pandemia de la COVID-19 se hizo presente en Bolivia durante la segunda quincena de marzo y, sin lugar a dudas, “pasará a la historia socioeconómica de Bolivia como el hecho que marcó un cambio de ciclo económico”, aseguran los expertos.
Todas las economías del mundo experimentan cambios de ciclo, que es parte de su funcionamiento natural. Sin embargo, de acuerdo a los economistas, los ciclos económicos en Bolivia, tienen una característica particular: son ciclos muy marcados tanto cuando son expansivos como cuando son recesivos.
Primero, porque se espera un efecto importante sobre el capital humano, de la disminución de la actividad económica. Tanto su intensidad de uso (empleo) y su retorno (salarios), se verán negativamente afectados, desacelerando así la demanda interna.
Segundo, porque se avecina un shock externo, producto de la caída de los volúmenes de exportación de gas, que podría, en el mediano plazo, estar acompañado de una crisis de balanza de pagos, al agotarse las reservas internacionales, necesarias para sustentar la política de tipo de cambio fijo.
Es en este contexto económico en el que nos llega esta época que sumada al dolor y el miedo debe servirnos para reflexionar sobre lo que tenemos y ayudar a quien se pueda.


